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El periodismo y lo verdaderamente importante

Formar parte del periodismo es tener la posibilidad de considerar y acercar una verdad cotidiana que a los ciudadanos les sea útil y necesaria para vivir en sociedad.

En una ocasión, Borges y Sábato sugirieron con sorna ante la ausencia de las noticias en su agenda de conversación con Bioy y Silvina Ocampo que sería mejor publicar un periódico cada año, o cada siglo, cuando suceda algo verdaderamente importante.
La intrascendencia de la noticia puede, en ocasiones, ser confundida con la trascendencia del periodista. Estamos llenos de noticias y contenidos en sí intrascendentes, que no trascienden el día, ni los diez minutos de publicación.

La noticia cotidiana, como cualquier contenido elaborado para participar de la discusión por la atención, si no se propaga -observa Henry Jenkins- desaparece, muere. La propagabilidad, observa este catedrático de la Universidad del Sur de California, no dependerá sólo del contenido en sí, de los rasgos que lo hagan “pegajoso”, sino del uso que las audiencias hagan del contenido. Dependen de las audiencias y cómo abrazan el contenido para hacerlo propio y ellas mismas difundirlo, multiplicarlo. 

Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares.

La noticia cotidiana, si no se propaga, desaparece, muere

Pablo Boczkowski habla de la rebelión de las audiencias y reclama que el periodismo deje de concebir a la audiencia desde su propia imagen, que se atreva a contar historias que vayan más allá del desapasionado relato de la realidad y que, incluso, fomente activamente la justicia social para recuperar al público y su confianza. Pero el periodismo, a diferencia de otros protagonistas de la discusión por la atención de las personas, no ha de tener de audiencia a la propia audiencia, al fandom (en la jerga de las
narrativas transmedia). Lo dijo recientemente Fernando Ruiz, otro gran estudioso del tema: “El periodismo tiene que poder llegar a las audiencias que son opuestas”.

Ocurre que la responsabilidad del periodismo no es entretener, no es vender, no es fidelizar una idea o una marca. Ni si quiera es exclusivamente conmover. El periodista no es uno más en la discusión por la atención, al menos cuando ejerce el periodismo. Se espera del periodismo que tenga siempre de columna vertebral a la verdad. La verdad, su búsqueda, el compromiso con ella, es el principio rector del periodismo. No se le exige eso a los artistas, a los políticos se les suele perdonar faltar a ella, y mucho más a los influencers; éstos pueden tener agenda propia de temas, guiones. Dialogan con la realidad, claro -como Borges mezclaba autores reales con ficticios-, pero sus relatos no tienen un compromiso con la verdad como sí lo tienen los periodísticos.

Se espera del periodismo que tenga siempre de columna vertebral a la verdad

Ahora bien, la verdad con la que confrontan a diario los periodistas no parece ser una de esas que pasen el filtro de Borges y Sábato. En ese contexto, la tentación por ceder el oficio del contenido a una inteligencia artificial, que como dice Harari tiene facultades no humanas desarrolladas al extremo como la conectividad y la capacidad de actualización, es muy fuerte. No tan solo de parte del empresario de medios, muchas veces presentado ante la precariedad salarial del periodista como el villano, sino de la propia audiencia que paga por contenidos de ficción la propuesta del streaming y, de a poco, se anima a volver a pagar por periodismo. Pero ante la inteligencia artificial y por más que mejoren las tecnologías generativas, pasada la espuma del lanzamiento de Chat GPT, el periodismo se guarda un recurso secreto (o más de uno): la decisión de lo noticiable, la decisión sobre qué es noticia.

Se espera del periodismo que tenga siempre de columna vertebral a la verdad. Foto: MDZ.

Si bien los algoritmos ya ayudan a identificar qué noticia será más propagable que otra -y es previsible que lo hagan cada vez mejor-, nunca, por la profundidad de la mirada más allá de la capacidad de procesar variables, dirán qué noticia es más importante que otra. Qué noticia trascenderá más que otra. Se trata de un sentido mucho más profundo, quizá falible, pero propio de la inteligencia humana. Es el periodismo valiente, libre, conocedor de su audiencia, pero fiel a la verdad, el que podrá proponer a Yemen como noticia cuando Yemen tenga que ser noticia. O Haití. O Yibuti. O Lomas de Zamora. O La Quiaca…O, claro, Buenos Aires o Nueva York. Noticia que no dependerá del lugar, claro está, sino de la posible trascendencia que ese contenido tenga; y no
tan solo para la audiencia como colectivo, sino en particular, en concreto, para cada una de las personas que hacen a esa audiencia. Y que luego tendrá que ser construida de la manera más amigable posible para que las audiencias la hagan propia, la propaguen.

El periodismo tiene que poder llegar a las audiencias que son opuestas

La posibilidad de discernir y acercar una verdad cotidiana que a las personas les sea útil y necesaria para vivir libremente en sociedad es facultad del periodismo. Muchas veces falla, sí .Quizá demasiadas. Y muchas veces pasarán días sin encontrarla. Pero nadie puede cumplir esa responsabilidad como él en el ecosistema mediático. Ni nada. Curiosamente el diálogo de Borges y Sábato que inició esta reflexión, aquel que pone en duda la trascendencia de las noticias, fue registrado por un medio periodístico, la revista Gente que, con sentido de trascendencia, generó las condiciones para un diálogo tan genial como provocador y verdadero.

Auténtico producto periodístico.

Esteban Pittaro.

* Esteban Pittaro. Secretario Académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral.