Raúl Soldi y Jean-Michell Basquiat: dos propuestas antitéticas
A la obra de Jean-Michell Basquiat ya nos hemos referido con anterioridad en estas columnas. De la del querido Raúl Soldi nos venimos ocupando largamente como adhesión al tercer decenio de su desaparición. En sus ámbitos ambos artistas gozan de una importante notoriedad, aunque en su concepción se encuentran en las antípodas. A través de ellos hoy ponemos la lupa en la fealdad y belleza y su rol en la creación artística.
Jean-Michel Basquiat desarrolló un estilo distintivo que fusiona el grafiti con una versión sui generis del expresionismo, utilizando textos crípticos, símbolos y una estética de energía cruda que a menudo busca establecer la vos de la marginalidad. Podría decirse en este sentido que estamos ante un “arte” conceptual de ruptura, enfrentado al statu quo de la sociedad en que se mueve.
Sus recursos: las composiciones caóticas de elementos superpuestos, el desprecio del oficio, los temas oscuros y una estética brutal deliberadamente desafían la noción tradicional de la belleza.
En el extremo opuesto Raúl Soldi, que tuvo una rigurosa formación en la Academia de Brera de Milán, se empapó de la esencia de la cultura occidental que nace en Europa, más allá del Renacimiento hincando sus raíces en la Grecia clásica. Los valores de esa cultura, entre los que la belleza es un pilar fundamental determinan el canon de la producción artística.
A partir de aquella formación Soldi adquiere una convicción personal, que sostiene a lo largo de toda su vida (continuidad que a veces se le endilga como el peor de sus pecados). Su pretensión es a partir del goce estético transmitir felicidad al contemplador de su obra.
Lo dejó escrito en 1978: “Mi posición de artista, creo que es clara. No pretendo cambiar la pintura, ni menos haberla inventado. Mi solo deseo es, si ello es posible, trasmitir paz, tranquilidad, belleza y poesía”
González Lanuza dijo algo más refiriéndose a los dibujos soldianos: “tienen un sentido lúdico, trasciende de ellos un inocultable hálito de deleite que no solo no nos amarga con existenciales angustias, sino que nos divierten como se divierte él al hacerlos”
Las obras de Soldi que envío hoy pertenecen a la Fundación Soldi que tiene su sede en Glew. Son algunas de las 60 que componen la donación de su colección privada realizada en 1979. Con ellas invito a todos a visitarla.
No dudo que, sumada a los frescos de la Capilla, nos trasmitirá paz, tranquilidad y poesía, alejándonos (aunque sea transitoriamente) de angustias existenciales. Pienso que ahí es dónde el arte cumple su verdadero rol.
Fundación Soldi en Glew. Consulta de horarios te: 02224 420121
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.

