ver más

Las pérdidas millonarias de un sector clave azotado por medidas de fuerza

Más allá del paro nacional realizado ayer y su impacto económico negativo, hay sectores que sufren de forma constantes medidas de fuerza que les genera pérdida millonarias.

El paro general realizado por la CGT tuvo distintos puntos de análisis. Uno fue el costo para la economía del país que tuvo la medida de fuerza. Según el Gobierno nacional, la pérdida económica fue estimada en unos US$ 500 millones.

Es un dato que, por lo elevado, genera debate sobre este tipo de protesta debido a su alcance nacional. Sin embargo, cotidianamente hay huelgas sectoriales que no alcanzan la trascendencia de una medida como la decidida por la central obrera, pero que provoca serios perjuicios para las actividades afectadas.

Un ejemplo es el caso de la industria pesquera que, por distintas medidas de fuerza que se vienen llevando adelante desde la asunción de Javier Milei, sufrió pérdidas por US$ 300 millones.

El dato surge de un estudio elaborado por la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (Fulasp) tras el segundo paro general de este año.

La entidad evaluó las críticas pérdidas económicas y laborales que se produjeron en los últimos meses, en un marco de decisiones y negociaciones hostiles entre los sindicatos, los empresarios y el Gobierno nacional.

El organismo internacional a cargo del informe evaluó el impacto negativo que las medidas de fuerza de los últimos cinco meses, con responsabilidades compartidas entre todas las partes, están generando no sólo sobre la actividad industrial, sino también sobre el empleo y en las arcas estatales.

El informe señala que "en lo que va del año, se desperdició una potencialidad en la actividad extractiva de más de 30 mil toneladas de pescado, incluyendo la totalidad de las especies que se capturan en el mar argentino, generando una severa crisis de rentabilidad en el sector empresario por más de 260 millones de dólares".

La Fulasp también observó que esa pérdida se vio acompañada por graves incumplimientos de contratos internacionales de exportación, pérdidas de contratación de personal eventual (debido a una interrupción de las distintas zafras), estancamiento de los salarios de los trabajadores y una fuerte caída en el pago de impuestos estatales relacionados con los cánones de extracción, derechos de exportación, ingresos brutos, y aportes a la seguridad social y al sistema de salud.

Raúl Cereseto, presidente de la entidad a cargo del trabajo, señaló que "desde que comenzó el 2024, la industria pesquera nacional estuvo cautiva de un sinfín de conflictos y medidas de fuerza en las que se han repartido responsabilidades simétricas los gremios marítimos, la patronal y el ejecutivo nacional", y agregó que "la incapacidad de los actores por ponerse de acuerdo en cómo desarrollar las tareas, y la falta de sentido común para arribar a un entendimiento mutuo ha causado una reiterada suspensión en la producción habitual, lo que trajo aparejado un daño no solo a las diferentes industrias, sino también a las economías regionales, al consumo interno, a la contratación y retribución de trabajadores, y a los ingresos públicos del estado".

El puerto de la ciudad de Mar del Plata, con su flota fresquera de altura, así como los buques amarillos de la provincia de Chubut, en sus diferentes amarraderos (los más importantes del país), vieron canceladas sus actividades en muchas oportunidades tanto por reclamos paritarios de los sindicatos, como por decisiones empresariales, que llevaron a la pérdida de muchas mareas laborales.

A su vez, los cambios que propuso el Gobierno nacional en la Ley Federal de Pesca, que formaba parte del paquete de reformas que elevó en enero al Congreso de la Nación y que pretendía instaurar severas modificaciones en los permisos y establecer, entre otras cuestiones también generaron mucha incertidumbre sobre la actividad en su conjunto y desinflaron las operaciones.

Cereseto también explicó que "la caída es muy importante porque se van generando pérdidas multiplicadoras, dado que, por un lado, está la valuación del precio que el armador o el empresario pesquero vende en banquina (en el muelle) a las plantas procesadoras y, por otra parte, hay un segundo vacío que lo genera el hecho de que esa mercadería, al no poder procesarse, trae aparejada la imposibilidad de ser exportada".