Crimen en Villa Gesell

"Rugbiers" y "chetos": por qué el caso Báez Sosa tuvo tanta repercusión

¿Qué ingredientes se sumaron para que todos los medios se lanzaran a cubrir el caso desde el momento que sucedió hasta tres años después, cuando se juzgó a los ocho acusados? Algunas conclusiones.

Gabriela Urrutibehety sábado, 6 de abril de 2024 · 20:07 hs
"Rugbiers" y "chetos": por qué el caso Báez Sosa tuvo tanta repercusión
Jornada de debate por el juicio de Fernando Báez Sosa Foto: Archivo MDZ

El caso de la muerte de Fernando Báez Sosa tuvo una dimensión mediática inusitada, tanto en los días inmediatamente posteriores al crimen como durante el mes que duró el juicio. Hubo casos similares y posteriores que no alcanzaron nunca el grado de mediatización que implicó que la lectura de la sentencia, en febrero de 2023, alcanzara un rating de 35.4 puntos, una cifra algo inferior a los 38.4 que había medido la final del Mundial que Argentina le ganó a Francia un mes y medio antes.

Una búsqueda incompleta y bastante arbitraria de titulares de medios de alcance nacional hablan de las muertes de  Agustín Ávila en Jesús María, Córdoba;  de Demián Páez en Cañuelas, Buenos Aires; de Alexis Reverdito en Gualeguaychú; de Brayan Trejo Reyes en Buenos Aires; de Jano Fernández en Buenos Aires, de Micaela Ferreyra en Quilmes; de Carlos Ezequiel Núñez en González Catán. Estas muertes ocurrieron entre noviembre de 2022 y marzo de 2023. Todos eran muy jóvenes, todos fueron atacados entre varios a la salida de un boliche y murieron por esa causa. Ninguno de estos nombres o el de sus agresores resuena hoy como el de Fernando Báez Sosa o el de Máximo Thomsen. 

¿Por qué? ¿Qué ingredientes se sumaron para que todos los medios se lanzaran a cubrir el caso desde el momento que sucedió hasta tres años después, cuando se juzgó a los ocho acusados? Sin respuesta definitiva, a modo de mero esbozo, vayan algunas conclusiones. 

El asesinato de Fernando Báez Sosa se armó con estructura dramática, en el sentido teatral del término. Contó con un escenario atractivo, un momento especial, personajes perfectamente delineados por características antagónicas y un conflicto violento, con elementos de sadismo, machismo y clasismo. Por definición, todo lo que ocurre en verano en la costa atlántica desde Mar del Plata hacia el norte es noticia en este país. Un hecho que suceda en Pinamar, Villa Gesell y la autodenominada Feliz tiene muchas más posibilidades de estar en las pantallas que si pasa en otra playa cualquiera. Si acontece en enero, será más noticia que en febrero y en ambos meses, mucho más que de marzo en adelante. 

Los ocho condenados por el crimen de Fernando Báez Sosa en el banquillo de los acusados. Foto: Télam

Pero, además, lo que este caso tuvo en particular fue la construcción de los victimarios. Se los denominó desde el inicio como rugbiers, y eso los ubicó en una clase social que no suele ser la que puebla las páginas de policiales. No en vano los primeros días, luego de la detención de los acusados, la pregunta fue cómo vivirían en la cárcel. Y pronto circuló un video amenazador que se presentó como el de los presos esperando a los rugbiers. 

Se los caracterizó como "los chetos", a partir de la construcción social que inmediatamente se hace de los jugadores de rugby. Pero estos rugbiers son chetos de pueblo. Clase media, hijos de profesionales, de empleados, de un mecánico. Alguno estaba por empezar a estudiar. Como Fernando, que había hecho el CBC en la Universidad de Buenos Aires para empezar la carrera de abogacía. 

Chetos y sin piedad: el antagonista perfecto. Capaces de pegar cobardemente, a la cabeza del caído, cinco contra uno. Capaces de anunciar la muerte de una persona con la palabra "caducó", como si fuera un producto perecedero, y de irse a hacer pacientemente la fila para comprar una hamburguesa minutos después de la pelea. Capaces de incriminar y hacer detener a un conocido porque les pareció una buena broma.

Pero sobre todo, la construcción se hizo a través de videos: fue tal vez el hecho policial más filmado de la historia. La joven que le hizo RCP a Fernando cuando estaba tirado en la calle lo dijo claramente en el juicio: todos filmaban, nadie hacía nada. El asesinato de Fernando Báez Sosa fue registrado por cientos de cámaras: las de la seguridad municipal, las de los comercios de la zona, la de Lucas Pertossi, uno de los condenados, pero básicamente las de los muchos peatones que pasaban por el lugar en el momento y, además de curiosear, se pusieron a registrar con sus celulares lo que sucedía y lo subieron a sus redes en vivo.

La pelea del boliche Le Brique superó a cualquiera de las otras porque el grupo de los agresores modificó el target de los clientes habituales de las noticias policiales. Y porque la muerte se hizo espectáculo.

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