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A 42 años de Malvinas: Operación Rosario

Se cumple un nuevo aniversario de la gesta de Malvinas, Alejandro Signorelli, investigador del conflicto del Atlántico Sur, nos propone un nuevo capítulo de historias Malvineras en MDZ.

La recuperación de las Islas Malvinas es la operación que sin dudas provocó que la reacción británica termine en una guerra. Los análisis, y sobre todo los analistas sobran, así que no sumaré el mío en esta nota al menos, sino que me focalizaré en la operación de recuperación. 

Soy un convencido de que el uso correcto de las palabras simplifica y ordena, y libera todo el poder que encierra su significado, por eso cada vez que puedo insisto a riesgo de ser reiterativo: el 2 de abril nuestras islas no fueron ocupadas, tomadas y mucho menos invadidas. Fueron recuperadas. Y nuestros militares (soldados, marinos, aviadores, etc.) no son excombatientes, ya que muchos de ellos sino todos, aún hoy siguen combatiendo en muchos terrenos diferentes y muy personales. Son veteranos

Cuando el gobierno de aquel entonces encargó a un grupo muy reducido de hombres que conciba en secreto un plan para  recuperar las Malvinas, lo hizo poniendo 3 condiciones que serían fundamentales para el éxito del plan. ¿Y cuál sería el éxito del plan? Lograr que el Reino Unido se siente a la mesa de negociaciones en serio, y se discuta el tema de la soberanía. Hoy sabemos que eso nunca ocurrió, pero en aquel entonces, bajo aquellas circunstancias y situaciones, hubo quienes lo vieron como algo posible. 

 

Las tres condiciones que la fuerza de recuperación debía respetar eran: 

  1. Sorpresa: debían valerse de la sorpresa para cumplir con las otras dos condiciones, o al menos facilitar su cumplimiento. 
  2. Rapidez: debían lograrlo en pocas horas. Actuando de manera sorpresiva y rápida evitarían cualquier maniobra que permitiera el arribo de refuerzos o la actuación de terceros mediadores. 
  3. Incruenta: esta condición, la más difícil de cumplir para una fuerza militar, se buscaba para que ninguna baja británica fuera tomada como excusa para ensuciar las negociaciones, o como justificativo para una respuesta armada.

Teniendo muy en cuenta en todo momento estas 3 condiciones, el equipo de planeamiento se abocó a preparar un detallado plan que en cada uno de sus pasos además contemplaría una acción alternativa por si la principal fallaba. 

Una de las primeras cuestiones que establecieron los planificadores fue que Puerto Stanley, la capital de las islas, era el único objetivo material a conquistar. En Stanley se encontraba la capital y a la vez mayor población civil, también estaba la gobernación y la sede de la FIC (Falklands Islands Corporation), y el cuartel de los Royal Marines en Moody Brook en sus afueras. También allí se encontraba el único puerto o fondeadero, pequeño, pero era el que se utilizaba habitualmente, y el único aeródromo con pista de asfalto, corta, pero utilizable. 

Quien controlara Stanley, controlaría todo el archipiélago. 

La Flota de Mar de la Armada Argentina sería la responsable, ya que se trataría de una operación anfibia, o sea, un desembarco de tropas. Estas tropas serían de la Infantería de Marina (el elegido fue el Batallón de Infantería de Marina 2, o BIM 2), los Comandos Anfibios y Buzos Tácticos de la Armada, y una sección del Regimiento de Infantería 25 del Ejército Argentino. La Fuerza Aérea participaría aportando capacidad de carga y traslado de tropas en el momento de la recuperación. 

El plan preveía que los efectivos del Ejército, aprovechando la sorpresa, capturarían al gobernador Rex Hunt en su casa, mientras que los Comandos Anfibios tomarían objetivos estratégicos como la estación de radio, los generadores de energía eléctrica y la planta de agua. Los Buzos Tácticos marcarían la playa en donde el grueso del BIM 2 y la sección del RI 25 desembarcarían en vehículos anfibios al norte de la península del aeródromo para dirigirse por el camino asfaltado hacia Stanley. 

En cuanto el BIM 2 asegurara el aeropuerto, un C-130 Hércules de la Fuerza Aérea aterrizaría con el resto de los hombres del RI 25 de infantería del Ejército, que serían los que se quedarían a cargo de la situación cuando las fuerzas de la recuperación se volvieran al continente. 

El plan estaba listo y era extremadamente detallado y profesional, pero como veremos más adelante, hasta el mejor de los planes debe estar preparado para ser cambiado, y este lo estaba. 

Emblemas de las unidades involucradas en la Operación Rosario. Foto: Armada
Argentina, Ejército Argentino y Fuerza Aérea Argentina.

El ARA Santa Fe.

Poco antes de las 9:00h del 27 de marzo de 1982, el submarino ARA Santa Fe zarpó con su tripulación completa y un grupo de Buzos Tácticos, una de las fuerzas especiales de la Armada Argentina. El ARA Santa Fe se había adelantado 24h al
resto de la Fuerza de Tareas 40 (FT40), compuesta por diversos transportes de tropas y equipamientos, corbetas, destructores y el portaaviones ARA 25 de Mayo.

Sin embargo, no todas las unidades navales se acercaron hasta sus costas, solo lo hicieron aquellas destinadas a transporte de tropas: el submarino ARA Santa Fe, el transporte ARA Cabo San Antonio, el rompehielos ARA Almirante Irizar y el destructor clase 42 ARA Santísima Trinidad. 

El submarino ARA Santa Fe. Foto: www.upmac.org.ar

Cómo se distribuían En el submarino ARA Santa Fe y en el destructor ARA Santísima Trinidad iban los buzos tácticos y comandos anfibios, y en el rompehielos Alte. Irizar, y en el ARA Cabo San Antonio, el grueso de las tropas (BIM 2 y una sección del RI 25). 

Volviendo al ARA Santa Fe y al resto de la flota, una vez en navegación, cada Capitán procedió a abrir una serie de sobres lacrados numerados que irían revelando paso a paso la verdadera naturaleza de su misión. Lo único que sabían la mayoría al zarpar, era que no se trataba de un ejercicio, pero muchos imaginaban más probable algún tipo de operación con objetivos en el Pacífico. 

Después del mediodía del 28 de marzo ya todas las unidades de la FT40 se encontraban en navegación. El ARA Santa Fe había estado navegando en superficie. El 29 los Buzos Tácticos hicieron prácticas con sus botes y armas y se actualizaron informes de inteligencia del objetivo. Un avión Neptune de exploración e inteligencia de la Armada patrullaba el área. Por la tarde comenzó un fuerte temporal en la zona. Este temporal era tan fuerte que obligó al submarino a bajar a una profundidad de 50 metros para alcanzar aguas tranquilas y que la tripulación que no estuviera de guardia pudiera descansar. 

En las primeras horas del día 31 de marzo el submarino ARA Santa Fe se encontraba ya a vista de periscopio de Puerto Stanley, la Capital de las Islas, y realizó durante la noche varias exploraciones oculares de la misma. El resto de la FT40 debió posponer 24h la operación debido al fuerte temporal. Fue por esto que la recuperación se hizo el 2 de abril y no el 1. 

La Operación Azul se convierte en Operación Rosario.

Este temporal no solo pospuso la operación 24h, sino que motivó que el Tte. Cnel. Seineldín, al mando del RI (Regimiento de Infantería) 25, proponga que la Operación Azul cambie su nombre por Operación Rosario, para invocar la protección de la Vírgen del Rosario, tal como hicieron los defensores de Buenos Aires ante las invasiones inglesas. 

Durante la noche del 1 de abril las observaciones de Puerto Stanley desde el submarino ARA Santa Fe mostraron quietud total, sin luces ni movimientos, lo que hizo evidente que el factor sorpresa se había perdido. Los estaban esperando. 

Ante la pérdida de la sorpresa, el plan no cumpliría con la primera de las condiciones, por lo que hubo que hacer algunos cambios. 

Los hombres de Seineldín, ya no sorprenderían al gobernador en su casa, y era muy probable que al menos parte de los Royal Marines lo custodiaran, por lo que un enfrentamiento armado era casi un hecho. Se encomendó entonces este objetivo a tropas con un entrenamiento especial, los Comandos Anfibios del Capitán de Corbeta Giachino. A los de Sánchez Sabarots, se les encomendó tomar el cuartel de Moody Brook. Los efectivos del RI 25 se ocuparían de asegurar el aeropuerto y el Hércules de la FAA aterrizaría recién con la pista asegurada. 

Ejecución de la Operación Rosario.

A las 23:30h del 1 de abril, al sur de Stanley, el destructor clase 42 ARA Santísima Trinidad tomó posición al sur de Stanley, en Bahía Enriqueta. Dos grupos conformados por Comandos Anfibios y Buzos Tácticos ocuparon sus botes y se dirigieron de sur a norte, tocando tierra en Lake Point. Un grupo al mando del Capitán de Corbeta Pedro Giachino puso rumbo a la casa del  Gobernador Rex Hunt, el otro grupo, al mando del Capitán de Corbeta Guillermo Sanchez Sabarots puso rumbo a los cuarteles de Moody Brook, sede de los Royal Marines que custodiaban las islas (se calculaba que había unos 80 efectivos porque el relevo anual ya había llegado, y los efectivos relevados todavía no se habían ido aún, más unos 20 isleños reclutados y entrenados como voluntarios, de los que solo se presentaron 3 para defenderlas). Si los infantes de marina británicos no estaban en Moody Brook sería necesario establecer contacto con ellos en el pueblo y alrededores, y la gente de Sanchez Sabarots lo avisaría con una gran explosión para que los británicos asumieran que una fuerza importante se aproximaba desde el oeste. 

Representación de la Operación Rosario. Foto: 1982malvinas.com

A las 2 de la mañana del 2 de abril el ARA Santa Fe salió a superficie al norte de Stanley, para que los Buzos Tácticos comiencen su operación. A las 3:35h con sus botes y equipamiento listo, los 13 integrantes de la Agrupación Buzos Tácticos al mando del Capitán de Corbeta Alfredo Cufré partieron. 

En los días previos, un reconocimiento aéreo de Fuerza Aérea había provisto detalladas fotografías de Yorke Bay (el lugar del desembarco) y permitieron ver que en Yorke Bay este había una gran piedra que no figuraba en las cartas náuticas y podría dificultar a los vehículos anfibios, por lo que cambiaron el lugar a Yorke Bay oeste. 

Los Buzos Tácticos de Cufré aprovecharon una baliza inglesa en Meangeary Point y siguieron hasta Port William, para finalmente alcanzar las playas en la zona de Yorke Bay oeste, al noroeste del aeropuerto. Su misión sería marcar la playa para que la fuerza anfibia pudiera desembarcar. 

Recuperación en marcha.

A las 6:30h, tropas encabezadas por el Batallón de Infantería de Marina 2 (BIM2) y una parte del Regimiento de Infantería 25 del Ejército Argentino (RI25) desembarcaron en sus vehículos de asalto anfibio a oruga, LVTP-7. 

Desembarco de tropas en vehículos de asalto anfibio a oruga LVTP-7. Foto:
museomalvinaschaco.net

El comandante de la fuerza anfibia, Contralmirante Carlos Busser diría: “Los Buzos Tácticos nos estaban marcando el lugar correcto. Mi vehículo pasó muy cerca de un hombre que, tendido en la playa, sostenía la señal luminosa. Sentí mucho orgullo y
una profunda ternura al verlo. Tiempo después supe que era el Teniente de Fragata Buzo Táctico Carlos Robbio”. 

Para las 7:00h toda la península y el aeropuerto estaban asegurados, y los infantes del RI25 comenzaron a despejar la pista de aterrizaje que los isleños habían llenado de obstáculos. 

En el camino que une al aeropuerto con Stanley los vehículos anfibios recibieron fuego enemigo que no provocó bajas ni heridos. La respuesta vino de la sección del Capitán Santillán que con fuego de sus fusileros, ametralladoras, morteros y un disparo de cañón sin retroceso provocó la retirada y repliegue de los ingleses hacia la ciudad. 

La casa del Gobernador.

El grupo del Capitán de Corbeta Pedro Giachino se dirigió al objetivo final que era la casa del Gobernador Rex Hunt, que se encuentra al oeste, respecto del centro geográfico de la ciudad. 

La casa del gobernador. Foto: unl.edu.ar

Allí se habían atrincherado alrededor de 40 Royal Marines (RM) junto al Gobernador. Los efectivos al mando de Giachino se ocultaron en la cara sur entre los únicos arbustos disponibles y abrieron fuego de ametralladoras hacia el primer piso para
intimidar a los defensores, que estaban en la planta baja. 

Las condiciones de rapidez y de una operación incruenta estaban vigentes, por lo que cada minuto contaba. 

El intercambio de disparos fue nutrido y los constantes cambios de posición de los Comandos Anfibios argentinos y el uso de granadas de aturdimiento seguramente provocó que los Royal Marines evaluaran que el número de atacantes era muy superior al real (el grueso de las tropas todavía estaba desembarcando, esto solo era la avanzada). 

Los minutos pasaban y el objetivo no estaba asegurado aún, la casa del Gobernador estaba llena de ventanas por lo que era muy vulnerable y las posibilidades de provocar una baja británica aumentaban. Giachino entonces tomó la decisión de avanzar, y pateando una puerta ingresó a la casa, pero fue alcanzado por fuego enemigo que lo hirió gravemente a él, al Teniente de Fragata Diego García Quiroga y al Cabo Primero Ernesto Urbina. Giachino moriría horas más tarde en el hospital del ya rebautizado Puerto Argentino. Quiroga y Urbina se recuperarían. 

Capitán de Fragata post mortem Pedro Edgardo Giachino. Foto:
gacetamarinera.com.ar

Luego de varios minutos más de combates infructuosos el Gobernador Rex Hunt solicitó un alto el fuego y pidió hablar con el Oficial a cargo que era el Contralmirante Carlos Busser. Se negó a darle la mano y le preguntó por qué tomaban las islas, ante lo cual el militar argentino respondió: "desembarcamos en la misma forma en que ustedes lo hicieron en 1833, y mis órdenes son desalojarlo
a usted y a las tropas británicas para restituir el territorio a la soberanía argentina". 

Rendición británica.

A las 9:30h del 2 de abril de 1982 el Gobernador y sus tropas se rindieron. Si bien era obvio para ellos que no tenía ningún sentido seguir combatiendo y esto lo sabían desde el momento que tuvieron noticias del tamaño de la fuerza que estaba desembarcando, en la tradición militar británica, son considerados cobardes quienes se rinden sin combatir, por eso, para una guarnición británica es impensable rendirse sin presentar combate. Esto era conocido y sabido por las tropas argentinas, por lo que el plan se hizo  sabiendo que habría combates, y previendo que a pesar de ellos, se debería tomar el control sin provocar bajas, lo cual se logró. El gobernador Rex Hunt y los Royal Marines al volver a Londres, tuvieron que acreditar, no sin dificultades, que habían combatido antes de rendirse. 

Esta foto dio la vuelta al mundo y provocó casi el mismo efecto que si hubiera habido bajas británicas. Quien camina a la izquierda y ordena la fila de prisioneros es el Cabo Jacinto Eliseo Batista, Comando Anfibio, entrerriano, especialista en explosivos, casado y padre de 3 hijas. El Royal Marine que camina liderando a sus hombres es el Cabo Lou Armour, Comando, instructor de armas de infantería y paracaidista sobre mar y tierra.

Minutos después se procedió a arriar la bandera del Reino Unido y a izar el pabellón nacional en una ceremonia emotiva e histórica. Casi al mismo tiempo el C-130 Hércules matrícula TC-68 de la Fuerza Aérea Argentina aterrizaba en el aeropuerto ya despejado y operativo. Este instante marcó la ruptura del dominio colonial británico sobre nuestras islas e impidió que alcanzaran los 150 años consecutivos e ininterrumpidos de dominio ilegal, hecho de consecuencias diplomáticas múltiples.

Izamiento de la bandera en Puerto Argentino. Foto: Ejército Argentino.

Mucha gente cree que la recuperación de nuestras islas fue algo “fácil”, que desembarcaron vaya a saber cuántos miles de  soldados y que solo había 20 marines británicos que ni siquiera se resistieron. Lejos de eso, la avanzada argentina que enfrentó a los defensores fue apenas superior en número. Eran superiores por armamento y capacidades, si, ya que se utilizó a la élite de la
Armada Argentina. La Operación Rosario obedeció a una exhaustiva planificación, y se llevó a cabo cumpliendo con éxito una condición especialmente difícil, como la de realizar una operación incruenta. 

La vida del Capitán Giachino fue la primera de 649 que se cobraría la guerra del Atlántico Sur y que nosotros hoy, 42 años después, podemos conocer y recordar, para que allí donde estén, sepan que su sacrificio no fue en vano y sus compatriotas valoran y  mantienen vivo su recuerdo. 

* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.