Preocupación

Universitarios: las historias que reflejan la crisis de la educación superior

La situación del país los obliga a abandonar los estudios o realizar jornadas extensas de trabajo para afrontar los gastos. Mientras, el sector se prepara para una marcha nacional.

Mauro Sturman
Mauro Sturman jueves, 18 de abril de 2024 · 07:13 hs
Universitarios: las historias que reflejan la crisis de la educación superior
El sector universitario se prepara para viajar hasta Plaza de Mayo Foto: Santiago Tagua/MDZ

La Ley de Educación Superior Argentina afirma que el Estado nacional y las provincias deben asegurar a los estudiantes la igualdad de oportunidades y las condiciones de acceso, permanencia, graduación y el egreso de las universidades que tiene el país. Ese principio ha colocado a la Nación en un lugar de privilegio respecto de otros países de la región, donde acceder a una carrera de grado puede llegar a costar miles de dólares. Hoy, trabajadores y estudiantes aseguran que la política de ajuste impulsada por el presidente, Javier Milei, pone en riesgo la estabilidad de ese sistema universitario. En ese contexto, los rectores del Consejo Interuniversitario Nacional, el Frente Sindical de Universidades Nacionales y la Federación Universitaria Argentina, decidieron realizar una gran marcha hacia Plaza de Mayo, que tendrá lugar el 23 de abril.

Los tarifazos, la eliminación de subsidios y el aumento en el valor del servicio de transporte, provocaron una tormenta perfecta en la que muchos estudiantes universitarios quedaron atrapados. Ese escenario hostil terminó colocando a muchos estudiantes al borde del precipicio, obligándolos a decirle adiós a sus carreras o, en el mejor de los casos, empujándolos a realizar extensas jornadas de trabajo para mantenerse a flote. 

Una joven muestra un cartel durante la última marcha universitaria.
Foto: Santiago Tagua / MDZ

La historia de Javier Villarroel es un claro ejemplo de lo que está ocurriendo en Mendoza. Oriundo de Tunuyán, el joven estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública, decidió poner su carrera en stand by. "El pasaje está cada vez más caro y día a día empecé a privarme de más cosas para poder continuar con mis estudios. Antes con lo que ganaba podía estudiar, comprarme cosas, tener vida social y darme algún que otro gustito. Ahora, hace meses que no me compro ropa".

Y agrega: "la carrera la dejé porque me costaba mucho tener que trabajar, estudiar, hacer el desgaste de viajar todos los días y encima que la plata no me alcance para nada. Además, las ciencias sociales están cada vez más demonizadas y la salida laboral es reducida, mientras que a los puestos de trabajo puede acceder cualquiera sin necesidad de tener nuestro título". Para Javier, trasladarse diariamente desde el Valle de Uco significa una enorme erogación de dinero. "El interno de Tunuyán se va a ir a 840 pesos. El pasaje a ciudad a 4800 pesos o más y el interno de ciudad 500. Y no estoy contando el almuerzo, las fotocopias, etc. Para alguien que no es del Gran Mendoza se hace imposible", cierra.

Gisella Mancuello vive en Godoy Cruz y es mamá de un niño de 6 años. Vive con sus padres, que están jubilados. Hasta el año pasado trabajaba por su cuenta, pero la inestabilidad económica la obligó a buscar un puesto en relación de dependencia. "Lo económico influye muchísimo a nivel psicológico, cuesta concentrarse y una se empieza a frustrar. En septiembre pude conseguir un trabajo de medio tiempo que me costó todo el segundo semestre porque no pude coordinar mis tiempos con las materias a las que ya me había inscrito previamente. Luego, en diciembre, tuve que probar suerte en otro trabajo  porque lo que me pagaban en el primero no me rendía, así que me vi imposibilitada de poder rendir en las mesas de ese mes. Al día de hoy me encuentro cursando una sola materia y con muchas complicaciones para poder sostenerla", cuenta la joven a MDZ.

Docentes universitarios marchando por las calles de Mendoza.
Foto: Santiago Tagua / MDZ

Para la estudiante de geología, abandonar los estudios no es una posibilidad. "Aunque debe hacerla a un ritmo más bajo, la carrera significa un futuro más próspero para mí y mi hijo", explica. En sus respuestas, surge otra realidad cada vez más común en los pasillos universitarios: la diferencia que existe respecto a la igualdad de oportunidades.

"Puntualmente en la carrera en la que estoy, hay un gran porcentaje de alumnos que cuentan con un sostén económico familiar firme (por suerte) pero es ahí donde se nota aún más la brecha entre la sociedad con escasos recursos y esa parte que está más cómoda. He pensado muchísimo en esto, porque éstas carreras de desarrollo científico difícilmente se adaptan a la vida de alguien como yo, que tiene que salir a trabajar y con un hijo a cargo, lo cuál es la realidad de millones de personas, no somos minoría, en cambio un joven con un buen status económico, tiene la posibilidad enorme de poder mantenerse en esa línea y seguir su progreso hacia un buen futuro".

Cada vez es más difícil estudiar en la UNCuyo.
Foto: Santiago Tagua / MDZ

"Estudiaba la Licenciatura en Trabajo Social, fue una carrera que siempre me llamó porque me gustaría involucrarme y poder aportar a la sociedad. Cumplía con todas mis expectativas por su promoción en la defensa de derechos, la justicia social y el bienestar colectivo", advierte Giuliana Alejandra Pérez a MDZ

Para la joven estudiante de La Paz, continuar con los estudios se volvió imposible. Según explica, el impacto de la crisis económica fue determinante para tomar la triste decisión. "Los precios y requisitos de los alquileres; el mal servicio, costo y los aumentos de los transportes públicos; el desempleo y las remuneraciones precarias, la falta de oportunidades laborales para los estudiantes que intentamos insertarnos sin experiencias laborales y la situación actual del país que se ve reflejada todos los días en el aumento de los productos básicos", fue demasiado para Giuliana.

Los testimonios de los universitarios consultados se repiten por cientos. En sus respuestas se advierte una mezcla de impotencia, bronca, frustración y tristeza, sentimientos que llevan a muchos jóvenes a padecer trastornos físicos y mentales. En ese contexto, toda una comunidad continúa denunciando el desfinanciamiento de la educación en la República Argentina.

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