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Cuidemos la ciencia básica

Se celebra el Día del Investigador y de la Investigadora Científica en Argentina. Esta fecha conmemora el nacimiento del Dr. Bernardo Alberto Houssay, un destacado científico argentino.

Quizás fue una fría mañana berlinesa del año 1872, en la que el fisiólogo Emil du Bois- Reymond ideó su célebre “Ignoramus et Ignorabimus”, es decir “Ignoramos e Ignoraremos”. Lo que quiso expresar el ilustre científico, reconocido como uno de los
padres de la electrofisiología, es que la ciencia y la filosofía deberían aceptar que hay cuestiones que estarán fuera de nuestro alcance y comprensión. Llamativamente, a pesar de los grandes avances científicos de la segunda mitad del siglo XIX, flotaba cierto pesimismo sobre lo que la razón y el razonamiento científico podían ofrecer.

Este pesimismo permeó en muchas obras literarias y artísticas de la época. Un ejemplo particularmente significativo es una pintura que el austríaco Gustav Klimt realizó para uno de los techos del recientemente inaugurado edificio de la Universidad de Viena.
Cuando la razón parecía prevalecer sobre la superstición y la ignorancia, Klimt presenta una polémica escena vista por sus detractores como totalmente desalentadora en su Filosofía.

La Filosofía, fresco de G. Klimt

En 1930, en un discurso memorable, el gran matemático David Hilbert, hizo una fuerte apuesta a favor de la razón y del  conocimiento. Retrucó la frase de Du Bois-Reymond con su “Debemos saber y sabremos”. Tal fue la convicción de Hilbert al expresar este mandato, que lo llevó a la tumba. En efecto, ese es el epitafio en su tumba en el cementerio de Gotinga. Casi simultáneamente con el enunciado del precepto de Hilbert, un joven austríaco, Kurt Gödel, demostró que todo sistema aritmético formal, que constituye la base de toda la matemática, tiene afirmaciones que jamás podrán ser demostradas como ciertas o falsas.

Estos resultados se conocen como los teoremas de incompletitud de Gödel. Toda esta problemática, que para el lector puede parecer abstracta y sin ninguna posibilidad de ser aplicada a la vida cotidiana, fueron abordados por el matemático Alan Turing, conocido popularmente a través de la película "El Código Enigma". Turing, inspirándose en las demostraciones que Gödel realizó de sus teoremas, diseñó mentalmente lo que se conoce como Máquina de Turing, germen de lo que hoy son las computadoras que usamos en nuestra vida cotidiana.

Es muy común escuchar y leer a divulgadores, diciendo que la ciencia salvará al mundo. No creemos que sea así; pero al mismo tiempo tampoco pensamos que sea la causa de su perdición. Los avances científicos y tecnológicos pasan desapercibidos para
una gran mayoría de la población, ya sea por desinterés o ya sea porque las preocupaciones cotidianas imposibilitan el acceso a ellos. Un interlocutor desatento se sorprende cuando toma conciencia que, en un celular, hay al menos siete premios Nobeles de Física. Van desde el efecto fotoeléctrico, que fue motivo del premio Nóbel a Albert Einstein en 1905, hasta la invención del led de color azul, imprescindible para las pantallas led y por el que fueron premiados los científicos I. Akasaki, H. Amano, y S. Nakamura.

Los avances científicos y tecnológicos pasan desapercibidos para
una gran mayoría de la población.
Foto: EFE.

También el desarrollo de Internet fue otro Premio Nobel de Física. El GPS que nos resulta de gran ayuda, es una consecuencia directa de la teoría general de la relatividad de Einstein. Sin la utilización de esa teoría, el GPS sería totalmente inútil. En palabras de una de las galardonadas con el Nobel de Física en 2023, Anne L'Huillier “este trabajo demuestra lo importante que es dedicarse a la ciencia fundamental con independencia de las aplicaciones futuras, ya que dediqué 30 años a ello antes de que se hicieran más evidentes los posibles usos en el mundo real”. Nuestra vida está impregnada de tecnología, que en general en su inicio no era más que un conjunto de elucubraciones abstractas de individuos y de laboratorios de investigación básica, y sin aplicaciones a la vista.

Sin ir más lejos, cuando Michael Faraday construyó el primer motor eléctrico no lo hizo con más finalidad que satisfacer su  inagotable curiosidad por el funcionamiento del electromagnetismo. Más aún, su desarrollo inmediato posterior emanó de la correspondencia mediante la cual Faraday compartió su descubrimiento con otros investigadores que estudiaban en el tema en ese momento. El hecho de difundir los hallazgos es parte de una larga tradición: ya Arquímedes de Siracusa hace unos 2250 años contaba y discutía sus resultados en cartas a otros posibles especialistas de los cuales -se dice- sabía por los capitanes de los barcos mercantes. Nuestros ‘papers’ (publicaciones científicas) actuales siguen básicamente el formato de esas cartas de Arquímedes.

Por un lado, los tiempos actuales han llevado a una especialización enorme del conocimiento. Por otro lado, hay una superstición ampliamente difundida de que eso confiere automáticamente a ese especialista de una opinión calificada sobre cualquier otro tema fuera de su área. En todo caso, la opinión válida general no viene ni con los diplomas, ni con los artículos, ni su índice de impacto, ni con los congresos.

Se construye como la de cualquier otra persona: día a día.

Sandra Pitta.

* Sandra Pitta. Farmacéutica, Biotecnóloga. Investigadora de CONICET.

Pedro Walter Lamberti. 

* Pedro Walter Lamberti. Físico. Doctor en Física, Profesor Titular FAMAF-UNC e Investigador Principal CONICET.

Damián Gulich.

* Damián Gulich. Físico. Profesor Adjunto en la UNLP, investigador de CONICET.