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A 42 años de Malvinas: parabrisas con sal

Días previos a cumplirse un nuevo aniversario de la gesta de Malvinas, Alejandro Signorelli, investigador del conflicto del Atlántico Sur, nos propone historias Malvineras en varios capítulos en MDZ.
Reconocimiento al Comodoro Ernesto Haggi en la BAM Río Gallegos en el año 2012.  Foto: Fotos: Foro Zona-militar.com
Reconocimiento al Comodoro Ernesto Haggi en la BAM Río Gallegos en el año 2012.  Foto: Fotos: Foro Zona-militar.com

Era miércoles 12 de mayo, y la Fuerza Aérea recibió informes de barcos británicos tomando posición al este de Puerto Argentino. Se trataba de un destructor y una fragata, que a las 11:42h comenzaron un cañoneo naval sobre las posiciones de las tropas argentinas. Se dispuso entonces la partida de dos escuadrillas de cuatro aviones A-4B Skyhawk cada una, armados con una bomba MK17 de 1000 libras cada uno, desde Río Gallegos. 

Los Cuña eran el Primer Teniente Oscar Bustos, el Teniente Jorge Ibarlucea, el Primer Teniente Mario Nívoli y el Alferez Alfredo Vazquez. Luego de reabastecer en vuelo pusieron rumbo a las islas adonde descendieron en rasante, y luego de pasar por Fitz
Roy divisaron sus objetivos, que eran el destructor clase 42 HMS Glasgow, y la fragata tipo 22 HMS Brilliant. La visibilidad estaba reducida por bancos de niebla y sal en el parabrisas. 

Sí, tenían sal en sus parabrisas. ¿Cómo podía esto ser posible? 

Los A-4B, A-4C y Mirage III y V Dagger de la Fuerza Aérea, y los A-4Q de la Aviación Naval, tenían su parabrisas dividido en 3 partes. Una frontal, y una a cada lado, con cierto grado de inclinación. 

Todas estas aeronaves habían adoptado la técnica del vuelo rasante cuando estimaban que ya se encontraban cerca del alcance de los radares de los buques británicos. Estos radares al barrer la superficie, no copiaban la curvatura de la tierra, por lo que a 
determinada distancia, los aviones podían volar “por debajo” del radar y ser vistos cuando los buques contaban con muy poco tiempo para reaccionar. 

Esta técnica demostró su gran efectividad por aquellos años y con esa tecnología operando, pero tenía un precio: Los pilotos debían “pegarse” al agua del mar, volando entre 5 y 10 metros de altura, y a veces a menos de 5 mts, por lo que se llevaban por delante la “bruma” marina y con la potencia de sus motores, dibujaban marcas en el agua, similares a la estela que dejan las lanchas. 

Si bien las tapas transparentes de las cabinas de los aviones son de plexiglas, un material que rechaza el agua, el parabrisas, solo el parabrisas, es de vidrio, y al atravesar la bruma marina se mojaban, y cuando el rozamiento que provocaba su gran velocidad evaporaba el agua de mar, lo que quedaba era el salitre y algunos restos orgánicos que formaban una película de gruesa “sal” marrón, que se endurecía como una piedra y dejaba al piloto sin su panel frontal, debiendo arreglárselas como podía con los laterales. 

Es oportuno aclarar que con la pérdida de visibilidad de su panel frontal también se perdía su mira de tiro

Ese día 12 de mayo, solo el Alferez Vazquez volvió, sus tres camaradas quedaron en las islas. El 1er Ten Nívoli y el Ten Ibarlucea derribados por los misiles Sea Wolf de la Brilliant, y el 1er Ten Bustos impactó el mar intentando evadir otro Sea Wolf. 

La otra escuadrilla de A4-B, los Oro, eran el Capitán Antonio Zelaya, el Teniente Juan Arrarás, el Teniente Fausto Gavazzi, y el Alferez Guillermo Dellepiane. 

Ellos tuvieron la suerte de que el sistema Sea Wolf de la HMS Brilliant se trabó cuando ingresaron en zona unos minutos después que los Cuña, por lo que pudieron llegar sobre los buques soportando fuego de artillería antiaérea, pero no los misiles Sea Wolf. 

Una de las bombas que arrojaron sobre el destructor clase 42 HMS Glasgow, presumiblemente la del 1er Teniente Gavazzi, entró cerca de la línea de flotación, destrozó todo lo que encontró en su paso, y salió por la banda contraria del buque. Los daños provocados fueron diversos y obligaron al buque a retirarse de la zona de conflicto para finalmente convertirse en el primer buque en retornar a su base en las islas británicas pocos días después. 

Representación del ataque del 12 de mayo a la fragata HMS Brilliant y al destructor HMS Glasgow de las escuadrillas Cuña y Oro. Foto: Historia de la Fuerza Aérea Argentina, Tomo VI, Volumen I.

Volviendo el relato a los Cuña, el Alferez Vázquez debió ser guiado por la torre de vuelo para aterrizar debido a su panel frontal completamente tapado con sal, y al tocar la pista terminó saliendo de ella. El despiste no tuvo consecuencias ni para el piloto, ni para el avión. 

El problema era muy serio, y sabían que seguiría ocurriendo, por lo que el jefe de la base solicitó al personal técnico que intentara encontrar una solución. Algunos días pasaron, y muchas ideas fueron puestas en discusión. Había entre ellos un Bioquímico, Ernesto Haggi, en aquellos días con el grado de Primer Teniente, que se encerró en el laboratorio de la base dispuesto a investigar la situación. 

Aprovechó el avión de Vazquez para tomar muestras del salitre adherido al parabrisas y descomponerlo. Comprobó que además de la sal (cloruro de sodio) había sales de magnesio y calcio, además de materia orgánica. 

Se consiguió unos vidrios, juntó agua de mar, y con ayuda de un nebulizador comenzó a reproducir lo que pasaba en la realidad. 

Recordó que por esos tiempos en los que se utilizaban jeringas de vidrio para los análisis que incluían recuento de plaquetas, debían utilizar compuestos siliconados para cubrir las jerignas y evitar que las plaquetas se pegaran electrostáticamente. 

Decidido a comprobar si ese procedimiento podía ser la solución, recorrió todos los negocios de Río Gallegos que pudo, hasta dar con uno que distribuía toda la línea 3M, así que se llevó muestras de todos los distintos productos para comenzar a aplicarlos.
Finalmente, y luego de muchas pruebas, fue con uno que se presentaba en aerosol, con el que logró los mejores resultados, incluso previendo que sería resistente a las bajas temperaturas extremas que debían soportar los aviones en sus vuelos. 

Parabrisas de un A4-B. A la izquierda con sal, y a la derecha sin sal. Foto: Foro Zona-militar.com

Luego de obtener buenos resultados en el laboratorio, decidieron pasar a la práctica en los aviones, y aplicaron el compuesto en una escuadrilla completa, o sea en cuatro aviones. 

El esmero y el amor de los mecánicos y asistentes técnicos por “sus” máquinas y “sus” pilotos, hicieron que uno de ellos limpie tanto el parabrisas del A4-B del Capitán Carballo, que logró eliminar por completo el compuesto. 

Reconocimiento al Comodoro Ernesto Haggi en la BAM Río Gallegos en el año 2012. 
Fotos: Foro Zona-militar.com

El resultado fue que al regresar la escuadrilla de su misión (gracias a Dios retornaron los cuatro) el único con su panel frontal completamente lleno de sal era Carballo, por lo que el compuesto anti salino probó su efectividad, y se convirtió en una pieza clave
para asegurar la visión de nuestros halcones. 

El entonces Primer Teniente Ernesto Haggi, pasó a ser uno más de esos héroes anónimos que gracias a su profesionalismo y  entrega por la Patria que juró defender, brindó una solución para sus camaradas que sin dudas influyó positivamente en su eficacia, y en algunos casos seguramente haya salvado vidas también. 

* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.