Rosa Gómez: la testigo clave que reveló las atrocidades de la dictadura en Mendoza
Rosa Gómez pasó 9 meses detenida en el centro clandestino de detención D2. Allí fue torturada, humillada y violada sistemáticamente. Además de padecer un verdadero infierno, su testimonio fue clave en la Megacausa contra 28 acusados, entre ellos, cuatro exjueces federales. Cumplió un papel determinante para que los ataques sexuales cometidos durante la última dictadura cívico militar, se pudieran visibilizar judicialmente y juzgar como delitos autónomos, excluyéndolos de esa manera, del concepto genérico de torturas. Hasta el 2010, eso no sucedía.
Ésta entrevista, fue realizada el mismo día en el que la agrupación Red Nacional Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia (H.I.J.O.S), denunció el ataque político contra una de sus integrantes. “Fue atada, golpeada, abusada sexualmente. Nuestra hermana sufrió amenazas de muerte de parte de sus captores”, señala el comunicado. Además, afirmaron que los agresores pintaron en la pared la sigla “VLLC” (Viva la libertad carajo). A Rosa le cuesta entender que algo así suceda en 2024.
“Cuando terminó su declaración, la escena montada para ese acto de Justicia no alcanzó, enmudeció y todo fue silencio. Ni el tribunal, ni los fiscales, ni los querellantes, ni los defensores, ni el público, ni la ley, ni el derecho, ni el Estado. Ni siquiera luego la sentencia – que si bien trajo algo de paz y reparación, porque Justicia es otra cosa- pudieron articular o pronunciar palabra alguna”. Las palabras pertenecen a Pablo Garciarena, miembro de Xumec y querellante por el Ejecutivo Nacional durante la Megacausa D2, quien se las dedicó a la protagonista de ésta historia el año pasado, durante un acto organizado por la entidad a la que pertenece.
La palabra de Rosa es tan valiente, que no necesita crónicas que hablen por ella. Solo hay que escucharla contar su historia.
Falta poco para que se cumpla un nuevo aniversario del 24 de marzo. Estamos atravesando un contexto claramente distinto al de años anteriores ¿Cómo lo afrontás, que significado tiene para vos?
Vivo este año de una manera muy distinta, con mucha angustia. Es como que vamos perdiendo derechos. Antes, cada vez que nos juntábamos era unirnos y saber que algo habíamos ganado.
H.i.J.O.S denunció hoy que una militante de su espacio fue golpeada y atacada sexualmente por dos personas que pintaron la sigla VLLC, en alusión a la frase Viva la libertad carajo, que usualmente utiliza el presidente, Javier Milei. ¿Creíste que situaciones como ésta volverían a pasar? ¿Cómo transitás éstas épocas dónde una parte de la política vuelve a reivindicar el terrorismo de Estado?
Tengo miedo, lamentablemente tengo miedo. Ahora vienen por nuestros hijos, por nuestros nietos. Estoy muy decepcionada de la gente, es como si no tuvieran memoria. Te hace sentir mal que a este gobierno y a este presidente se los siga justificando con todas las cosas de terror que dice. Es un momento que vivo con mucho miedo. No lo viví ni con Macri, que pensé que iba a ser una situación difícil, pero con este señor sí, tengo mucho miedo. Miedo por mis hijos, por mis nietos, por los nietos y por los hijos de los demás, por los compañeros, por los estudiantes, por las universidades que no pueden ser libres de expresar sus ideales.
¿Qué recordás de tu detención, del día en el que llegaste al D2?
El día que llegué al D2 fue terrible. Apenas me secuestraron (1 de junio de 1976) de la casa de mi mamá, que es donde yo llego a buscar a mi hijo, empezaron las torturas. Al día de hoy, marzo y junio son meses muy difíciles para mí, porque hasta mi cuerpo me lo demanda. Jamás lo voy a olvidar. He hecho mucha terapia, pero eso no se olvida. Fueron nueve meses en el D2 de violaciones. Si bien los que me violaron están presos, algunos siguieron haciéndome cosas cuando salí en libertad. Me perseguían o me dejaban sin trabajo. El paso por el D2 fue de terror. Torturas, meterme en un tacho de agua, corriente, en vagina, en la boca, en los pechos. Después todo lo que es el manoseo y las violaciones. Fue de terror.
Foto: gentileza Rosa Gómez
Tu relato fue uno de los que permitió que los ataques sexuales sean juzgados y condenados como tales en los juicios de lesa humanidad en Mendoza. ¿Cómo transitaste durante el juicio el hecho de tener que revivir aquella situación? ¿cómo afectó el desarrollo posterior de tu vida?
El hecho de las violaciones es algo que siempre tuve que hablar con gente amiga y con mucho miedo. Era como que yo tenía la culpa. Durante los 9 meses que estuve encerrada en las celdas, hubo momentos en los que grité. Mis compañeros los insultaban y pateaban las puertas para que no me violaran, pero después iban a sus celdas y les pegaban. Entonces, cuando entraban a violarme me quedaba callada la boca, era como que me quería ir de mi cuerpo mentalmente y espiritualmente. Y bueno, ahí pasaba lo que tenía que pasar. Fue dificilísimo; en un momento estuve sola en el D2, no había nadie en las celdas. Ahí se aprovecharon mucho más de mí. Eso no lo voy a poder cerrar, por más que lo hable, me cagaron la vida. Mi vida no fue igual, no es igual.
Mendoza pudo recuperar y señalizar el Ex D2 como un espacio para la memoria. Volviste con el primer juicio…
Fue muy impactante porque en realidad no sabía dónde estaba, dónde había sido, dónde había estado. Y la verdad que hasta el día de hoy digo cómo pasé tantos meses ahí, ¿no? no tenía colchón, no estaba abrigada, pasé frío, mucho frío. Fue un año de un julio muy frío y, bueno, fue la supervivencia. Tenía un hijo afuera por quien luchar. Así que, de todas maneras, siempre pensé que no salía, pero podría haber sido hoy una más de los desaparecidos. He vuelto en algunas situaciones con los jueces de nuevo y siento que los compañeros están todavía adentro, como que sus almas... Yo soy creyente, soy católica, y siento como ellos se quedaron ahí. Es una sensación muy triste, muy dolorosa. Evito ir porque me hace muy mal.
Durante los 9 meses que Rosa estuvo detenida, nunca la dejaron bañarse, higienizarse y la mantuvieron con la misma ropa.
Sos un ejemplo de resiliencia y valentía ¿Qué le dirías a las nuevas generaciones? ¿Cómo construimos un país que aún mantiene ciertos discursos de violencia?
La verdad que no sé si soy un ejemplo, pero te puedo decir que la lucha por la verdad y la justicia fue lo que me llevó a decir, a hablar en las universidades, a hablar en los juicios, y lo seguiré haciendo. Ahora con miedo, porque antes lo podíamos hacer distinto. En las universidades este año fue de terror las cosas que estaban puestas en las paredes, pero bueno, no voy a bajar los brazos. Tengo 74 años y voy a estar. Estaremos juntos en la marcha, estaremos juntos donde sea necesario, en las escuelas como lo hacemos, para que esto no vuelva a pasar y que la gente tenga memoria. Es lo que pedimos, nada más memoria, porque no va a ser fácil salir de este pozo.
Antes de terminar, Rosa me pide agregar un par de conceptos que describen su profunda dignidad y humanidad. “Tuvimos excelentes abogados que nos defendieron. El fiscal, Dante Vega, Pablo Garciarena y un grupo excelente de personas. También quiero destacar que los represores tuvieron muy buenos abogados, a los cuales me encontré después en la calle y tuvimos una charla muy linda. Ellos tuvieron quien los defendiera, tuvieron muy muy buenos abogados". Rosa, durante sus 9 meses en el D2, claramente no.