Aguafuerte del horror: violencia, niños secuestrados y una vida censurada
No se podía caminar libremente a cualquier hora por las calles, ni decir lo que se pensaba y la presión era tal que, explican quienes entonces eran jóvenes, hasta daba miedo pensar. En las escuelas había libros prohibidos y no se podían leer historietas. Tampoco se podía escuchar la música a gusto, ni juntarse libremente con amigos.
De repente, había familias que dejaban de estar. En Mendoza, por ejemplo, hubo casi 300 personas que desaparecieron porque fueron secuestradas y hoy la mayoría de sus allegados no tiene un lugar al que llevarle flores, un sitio para llorarlos. La mayoría tenía menos de 40 años y entre ellos hubo al menos 6 niños que dejaron de ir a la escuela; fueron arrancados de sus madres. “Mafalda no hubiera llegado a los 25 años porque estaría entre los desaparecidos”, le dijo el mendocino Joaquín Lavado, padre de Mafalda, a la periodista Norma Morandini al imaginarse a su rebelde personaje en esa época. Esa síntesis ilustra parte de lo que fue el horror que vivió Argentina entre 1976 y 19783, con la dictadura cívico militar.
Ese horror se inició antes en realidad, cuando los militares, las organizaciones paramilitares como la triple A (CAM, en Mendoza) y otras (Cómo.el.Comando Pio XIi), ya habían ejecutado secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos. En Mendoza hubo 275 personas desaparecidas, pero la cantidad de detenidos ilegalmente, torturados y víctimas de la violencia institucional se multiplican. Así quedó registrado a través de los testimonios de los sobrevivientes que pudieron declarar en las causas.
Hay al menos 6 niños que fueron secuestrados con sus madres. Es lo que ocurrió, por ejemplo, con María Inés Correa Llano, que era una joven de una familia acomodada de Mendoza que realizaba trabajo comunitario en el Barrio San Martín. Ella estaba embarazada y trabajaba como enfermera en el hospital Central. Fue secuestrada y se cree que dio a luz en cautiverio. Fue víctima del “operativo antijesuita”, donde también fue secuestrada y desaparecida María Leonor Mércuri. Los hijos de María del Carmen Moyano, de Adriana Bonoldi, de Lucía Nadim y de Nancy Domínguez vivieron el mismo horror. Incluso un niño de 11 años que cursaba sexto grado de la primera fue secuestrado. Rebeca Celina Manrique Terrera logró recuperar su identidad en 2007.
La vida cotidiana en Mendoza era distinta. Donde hoy funciona una escuela primaria y de nivel inicial, dentro del Liceo Militar General Espejo, había un centro clandestino de detención donde había personas encadenadas y torturadas. El principal sitio de ese horror era el llamado D2 de la policía: el Departamento de Inteligencia. Funcionaba en calle Belgrano, en pleno corazón de la Ciudad.
También ocurría algo similar en la Comisaría Séptima de Godoy Cruz. Hoy ese lugar fue reconvertido en un centro de la memoria y la cultura. En las paredes de los calabozos, que se pueden recorrer, se siente la energía del horror. El Comando de Infantería de Montaña también: en pleno parque San Martín, donde hoy hay varios edificios en ruinas, muchas personas detenidas fueron trasladadas. En Campo Los Andes, en el Valle de Uco, en Panquehua, Las Heras, en la Comisaría 25 de Guaymallén y en Las Lajas (camino a Villavicencio) también fueron identificados por los detenidos como centros clandestinos de detención.
Mendoza no estaba gobernada como ahora por un gobernador elegido por el pueblo. La Junta Militar había tomado el poder nacional y el país se dividió. Mendoza era parte de la llamada “Zona 3”, que tenía como centro a Córdoba, y en particular la subzona 33. La zona 3 tuvo como jefes a Luciano Benjamín Menéndez, José Vaquero, Antonio Domingo Bussi, Cristino Nicolaides y Eugenio Guñabes. A “Cuyo” lo gobernaron los militares Jorge Maradona, Juan Pablo Saá, Mario Lépori y Carlos Garay. La policía de Mendoza fue un aliado incondicional del aparato represivo liderado por los militares. Por eso los principales centros clandestinos de detención eran gestionados por esa fuerza provincial.
En Mendoza la represión había tenido éxito y como la provincia iba a ser sede del Mundial, también hubo operativos de secuestro diferenciados, ejecutados por el GE78 y en el que hubo al menos 11 desapariciones relacionadas. “Esta guerra conducida por las FFAA comenzó a desarrollarse hace unos meses, poniendo en marcha una campaña de cerco aniquilamiento. La campaña fue planteada combinando el cerco político con el aniquilamiento militar. Las FFAA han logrado importantes victorias en el interior del país: Córdoba, Mendoza, Noreste y Litoral son ejemplos evidentes”, relataba un documento secreto de mayo de 1976 en el que se ponía como prioridad a otras jurisdicciones.
En Mendoza los juicios por delitos de lesa humanidad tardaron en iniciarse y una de las rezones fue que la justicia federal era parte del aparato represivo. Ahora hay casi 100 condenados por esos delitos, entre ellos los jueces que durante la dictadura ayudaron a ejecutar el plan.


