Inseguridad: los datos que confirman la profundización de la crisis
La inseguridad se mantiene como una de las principales preocupaciones en la vida cotidiana de los argentinos, junto con la persistente inflación que afecta el poder adquisitivo de la población. Este flagelo se ve agravado por el incremento de la pobreza y la crisis social que azota al país, lo que ha generado un aumento significativo en los casos de robos y hurtos. En este desafiante escenario, los ciudadanos se enfrentan a una sensación de vulnerabilidad que parece no tener fin, mientras los gobiernos continúan sin lograr resolver eficazmente el problema.
La falta de soluciones efectivas se ve exacerbada, además, por la inacción y el garantismo por parte de muchos de los protagonistas del sistema judicial, lo que dificulta la aplicación de medidas contundentes para combatir la delincuencia. En rigor, la percepción de impunidad y la sensación de que los criminales no enfrentan consecuencias reales por sus acciones contribuyen a un ciclo de inseguridad que parece perpetuarse en el tiempo.
Ante este escenario, resulta imperativo que tanto los poderes ejecutivos como el judicial trabajen de manera coordinada y efectiva para abordar las causas profundas de la inseguridad y brindar respuestas concretas a las demandas de la sociedad. Es necesario implementar políticas integrales que no solo apunten a combatir el delito, sino también a generar oportunidades de desarrollo social y económico que contribuyan a reducir las condiciones que propician la criminalidad.
Por su parte, las fuerzas de seguridad enfrentan graves obstáculos en su labor diaria, ya que frecuentemente se encuentran operando con escaso equipamiento y, en muchos casos, percibiendo salarios magros que no corresponden con la importancia de su función en la sociedad. La falta de inversión en equipamiento adecuado y la insuficiente remuneración son aspectos que requieren una atención urgente.
Aunque los niveles de inseguridad se han extendido a lo largo y ancho del país, aún persisten pequeños centros urbanos que mantienen condiciones de relativa seguridad. Estas comunidades, caracterizadas por su cohesión social y una menor densidad poblacional, han logrado mantener tasas de criminalidad más bajas en comparación con las grandes ciudades. Sin embargo, esta realidad contrasta notablemente con la situación en las urbes más grandes, donde la complejidad de los problemas sociales y económicos ha dificultado significativamente la mitigación del alcance de este preocupante flagelo. En estas áreas urbanas densamente pobladas, la inseguridad continúa siendo un desafío constante para las autoridades y la población en general.
La inseguridad según la distribución geográfica
El Observatorio de la Seguridad de Verisure, la unidad de análisis e investigación de la compañía de protección integral para
hogares y pequeños comercios analizó cuáles fueron los barrios y ciudades de Argentina que registraron mayores hechos de inseguridad durante 2023.
En este sentido, el informe arrojó que la ciudad de Rosario concentró, sobre el universo total de casas y negocios estudiados en esta locación, un 5,2% de hechos delictivos, ubicándose primera en la escala de zonas vulnerables. La mayor cantidad de incidencias reales en la urbe santafesina se registró durante los días hábiles, con menor actividad delictiva los fines de semana. Se observó, también, que las intrusiones en los hogares se realizaron con mayor inclinación hacia las horas de oscuridad y, los robos a los negocios, durante el día.
En segundo lugar, se ubica la Costa Atlántica con un 5,07% de alertas críticas. Desde Verisure destacan a Mar del Plata y a Villa Gesell como las zonas donde hubo mayores registros delictivos, observando especial vulnerabilidad sobre aquellas propiedades consideradas segundas residencias que durante gran parte del año se encuentran vacías. Asimismo, siguiendo este ranking de locaciones, por debajo le siguen la ciudad de La Plata (5,04%) y Córdoba (4,80%).
Por su parte, Capital Federal concentró un 3,40% de reales en todo el año, y los barrios que detectaron mayores incidencias fueron Palermo y San Telmo. Por el contrario, Núñez, Devoto y San Cristóbal fueron los que menores registros delictivos alertaron.
Las zonas más tranquilas
Volviendo al interior del país, solo la ciudad de Santa Fe registró en todo su volumen de estudio el 3,30% de hechos y, en el caso de Mendoza, se informó un 3,04% de reales, ubicándose en el séptimo puesto de las áreas más vulnerables del país. En este caso, las zonas de Belgrano, San José y el centro de Godoy Cruz se resaltan como las más tranquilas de la provincia.
Por último, cierran el listado dos ciudades de la provincia de Buenos Aires: Tandil (2,80%) y Bahía Blanca (1,77%). Los registros involucran tanto a hogares como a comercios, y pueden representar desde intentos de robo reales o frustrados, intrusiones, altercados y, en menor medida, otro tipo de situaciones como incendios, inundaciones o emergencias médicas.