Filas interminables, playas con marejadas y temblores: el relato de un mendocino que viajó a Chile
Cruzó la cordillera buscando el descanso que prometen las playas chilenas, pero encontró una serie de eventos desafortunados que transformaron el viaje a Chile en una pesadilla. Un mendocino que viajó a La Serena relató los incidentes que debió enfrentar, desde una interminable espera en la aduana hasta la prohibición de disfrutar del mar debido a las fuertes marejadas.
“Nos pasó de todo”, cuenta Pablo con un tono mezcla de resignación y humor. El primer obstáculo fue el cruce fronterizo, donde las nueve horas de demora en la aduana chilena marcaron el inicio de una travesía que quedará para el recuerdo. “Nueve horas de aduana nos comimos, la fila era interminable”, detalla.
Cuando finalmente llegó a destino, esperaba relajarse en las aguas del Pacífico, pero el mar tenía otros planes. “Está muy picado, bandera roja. No te podés bañar, no te podés meter al mar”, explicó. Las playas de Chile, se encuentran restringidas debido a las marejadas, lo que frustró las expectativas de quienes buscaban un refrescante descanso. El fenómeno de marejadas anormales, se extiende en casi toda la costa chilena, desde Arica hasta el Golfo de Arauco.
Por si fuera poco, el descanso nocturno también fue interrumpido, otra vez por obra de la naturaleza. “Ayer tembló varias veces. Anoche, como a las 2, se sintió un temblor fuerte acá en La Serena. Y después, durante toda la noche y hasta ahora en la mañana, se han seguido sintiendo movimientos telúricos”, relató el mendocino. De acuerdo a la información del Instituto Nacional de Prevención Sísmica, el fuerte temblor tuvo una magnitud de 5.7 en la escala de Ritcher y se produjo a 94 kilómetros al oeste de Coquimbo.
“Venimos a descansar y no pegamos una. Entre las horas de aduana, el mar y los temblores, ha estado movido el día”, concluyó.
16 horas de aduana: "un maltrato total por parte de los chilenos"
Pablo no fue el único. Otra mendocina, que cruzó con su familia hacia Concón, compartió un testimonio aún más impactante sobre la espera en la aduana chilena. “Nosotras salimos a las 4:30 de la mañana de Mendoza y llegamos a Chile concretamente a las 3:00 del día siguiente. Fueron 16 horas de aduana y 22 en total”, contó.
La mujer describió una travesía plagada de demoras. “El primer stop fue en Punta de Vacas, donde estuvimos paradas dos horas en una playa gigante. Después subimos hasta pasar Puente de Inca y ahí estuvimos otras cuatro horas en la ruta. Para llegar al cruce, avanzábamos a paso de hombre. El problema fue que en la aduana chilena había solo tres casetas para migraciones, un trabajador para el control de autos y dos para revisar el equipaje”, recordó.
Entre los camiones y la falta de personal, la experiencia se tornó exasperante. “Un maltrato total por parte de los chilenos, un desastre. Antes estaba organizado, con horarios para que pasaran los camiones. Ahora, un caos absoluto”, lamentó.

