Las navidades y los cumpleaños: fechas que al principio desorientan
Queremos ver a nuestro hijo realmente contento, queremos que por primera vez tenga un cumpleaños muy feliz, queremos hacer realidad sus deseos y sueños y hacer una celebración que quede en la memoria de nuestros hijos y de toda la familia como un evento inolvidable. La realidad es que muchas veces nos sale el tiro por la culata y las cosas se dan al revés de lo planeado. Así les pasa a muchos padres adoptivos.
“No entiendo qué pasó… todo estaba bien hasta que… terminamos mal…” estas son algunas de las frases que expresan la posterior frustración de unos padres que deseando lo mejor e ilusionándose con un determinado desenlace o expectativa no encontramos con una realidad que no habíamos tenido en cuenta: la capacidad de nuestro hijo de sostener momentos felices.
Lo cierto es que esta capacidad se tiene que ir construyendo lenta y paulatinamente en quienes han tenido a la adversidad temprana y al estado de alerta como zona de confort. Aunque no lo creamos a veces la felicidad abruma, empuja a boicotearla por inmerecida, da vergüenza o desconfianza.
Tengamos en cuenta que, para todos, estas fechas son fuertes, tienden a remover el pasado, despiertan preguntas, deseos, propósitos, recuerdos, ausencias… y para nuestros hijos también. En estas fechas suelen evocar consciente o inconscientemente todas sus pérdidas, sobre todo en las primeras celebraciones después de llegar a casa.
En casa, los primeros años, siempre había una pelea en estas fechas. Alguien terminaba yéndose de casa a dar una vuelta o alguna se quedaba sola en la mesa u otra ofendida en su cuarto y las 12 de la noche pasaban con mucha más pena que gloria. Así es y es normal que suceda.
La ausencia de la madre de origen golpea en estas fechas y se hace sentir y hasta que la presencia de la nueva madre se haga contundente y vínculo crezca en su construcción este golpe lo sentimos todos; ellos y a decir verdad también nosotros. Esa presencia tácita está por más que la neguemos.
Por eso muchas veces es bueno prepararse para estas fechas y comentar que son fechas que nos traen el pasado a la memoria, que son fechas en las que “vas a estar pensando en tu mamá de origen y está bien que sea así y vamos a pedirle a Dios que ella esté bien”. Es bueno hablar de lo que pasa para suavizar el impacto y la extrañeza inicial de festejar estas fiestas de manera desconocida y con personas con las que quizás todavía nuestros hijos no se sienten en confianza.
Al principio puede ser que todo sea nuevo para ellos, los ritos, los regalos, los saludos y resulta extraña para nuestro hijo la confianza que todos se tienen, una confianza de la cual desea ser parte pero que aún no siente que posea.

En estas fiestas los vínculos están a flor de piel y se sienten… y para nuestros hijos éstos aún son débiles, inseguros, frágiles. A veces, sobre todo al principio, es mejor celebrar solamente con la familia chica, tanto el cumpleaños de nuestro hijo como las fiestas, para que de a poquito puedan ir abarcándolo y aprendiendo a disfrutarlo; a sentirse parte.
Sin estridencias, lo más sencillamente posible, en la simplicidad de lo pequeño celebremos el rito que cada uno celebra, dejando a nuestros hijos también darle sentido y celebración a cada fiesta según sus costumbres, según sus tradiciones, según su cultura para que juntos vayamos construyendo esa cultura común con la que todos podamos sentirnos identificados y en la que se pueda reconocer la historia de cada uno de los miembros de la familia.
Feliz navidad para ustedes queridos padres adoptivos y para sus familias desde el lo mas profundo del corazón.
* Cristina Ma. Goldaracena. Madre Adoptiva. Counselor en adopción y acompañamiento familiar

