La impunidad de las redes y el peligro de instalar mentiras desde el anonimato
X, la vieja Twitter ahora de Elon Musk, propuso libertad y ausencia de límites desde el momento mismo de su concepción. La audacia de establecer un puente de comunicación entre el emisor (quien sea) y el receptor fue total. De inmediato hizo saltar las bases de la comunicación clásica con el periodismo como primera victima directa.
La eliminación de la “intermediación periodística” fascinó al poder como un rayo. En el camino comenzó a aparecer otra victima, ocasional o continua: la verdad. En el mundo X, más que en ninguna otra red, la nueva verdad puede construirse con ladrillos de mentira. Y es difícil diferenciarlos. Hasta se elevó la cultura “fake ” al altar de lo verosímil. Es ahí donde el periodismo de fondo reaparece para restablecer equilibrios. Hay ejemplos evidentes de este proceso todos los días.
Un caso es el de una publicación de @PregoneroL en su cuenta de X, un usuario muy popular de esta red social, que acusó al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de "robar" con la obra pública. No solo al Gobierno, sino también al Pro, con los famosos "cambios de baldosas".
Mediante un video, mostró a obreros cambiando baldosas en una de las tantas avenidas porteñas. Una vereda en buen estado, algo que resonó muchas veces en el último tiempo. El caso es que el video, aunque no es netamente falso, si es mentira que se trate de una obra del Gobierno actual.
El ministro de Espacio Público e Higiene Urbana de la Ciudad de Buenos Aires, Ignacio Baistrochi, le respondió de forma contundente: "El video que compartiste es muy viejo, tiene más de un año y se trata de una obra finalizada. Estuvimos revisando registros actuales. Dejo fotos de como esta el lugar ahora".
El problema central, igualmente, no es la opinión que tenga @PregoneroL, sino la facilidad con la que se puede instalar una mentira a través de las redes sociales. Después, las excusas pueden ser un banal "es para ejemplificar", como un intento de recular, pero es centralmente un acto con un interés de dañar, porque "el otro está equivocado y yo tengo razón" ha como de lugar.
Al mismo tiempo, vale aclarar que, la posibilidad del ministro de responder es una herramienta de gran valor político, ya que antes debía esperarse a una comunicación oficial, ahora puede hacerse casi de forma inmediata. En este caso, que es solo un ejemplo de un problema mayor, un usuario respondió a Baistrochi: "Bien por el ministro salir a desmentir. Cada día más básica las operetas".



