La autentificación del arte y la Inteligencia Artificial
La historia indica que ya en el antiguo Egipto y la Mesopotamia las elites coleccionaban joyas, esculturas y cerámicas como muestra de poder. Los griegos atesoraban arte y los romanos siguieron su ejemplo. El nacimiento del mercado es por lo tanto antiquísimo. El arte, como reservorio de valor fue el siguiente paso e inevitablemente las copias y falsificaciones aparecieron casi al simultáneo creando una distorsión nunca resuelta.
En nuestros tiempos, cuando el volumen del mercado se ha expandido hasta lo indecible y las obras más preciadas superan los cientos de millones de dólares se han desarrollado las más diversas tecnologías para detectar errores y timos, esto es para separar la paja del trigo. Infaltable a esta hora la omnipresente inteligencia artificial IA vino a decir presente con la pretensión de “revolucionar un panorama complejo y aportar soluciones ofreciendo (chat GPT dixit) herramientas avanzadas y métodos que superan las capacidades humanas en precisión y eficiencia”.
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En un caso relativamente reciente mediante un sistema de inteligencia artificial desarrollado por un profesor de computación visual en la Universidad de Bradford, en Inglaterra, se “develó” la verdadera autoría de “La Virgen de la rosa”, una obra que el Museo del Prado presenta como original de Rafael de Sanzio procedente de la Colección Real, de la que hay referencias en España desde el siglo XVII.
La obra muestra a la Virgen María con el Niño en brazos y a su lado Juan (quien sería luego el Bautista). Por detrás aparece José, el esposo de María. El nombre proviene de la rosa que aparece en primer plano en la escena, que sería un agregado muy posterior. El Prado la titula alternativamente como “Sagrada Familia, con San Juanito”, la cataloga como originalmente pintada sobre tabla (luego fue traspasada a lienzo) hacia 1517
Los estudiosos reconocen en la obra la inspiración de la “Virgen del huso” de Leonardo, con quien Rafael se frecuentó y confrontó por aquella época. Esa obra se extravió y la que acá reproducimos es una de las copias que hoy subsisten. El informe de la IA sostiene ahora, que la mayor parte de la pintura es de Rafael, pero en cambio la figura de San José sería de otra mano.
Categóricamente se afirmó, que el análisis del programa de IA demostró en modo conclusivo que la figura de la Virgen, Jesús y San Juan Bautista son inequívocamente de Rafael, mientras que la de San José, no. La palabra oficial en cambio, (la del Museo) sostiene: “No hay duda sobre su atribución a Rafael. “Aunque se postula que los que diferentes miembros del taller intervendrían en una u otra parte, lo que ha hecho que algunos especialistas consideren la participación de la bottega en la ejecución de partes anecdóticas de los personajes, los recientes estudios sobre la producción tardía de Rafael han demostrado que los métodos de colaboración eran más sofisticados, siempre controlados por el maestro y se limitaron a obras de gran tamaño.
En definitiva, el Prado, no solo ignora el aporte de la IA sino que ratifica la paternidad del cuadro. Y de paso abre un debate que ha de ser largo.
Nadie puede dudar que los algoritmos de la nueva herramienta pueden identificar patrones específicos de cada artista, como las pinceladas texturas, pigmentos, composiciones, paletas etc.
Sin embargo para ello requieren un aprendizaje que debe basarse en la disponibilidad de una importante cantidad de obras que de forma indubitable sean originales del artista a quien se atribuye la obra analizada. Obviamente, en muchos casos (la mayoría, diría yo) esto no está disponible. Volviendo a Leonardo, desafiaría al programa de la Universidad inglesa, a dictaminar sobre la autenticidad del “Savator Mundi” (Ecce Homo) que se pagó el récord de cuatrocientos cincuenta millones de dólares.
Me inclino a pensar que el ojo humano de expertos y el estudio de la procedencia, antecedentes y documentaciones de eruditos son por el momento imprescindibles.
Ellos podrán en el futuro contar con una herramienta más cuya utilidad está por verse.
* Carlos María Pinasco, consultor de arte.
Carlosmpinasco@gmail.com