Presenta:

Gardel y su último tango en Mendoza: los lugares donde cantó y la curiosa historia de sus visitas a la provincia

Hoy es el Día del Tango. Un buen momento para recordar las visitas que Gardel hizo a Mendoza, con una curiosidad: el día en que se quedó más tiempo por un paro.
Foto: esacademic.com
Foto: esacademic.com

Sin dudas: cada día canta mejor. Es Carlitos, “El Troesma”, el Zorzal Criollo, el Mago, el Mudo, el Negro, el Imbatible, el Rey del Tango. Gardel, sustantivo propio que se convirtió indiscutidamente en adjetivo sinónimo de gloria dentro del arraigo nacional. “Es Gardel”. El mismo Morocho del Abasto que pasó por Mendoza; y hasta dice la leyenda urbana que dejó, en la misma tierra del vino y la tonada, más de un corazón roto de varias percantas cuyanas que se arrimaron a verlo en sus funciones y quedaron prendadas ante sus melodías de arrabal.   

Vale entonces recordar a Gardel en sus ocasionales pasos por Mendoza. Precisamente recordarlo hoy, un 11 de diciembre, cuando en honor a su día de nacimiento y el de Julio de Caro (1899 - 1980) se conmemora el Día Nacional del Tango. Es justo plantearlo también, aunque todavía “nos saquemos los cachos” sin tener muy en claro en qué año y en qué ciudad nació (algo muy secundario en nuestra tradicional cultura popular), pues Gardel es nuestro y por Mendoza dejó su marca.

En el centenario de la avenida Las Heras

Desbordaba esa calle Las Heras. La avenida de la estación del ferrocarril y del mercado central; también llamada la calle “circunvalación norte” que por aquellos tiempos contaba con un bulevar al medio. Esa arteria principal fue testigo directo un 16 de noviembre de 1917 de la primera presentación de Gardel en Mendoza, junto al “yorugua” (uruguayo) José Razzano y el “grone” José Ricardo.

Gardel había llegado a la estación del Tren Trasandino, por aquel entonces en la calle del Colegio Nacional (hoy Belgrano) y Sargento Cabral, proveniente de una gira por Chile. Eran tiempos políticos críticos en que Mendoza estaba gobernada por Francisco Segundo Moyano, apodado por sus opositores como “Don Pancho Hambre” (a los días será destituido por la intervención federal del yrigoyenista Eufrasio Loza en medio de una gran crisis social y económica de la provincia, enmarcado todo en plena primera guerra mundial).

Los músicos de alojaron en el devenido hospedaje llamado “de la Casa Alta”, por ser la histórica primera casa de dos plantas de Mendoza, que había pertenecido al ex gobernador Carlos González Pinto (San Martín y Necochea). En su planta baja funcionaba la pituca Confitería Colón.

La actuación fue en el pionero Cine Centenario (inaugurado con el nombre de Continuo en 1912, en la actual esquina de 9 de Julio y Las Heras). Con facha de galán, ese Gardel veinteañero se presentó con una pinta bárbara, cubierto de flamante smoking negro, chaleco, faja y moño (como indicaba la etiqueta). “Mi noche triste” abrió la velada: “(…) La guitarra en el ropero todavía está colgada / Nadie en ella canta nada, ni hace sus cuerdas vibrar / Y la lámpara del cuarto también tu ausencia ha sentido / Porque su luz no ha querido / Mi noche triste alumbrar”. Y así siguió la noche. “A mi morocha”, “El sol del 25”, “Entre colores”, “Ya canta el gallo” (luego es de mañanita /ya canta el gallo /pero en su solo canto /yo estoy llorando y lloro por ti), entre otras.

Así pasó esa actuación. Una huelga ferroviaria hizo que el regreso a Buenos Aires se postergará por unos días. Más allá del trastorno gremial, en el fondo, un buen motivo para tener algunas jornadas más a Gardel en la provincia, que por esos tiempos en Mendoza solo se conocía por discos de pasta que se compraban en “Casa Lepage” (hoy avenida Godoy Cruz al 140). Era un Gardel joven, con voz de tenor (luego mutará al tipo barítono) y en su repertorio tenía también mucho de música folklórica. Estaba lejos de tener multitudinaria fama mundial, aunque ya pintaba como ídolo popular.

El último tango en Mendoza

El inicio de la “segunda visita oficial” a Mendoza y debut de esa gira será el 29 de junio de 1933 en el famoso Teatro Palace, que estaba ubicado en San Martín, donde “topa” avenida Godoy Cruz. Decimos segunda visita oficial porque encontramos testimonios orales (no confirmados) de que habría existido un viaje relámpago a Mendoza en 1924 con motivo de una gira por el norte y que invitado por un encumbrado bodeguero se desvió de su periplo original para satisfacer al empresario y en paralelo dar lugar a otras de las pasiones de Gardel, que lo sedujo más que venir a cantar exclusivamente para el selecto círculo rojo menduco: los burros y el turf.

Lo cierto fue que en la gira artística “oficial” a Cuyo de 1933 ya no vino acompañado de Ricardo, ni tampoco con Razzano, quien había abandonado las actuaciones por su grave problema de salud en las cuerdas vocales. Llegaron con Zorzal los consagrados músicos: Petorossi, Barbieri, Riverol y Vivas.

Gardel se alojó en el lujoso Plaza Hotel y durante su estadía en Mendoza existen registro de visitas a bodegas (el jet set local “moría” por tenerlo como visitante), al Pasaje San Martín, el parque y el monumento del Cerro de la Gloria. Realizó funciones por tres días y continúo su gira por San Juan.

Ese será “el último tango en Mendoza” de Carlitos. Una extensa gira por países americanos, más su proyección como actor cinematográfico en Hollywood, consolidaban un rutilante camino plagado de éxitos y popularidad.

Pero la caprichosa yeta del fulero destino hizo que “la Parca” lo encontrara cuando se cayera su avión. La pucha que macana haberlo perdido tan pronto. En Medellín; el 24 de junio de 1935. Si parece una cachada cruel. Nunca será al cuete recordarlo. Mucho más en el día del “gotán” y cuando tras su inolvidable paso por Mendoza quedaron todos colifatos, embobados, tras su presentación. Todos fascinados; como en curda. Los que se sentían fieles gomias, los otarios de ocasión, la yuta de la taquería, los chantas, los cajetillas y los fifí, los atorrantes, los calaveras del piringundín, los bacanes, los cusifai de la barra seguidora y aquellas pebetas a quienes les hizo añico el corazón.