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La venta libre de armas de gas comprimido: ¿una amenaza latente para la seguridad pública?

Esto no solo reduciría el acceso de los delincuentes a estas armas, sino que también contribuiría a mejorar la seguridad pública, protegiendo tanto a los ciudadanos como a las fuerzas de seguridad.
El problema fundamental es que muchas de estas armas son réplicas casi idénticas a las armas de fuego reales. Foto: Archivo MDZ
El problema fundamental es que muchas de estas armas son réplicas casi idénticas a las armas de fuego reales. Foto: Archivo MDZ

Hace unos días, mientras caminaba por el centro de Mendoza, una vidriera repleta de pistolas llamó mi atención. Intrigado, entré al comercio y pregunté los requisitos para adquirir una de esas armas, que a simple vista parecía muy real. Para mi sorpresa, el vendedor me informó que no se requeriría ningún permiso. Cualquier persona, incluso menores de edad, podían comprarlas por un precio que rondaba entre los 300 y 400 mil pesos. 

Este breve intercambio me llevó a reflexionar sobre la alarmante accesibilidad de estas armas y los riesgos asociados a su venta libre. Si estas armas de gas comprimido no son letales, ¿por qué representan un peligro para la seguridad pública? Esta es la pregunta clave que intentaremos responder a lo largo del artículo, explorando el impacto criminológico, el vacío legal en su regulación y los riesgos inherentes a su proliferación.

Estas armas de gas comprimido no son letales.

Qué son las armas de gas comprimido

Las pistolas de gas comprimido funcionan mediante la liberación de dióxido de carbono (CO2), que impulsa pequeños proyectiles a gran velocidad. Se comercializan como alternativas no letales a las armas de fuego convencionales, y sus principales usos legítimos son el deporte y la recreación. Sin embargo, a pesar de no estar diseñados para matar, pueden causar graves heridas y, en casos extremos, incluso la muerte, si se usan de manera imprudente o se modifican para aumentar su potencia.

El problema fundamental es que muchas de estas armas son réplicas casi idénticas a las armas de fuego reales. Esta similitud las convierte en herramientas peligrosas cuando caen en manos de delincuentes, ya que pueden utilizarse para intimidar y cometer delitos con la misma efectividad psicológica que un arma de fuego convencional.

Análisis criminológico: el riesgo del uso delictivo

Cualquier objeto con capacidad para causar daño o intimidación puede ser explotado por los delincuentes, y las armas de gas comprimido no son la excepción. Aunque se consideran "no letales", su realismo y capacidad para herir las hace atractivas para quienes buscan cometer delitos sin las consecuencias legales más severas asociadas a las armas de fuego tradicionales.

En un asalto, la diferencia entre una pistola de gas comprimido y una real es irrelevante para la víctima; el miedo y la amenaza que generan son idénticos. Los delincuentes pueden adquirirlas sin restricciones y utilizarlas en actos delictivos sin enfrentarse a las mismas sanciones legales que quienes portan armas de fuego. Esto crea un vacío legal que, en la práctica, facilita su uso en crímenes como robos o intimidaciones, generando un riesgo significativo para la seguridad pública.

 Los delincuentes pueden adquirirlas sin restricciones.

Impacto en la seguridad pública

La proliferación de armas de gas comprimido tiene un efecto directo en la percepción de seguridad de la sociedad. Cuanto más accesibles sean, mayor es el riesgo de que sean utilizados en contextos delictivos, como robos, intimidaciones e incluso agresiones físicas. La facilidad con la que se pueden adquirir, sin controles ni permisos, pone a la población en una situación vulnerable.

También las fuerzas de seguridad, en situaciones de alta tensión, no siempre pueden distinguir entre una pistola real y una de gas comprimido, lo que aumenta la posibilidad de tragedias que podrían evitarse con un marco legal más claro y controles efectivos sobre la venta de estas armas.

La diferencia legal entre armas de fuego y armas de gas comprimido

La legislación penal argentina establece una distinción crucial entre las armas de fuego y las armas de gas comprimido. Según el Código Penal, el uso de un arma de fuego en la comisión de un delito agrava considerablemente la pena impuesta. El artículo 189 bis sanciona severamente la tenencia y portación de armas de fuego sin autorización. Sin embargo, las armas de gas comprimido, al no ser consideradas armas de fuego bajo la normativa vigente, no están sujetas al mismo nivel de control o sanciones. 

Aunque no disparen proyectiles mediante pólvora, su apariencia realista y su capacidad para intimidar y causar daño las convierten en herramientas eficaces para los delincuentes. A pesar de este riesgo, quienes las usan en actos delictivos se enfrentan a penas mucho menos severas que aquellos que portan armas convencionales.

Quienes las usan en actos delictivos se enfrentan a penas mucho menos severas.

La urgente necesidad de regulación

La venta libre de armas de gas comprimido representa un riesgo significativo para la seguridad pública. Si bien tienen usos legítimos en el ámbito deportivo y recreativo, su apariencia realista y la facilidad con la que pueden adquirirse los convertir en herramientas peligrosas cuando son empleadas con finos delictivos.

Es fundamental que las autoridades tomen medidas urgentes para regular su venta. Las armas de gas comprimido deben estar sujetas a un control más riguroso, que incluye restricciones sobre quiénes pueden comprarlas y la obligatoriedad de permisos o registros. 

Eduardo Muñoz.

* Lic Eduardo Muñoz. Criminólogo y criminalista. Especialista en prevención del delito. Consultor de seguridad integral

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