Dos veces perdida: la parodia en el Teatro Colón
Parodiar una ópera puede resultar convertirse en un acontecimiento relacionado al arte o caer en la trampa del absurdo. Orfeo en los infiernos de Jacques Offenbach en el Teatro Colón, con Dirección de Escena de Pablo Maritano conjuntamente con Cristian Baldini en la Dirección Musical, ambos superaron con creces esta opereta en cuatro actos brindando una versión encantadora y brillante que combina un tono pastoral con la sátira mundana.
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Orfeo es un personaje mitológico griego, hijo de Apolo y Calliope, conocido por su extraordinaria habilidad musical (en la versión del Teatro Colón es violinista) y que de este modo encantaba a dioses y mortales. Su amor es Eurídice, ninfa de la selva. Viven felices hasta que ella muere mordida por una serpiente venenosa. Orfeo, desconsolado por la pérdida de su amada, viaja a los infiernos para rescatarla.
Con su música y canto, conquista a los dioses del inframundo
Logra que le permitan llevarse a Eurídice de regreso al mundo de los vivos, con una única condición: no mirar hacia atrás hasta que salgan de los infiernos. Sin embargo, Orfeo no resiste mirar hacia atrás y al hacerlo, pierde a Eurídice por segunda vez. Esta vez, de manera definitiva.
En Orfeo en los infiernos, en lugar del coro griego que comenta la acción, de acuerdo con su uso en la tragedia antigua, un personaje lo encarna bajo la figura y el nombre de la Opinión Pública. Continuando con la subversión del mito, se presenta a Orfeo y Eurídice como un matrimonio con graves conflictos que no se soportan entre sí y donde cada uno tiene su amante. Plutón decide raptar a Eurídice y llevarla al Infierno. Los dioses del Olimpo presididos por Júpiter intentan rescatar a Eurídice y es la opinión pública quien lo convence a la fuerza a Orfeo para socorrerla. El que dirán pesa más que el deseo de Orfeo por quedarse sin ella, a pesar que Eurídice quiere permanecer lo más “mosca” disfrutando a su modo del Infierno.
Todo ocurre en esta sátira, desde la inclusión de la maquinaria inventada por David Cronenberg en el increíble film La mosca (1986); un Off gigante para combatir insectos y el famoso baile del cancán como catarsis final. Una maravilla. Hace años que en una ópera no disfrutaba tanto de la música acompañada por el humor.
Eurídice dos veces perdida es un concepto desarrollado por Jacques Lacan quien lo toma del mito griego entre Orfeo y Eurídice. La primera pérdida de Eurídice se refiere a su muerte que la separa de su amado Orfeo y que significa la inevitabilidad de lo que como humanos vamos a pasar cada uno de nosotros. La segunda pérdida ocurre cuando Orfeo, al mirar a Eurídice, la pierde nuevo. Este acontecimiento es más profundo, ya que simboliza la imposibilidad de poseer de modo completo al objeto del deseo.
Por eso esta segunda pérdida tiene consecuencias importantes que el psicoanálisis resignifica como metáfora:
- Lo imposible del deseo: el deseo humano es inherentemente de carácter insatisfecho.
- La falta y la ausencia: con ellas se construye el deseo y forman parte de él.
- La relación entre el sujeto y el objeto de deseo resulta siempre problemática.
Asimismo el mito de Orfeo y Eurídice le permite a Lacan simbolizar la imposibilidad y la falta en ser como elementos constitutivos de la condición humana. La primera pérdida es la muerte, la segunda pérdida es la mirada que representa la imposibilidad de poseer completamente al objeto de deseo. Esta pérdida es más significativa que la primera porque en esa mirada se encuentra la tentativa de hacerla existir.

Un objeto de deseo que siempre se escapa
En definitiva la tensión comprende un trayecto entre el deseo y la realidad. Siempre en estas columnas, hacemos referencia al deseo como constructor de la subjetividad ya que define quienes somos y qué queremos. Esta obra de arte que he visto en el Colón nos resulta útil para comprender la complejidad del concepto de deseo humano y su relación con los otros. El rol que en la obra cumple la opinión pública es que necesita saber cuál es la verdad. Esa, que también se escapa y que llegamos sólo a conocer en parte.

* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.
