El importante trabajo de un laboratorio para conocer el pasado, pensar el futuro y fomentar el turismo en Mendoza
Ubicado en el corazón de la precordillera mendocina, el Valle de Uspallata fue un punto clave para las poblaciones humanas desde hace más de 12 mil años. En la actualidad, este paraje de paisajes impresionantes y biodiversidad única se convirtió en un laboratorio natural, un campo de investigación de primer nivel para arqueólogos y científicos sociales, para entender las dinámicas de los grupos humanos que habitaron la región. Además, significa un aporte particular para pensar el futuro y fomentar el turismo en la provincia de Mendoza.
Las arqueólogas Daniela Guevara y Sol Zárate Bernardi se dedican a investigar los modos de vida de las sociedades prehispánicas que habitaron Uspallata, con especial atención en los aspectos demográficos, sociales y ambientales de esas poblaciones. A través del análisis de los restos óseos y los sitios arqueológicos en este laboratorio, Guevara busca responder preguntas claves sobre cómo estas personas se organizaban, vivían e interactuaban con su entorno. De esta manera, se pueden responder preguntas claves sobre el pasado y el futuro.
Pasado, presente y futuro
Guevara explica a MDZ que, "el valle de Uspallata contiene un contexto arqueológico y bioarqueológico de gran envergadura para la Arqueología regional, posee un notable registro de sitios arqueológicos ubicados cronológicamente entre AD 700-1500, lo cual sugiere que fue un nodo de asentamiento persistente durante casi 900 años". A su vez, comenta que el área estuvo bajo control del Estado Inka, en el extremo sur del Tawantinsuyu -nombre que los incas le dieron a su imperio, que significa "Las Cuatro Regiones Juntas"- como lo demuestra la presencia de varios sitios arqueológicos con arquitectura asociada relacionados con el Qapaq Ñam o camino Inka.
La paleodemografía es uno de los ejes de la investigación y se relaciona con el estudio de la composición de las poblaciones humanas en el pasado, con el objetivo de reconstruir la estructura familiar, las edades y el sexo de los grupos humanos que habitaron la región. Este tipo de investigación, según la arqueóloga, ayuda a entender cómo se organizaban estas sociedades, sino también cómo se adaptaban a su entorno.
"Los sitios con restos humanos abarcan un periodo clave de cambios socioeconómicos que engloban un proceso de reducción de la movilidad, aumento en el consumo de recursos C4 (muy posiblemente maíz), ingreso de poblaciones migrantes y la incorporación de la región al imperio Inka en el AD 1400. Estos estudios aportarán conocimiento a las discusiones actuales sobre los efectos de la llegada de poblaciones migrantes, el aumento en el consumo de recursos domesticados y la incorporación al imperio Inka, en la demografía y la salud de las poblaciones locales del valle", sostiene Guevara, citando a Barberena y Durán.
En ese sentido, la paleopatología, otro campo de estudio en el que se especializa, busca rastros de enfermedades o dolencias en los huesos, lo que podría indicar cómo las actividades de subsistencia (caza, recolección, pastoreo y, eventualmente, cultivo) afectaban a las personas. Además, este laboratorio natural "evalúa en una escala espacial micro-regional un tema de relevancia antropológica global, como lo es el impacto de los procesos de migración y el aumento en el consumo de especies domésticas sobre la demografía, la salud y las escalas de interacción social", expresa la arqueóloga.
El Valle de Uspallata, con su abundancia de agua y una biodiversidad vegetal y animal única, fue un lugar atractivo para las ocupaciones humanas. A lo largo de los milenios, los grupos que habitaron la zona pasaron de ser cazadores y recolectores a incorporar prácticas de agropastoreo. Estos cambios en las formas de subsistencia no sólo transformaron la manera en que las personas interactuaban con su entorno, sino que también dejaron huellas en sus cuerpos. Las enfermedades derivadas de la domesticación de animales y la agricultura, así como el manejo del agua en un ambiente tan árido, influyeron en la salud de las poblaciones, lo cual es reflejado en los estudios de paleopatología.
¿Cómo aporta este sitio en el sector turístico?
Para el turismo de Mendoza, y especialmente de Uspallata, Guevara señala que el trabajo del laboratorio natural es esencial, ya que sirve para conocer los procesos históricos que han tenido lugar en el valle, así como valorar y proteger los sitios arqueológicos que preservan las historias de vida de las poblaciones antiguas.
"La convivencia con la naturaleza, la historia, los pueblos originarios y la comunidad local otorgan al valle de Uspallata un carácter único, que enriquece su atractivo turístico. Este entorno permite mostrar al mundo la riqueza de una región habitada desde hace al menos 12.000 años", asegura.
Por su parte, el fascinante estudio del arte rupestre de Zárate Bernardi -en particular los petroglifos que se encuentran en las rocas del Cerro Tunduqueral- permite comprender las prácticas ceremoniales de los grupos humanos, la relación entre ellos y con el territorio, sus códigos, sus tradiciones y las formas de comunicación de las sociedades prehispánicas. Se trata de una importante contribución al patrimonio cultural.
"Mi objetivo es que los habitantes de Uspallata reconozcan y valoren esa herencia, entendiendo que forman parte de una historia viva", afirma Zárate Bernardi. La puesta en valor de los sitios arqueológicos y la preservación del arte rupestre no solo tienen una importancia científica, sino que también pueden fortalecer el sentido de identidad y pertenencia de la comunidad local, en especial en tiempos donde el turismo desregulado y las nuevas dinámicas de desarrollo amenazan con cambiar la fisonomía de la región.
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