Las señales que alertan cuando los videojuegos se convierten en una adicción
El auge del uso de videojuegos entre niños, niñas y adolescentes ha generado tanto entusiasmo como preocupación en los últimos años, especialmente tras el confinamiento por la pandemia. Mientras que para algunos educadores y familias los videojuegos son herramientas que potencian habilidades cognitivas y proporcionan entretenimiento, otros advierten sobre los riesgos que pueden surgir si no se regulan adecuadamente generando posteriormente adicción.
Ante este escenario, la pregunta que muchos se hacen es: ¿Cómo se puede lograr un equilibrio entre los beneficios y los peligros de esta forma de entretenimiento?
En Argentina, el número de personas que juegan videojuegos ha alcanzado cifras impresionantes, con más de 26 millones de usuarios, lo que representa el 56% de la población. Estos datos fueron extraídos del estudio realizado por Newzoo, "The PC and Console Market Outlook", que detalla la situación actual del mercado en el país.
Uno de los principales desafíos que enfrentan las familias y la comunidad educativa es el tiempo que los jóvenes dedican a este entretenimiento. Según Darío Álvarez Klar, fundador de la Red Educativa Itinere, recientemente nominado como uno de los diez líderes educativos de América Latina por T4 Education, los videojuegos pueden tener un impacto positivo en el desarrollo de habilidades cognitivas. "Muchos de estos juegos requieren que los usuarios procesen información, diseñen estrategias y mejoren su coordinación", comentó en un episodio del podcast "Conversaciones en Red".
De hecho, algunos educadores han comenzado a incorporar videojuegos en sus estrategias pedagógicas, reconociendo su capacidad para motivar y enganchar a los estudiantes. Sin embargo, también señaló la preocupación de muchas familias por el tiempo excesivo que los jóvenes pasan frente a las pantallas.
Uno de los síntomas más comunes de esta adicción es el "tiempo excesivo dedicado a jugar, donde se descuidan otras actividades importantes como estudiar, hacer la tarea, las relaciones con otros niños y el autocuidado". Además, resalta cambios en el comportamiento como irritabilidad y ansiedad cuando se les impide jugar.
Por su parte, Milagros Schroeder, coordinadora de Educación en Faro Digital, coincidió en que los videojuegos pueden ser valiosas herramientas de aprendizaje si se utilizan adecuadamente. Sin embargo, hizo hincapié en la importancia de reflexionar sobre las historias y mensajes que estos juegos transmiten, destacando que muchos promueven narrativas de violencia o refuerzan estereotipos problemáticos. “Es crucial analizar el contenido de los videojuegos para que puedan ser integrados en el desarrollo cognitivo sin desatender otros aspectos fundamentales”, subrayó Schroeder.
Pero no todo es positivo. La Organización Mundial de la Salud ha incluido la adicción a los videojuegos dentro de los trastornos mentales, lo que plantea serias preocupaciones sobre su impacto en la salud mental de los jugadores.
Según la psicóloga Sonia Almada, esta adicción puede generar aislamiento social, ansiedad e irritabilidad, especialmente cuando el tiempo de juego comienza a interferir con otras actividades importantes como los estudios o el autocuidado.
Ante esta realidad, el rol de los adultos, tanto en el hogar como en la escuela, es esencial para regular el uso de los videojuegos. Álvarez Klar remarcó que los padres y docentes son la primera línea de prevención, debiendo establecer horarios claros para el uso de pantallas y fomentar actividades alternativas. "Es necesario que los adultos estén atentos a los primeros signos de dependencia y actúen antes de que el problema crezca", añadió. "Son los adultos a cargo quienes deben buscar actividades paralelas y no permitir que el videojuego interfiera en la salud de los más jóvenes, fijándoles horarios para usar las pantallas, no dándoles dispositivos antes de tiempo y estando alertas ante los primeros síntomas", enfatizó.
Schroeder también destacó la necesidad de que las instituciones educativas comprendan mejor las dinámicas detrás de los videojuegos y desarrollen estrategias pedagógicas que incluyan un análisis crítico de sus narrativas y modelos de negocio. Esto permitiría a los estudiantes aprender a interactuar con los juegos de manera saludable y consciente, evitando caer en comportamientos adictivos.
En resumen, aunque los videojuegos ofrecen oportunidades de desarrollo cognitivo y entretenimiento, es crucial que su uso sea monitorizado y moderado. La clave, según los expertos, está en establecer límites y fomentar el diálogo entre padres, docentes y jóvenes para evitar que esta actividad se convierta en un problema.

