Tengo cáncer de mama: cómo se lo digo a mi vieja, como se lo digo a mi hija
Me llamo Alicia Carmen Rodríguez, tengo 58 años. En noviembre de este año ya se cumplen diez años de una noticia inesperada, que si bien lo imaginaba cuando me detecté un nodulito debajo de mi mama derecha. Igual tuve que hacerle frente, como a cualquier otro problema, lo que me llevó una semanita procesarlo e ir a una consulta médica y sin contarle a nadie, porque no quería que se preocuparan.
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Al realizar la consulta y ver a una profesional que ni conocía, con sólo decirme que tenía que ocuparme del tema y ver a mi médico ginecólogo, ahí comenzó mi preocupación, pero no por temor a lo que me diagnosticaran, sino a contarlo en mi ámbito familiar(esposo/madre/hija) que así se componía en ese momento.
Mi esposo: el primer paso
Necesitaba que me acompañara a la consulta de mi médico, al realizar dicha consulta, en ese momento me derivó al mastólogo, que estaba en el mismo hospital, una vez que el especialista ve los estudios y me revisa, ya me diagnosticó lo que no me hubiese gustado escuchar nunca: cáncer de mama.
Ahí mismo me dio la fecha de operación para el 22 de diciembre, por supuesto no pude evitar las lágrimas porque estaba en pleno preparativo de los 15 años de mi hija que serían al año siguiente y al contarle al médico, me dijo que me quedara tranquila porque todo iba a estar muy bien, me sentí muy contenida, pero mi preocupación también era por cómo le daría a mi mamá y a mi hija semejante noticia.
No fue fácil, pero tuve que sacar coraje para hacerlo y la fe que uno tiene, ayudó mucho para este momento tan cruel.
Al llegar del hospital: mi mamá
Llantos que no tenían consuelo, pero eran inevitables. Le pedí que tratara de estar bien, porque todavía no le contaría a mi hija, ya que estaba finalizando su primer año de secundaria y con los últimos exámenes y no quería que esto sea un motivo para bajar sus notas.
El momento más difícil: mi hija
Llegó el día más difícil de mi vida: tener que darle esta noticia a mi hija adolescente de 14 años. Nos reunimos los cuatro en casa de mi mamá para merendar y le dije que teníamos que contarle algo. Por supuesto no fue fácil, porque al vernos las caras no eran de felicidad, sino todo lo contrario. Eran de preocupación y en ese momento tomé coraje y se lo dije de una. La primera reacción fue preguntarme qué me iba a pasar, a lo que le respondí nada, porque todo iba a estar bien ya que me tenían que operar. Ahí nomás me abrazó y se puso a llorar, como también mi mamá. Era una reacción esperable.
El momento de la operación
Siempre estuve muy bien acompañada, desde mi familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y conocidos. Siempre tuve que contener a mi mamá porque cada estudio y visita al hospital se bajoneaba, ya que no entendía por qué a mí me estaba pasando todo esto, pero le expliqué que cada persona en su vida tiene una cruz para cargar, unos más otros menos, pero cruz al fin y hay que afrontar lo que nos toca sin renegar.
Por supuesto que nunca pensé en bajar los brazos porque tenía un motor muy importante, mi hija, para seguir adelante. Si bien todo lo que pensaba y hacía era en función de ella, también fui correspondida de la misma manera, porque me acompañaba en todo, a tal punto que una tarde cuando mi mamá la fue a buscar al colegio, ya habían arreglado de antemano pasar por la peluquería donde siempre vamos, porque para acompañarme una vez más en lo que me estaba sucediendo.
Decidió cortarse el pelo, tenía un pelo largo lleno de bucles, pero ella quería de algún modo estar a mi altura que yo ya estaba pelada. Fue una tarde muy difícil para mí, porque nunca me hubiese imaginado semejante cosa de su parte, hasta que entendí lo que a mi hija también le estaba pasando y no podía dejar de llorar de tanta emoción.
Siempre agradecida a la vida
A cada uno de los profesionales que me han asistido y me asisten, ya que, sin ellos, además de la fe y esperanza que tenía, nada podría haber sido posible. Hoy puedo decir y aconsejar a mujeres y hombres que nunca dejen de realizarse los controles que se necesitan para la prevención de esta enfermedad y quienes están pasando por esta situación no bajen los brazos porque mi lema es “si se quiere, sí se puede”
Gracias por ofrecerme poder compartir un poquito de mi experiencia y así de esta manera ayudar a quien lo necesita en un momento tan difícil.
* Alicia Carmen Rodríguez. IG: @alipinkphanter