Colecho: compartir la cama con mamá y papá
Se le llama colecho a la práctica de compartir con los hijos la misma cama. No es que estemos hablando de nada nuevo, desde que el mundo es mundo, cachorros, animales y humanos, de manera completamente instintiva se amontonan cerca de sus cuidadores a la hora de dormir. Es que el colecho tiene una base fisiológica y biológica innegable.
El dormir cerca de nuestros cuidadores ha sido uno de los mecanismos de supervivencia más útiles para que nuestra especie haya llegado hasta aquí. Imagínate un bebé durmiendo solo en la época de las cavernas. Cuánto hubiese durado vivo antes de ser atacado por algún depredador.
El acercarnos a nuestros cuidadores en nuestros momentos más vulnerables, es un imperativo biológico. Esta conducta instintiva, también está relacionada con la necesidad de apego. Los bebés al nacer tienen un fuerte impulso innato que los empuja a apegarse por la figura que los recibe y les brinda cuidados, en general, esa figura es la mamá.
El bebé no elige si apegarse o no cuando nace. Su biología desarrolla un proceso neuroquímico, en cual la hormona del amor, la oxitocina, alcanza su pico máximo para que se produzca este “enamoramiento” y así asegurar su supervivencia. Pero ya no estamos en la era de las cavernas, ni hay depredadores cerca. Por lo qué, visto desde una mirada moderna, los bebés no necesitarían dormir con sus padres para estar protegidos. Bueno, eso es algo que sabemos nosotros, los adultos.
El bebé, en su inmadurez cerebral, solamente está guiado por su mundo sensorial, que percibe seguridad o amenaza. Un bebé pequeño, que no ve y no siente a su mamá, se siente al borde la muerte. Y es que realmente lo está si esa lejanía se prolonga en el tiempo. Un bebé lejos de sus cuidadores no tiene posibilidades de sobrevivir.
En los últimos años se habló de los potenciales peligros de compartir la cama con bebés, sobre todo en sus primeros seis meses de vida. Y es cierto que en casos en los cuales alguno de sus cuidadores es fumador, está afectado por alguna sustancia cómo alcohol o drogas o padece obesidad mórbida, dormir con el niño puede conllevar un factor de riesgo potencialmente mortal.
Asimismo también en de vital importancia colechar de manera segura.
- Usar un colchón firme y nunca hacerlo sobre un sofá o superficies que se hundan.
- Eliminar cualquier hueco en el cual el bebé pueda quedar atorado.
- No usar mantas pesadas ni tener alrededor ningún almohadón, muñeco u objeto que el niño pueda llevarse hacia sus vías áreas superiores.
- Los mayores riesgos a la hora de dormir con nuestros hijos están relacionados con el aplastamiento o el ahogamiento.
- Asimismo, si mantenemos las reglas de un colecho seguro, los beneficios son muchísimo mayores:
- Ayuda a brindarle seguridad emocional desde el inicio de la vida. La base de la salud mental.
- Colabora con la instalación y sostenimiento de la lactancia materna.
- Regula la temperatura y la frecuencia cardiaca y respiratoria del bebé.
- Ayuda al descanso más prolongado y reduce los despertares nocturnos de madre e hijo/a.
- Aumenta el contacto piel con piel, completamente necesario y regulador durante los primeros años de vida.
- Contribuye al establecimiento del apego seguro.
Las recomendaciones oficiales sugieren que durante los primeros seis meses de vida se comparta al menos la habitación, para poder estar atentos a las necesidades del bebé durante el descanso. Lo importante es que todos los miembros de la familia se sientan cómodos y seguros en este proceso y que se primen las necesidades del bebé en relación al contacto y necesidad de confort de día y de noche. Uno de los mayores interrogantes en relación a compartir la cama es que “después no se van más” y esto no sucede de esta manera en la práctica.
Los niños dejan la cama familiar cuando están preparados y cuando tienen el espacio y la seguridad interna para poder migrar a un lecho propio. Este punto es bien importante de resaltar: los niños siempre deben sentir el permiso y la libertad de tener su propio lugar. Cuando la necesidad de colecho es de mamá o papá, estamos ante una desviación de las necesidades.
El desarrollo no se puede apurar y el desarrollo también en inevitable. Todo sucede a su debido tiempo si las condiciones acompañan. También me gustaría resaltar que el compartir la cama con nuestros hijos no nos da derecho a realizar actividades carnales adultas, aunque sean bebés o pensemos que están dormidos. El encuentro íntimo entre adultos siempre debe suceder por fuera del espacio familiar compartido cómo medida básica de respeto y cuidado al menor.
Colechar es la manera en la que dormimos los humanos desde el inicio de los tiempos. Todo el resto es cultural, fruto de la industrialización de la crianza, los vínculos y hasta las necesidades infantiles.
Si todos los bebés y niños pequeños del mundo duermen más y mejor con sus padres: ¿Por qué queremos entonces imponer la separación temprana?
* Brenda Tróccoli. Especialista en familias y crianza. Diplomada en parentalidad y apego. Puericultora.
IG: @soybrendacriando