Para qué sirve un maestro con la Inteligencia Artificial
Hace unos años Umberto Eco escribió un artículo periodístico en donde relataba que “un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: "Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?". Hoy está pregunta y el ensayo de su respuesta se acentuaron y cobraron nueva vigencia por el valor superlativo que le han dado los medios de comunicación y el marketing educativo a la emergencia de la inteligencia artificial (IA).
La respuesta del filósofo italiano, hoy vigente fue: “ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera”.
Haciéndome eco de la máxima paulina “examínenlo todo y quédense con lo bueno” (1- Tes 5:21) el docente está llamado a enseñar a discernir aquello que se lee como resultado a la consulta a algún motor de inteligencia artificial. En palabras de Umberto Eco: “Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales)”.
Cómo podemos trabajar educativamente la IA en aula
La inteligencia artificial, a través de complicados alegorismos, busca información pudiendo ser lo obtenido erróneo, total o parcialmente, por eso un buen ejercicio podría ser corregir a la inteligencia artificial, ya que ella permite un feed-back a la información que aporta, lo cual sería un buen ejercicio aprovechar dicha retroalimentación para corregir los errores que pueda presentar los resultados de búsqueda en IA y aprender de esto enseñándole a la IA, perfeccionándola como se perfeccionan las enciclopedias abiertas.
Un profesor puede utilizar la inteligencia artificial como herramienta en el aula para personalizar el aprendizaje de los estudiantes y mejorar varias de sus habilidades y competencias, que como los hábitos y virtudes se hacen “carne” en los alumnos y permanecen en el tiempo. Dar no solo información, sino sobre todo enseñar el arte de discernir, que Umberto Eco llama seleccionar, implica no dar el pescado sino la caña de pescar y enseñar cómo se la utiliza. Es decir, enseñar a pensar para trasladar lo aprendido a otros ámbitos y diversos momentos de la vida.
La inteligencia artificial puede permitirnos utilizar estrategias metodológicas como la investigación por proyectos que es una metodología de aprendizaje que implica la realización de un proyecto de investigación que aborda un tema específico en profundidad. Este enfoque involucra a los estudiantes en un proceso de investigación en el que ellos descubren el tema, formulan preguntas, investigan y presentan sus resultados. El aprendizaje por proyectos es una forma efectiva de adquirir competencias académicas y habilidades para la vida real, como la resolución de problemas, el trabajo en equipo y la comunicación efectiva. Obviamente siempre bajo la guía atenta del docente que sabe orientar y acompañar a sus alumnos sin hacer por ellos, sino enseñándolos a hacer haciendo (vaya la redundancia). Sería llevar el principio de subsidiaridad de la doctrina social de la Iglesia a la enseñanza áulica.
La IA también es muy útil para las estrategias didácticas de investigación-acción que consisten en el estudio de una problemática social específica que requiere solución y que afecta a un determinado grupo de personas y requiere encontrar soluciones realistas a los problemas a través de la reflexión, la acción y la evaluación continua. Al ser una forma de indagación introspectiva colectiva emprendida por participantes activos conlleva que dialoguen con la información y respuestas emanadas de la IA, procesando los alumnos en un diálogo en equipo acerca de la verosimilitud de la información proporcionada por el interlocutor virtual.
Otra estrategia pedagógica que se puede utilizar con la IA es la llamada aula invertida, también conocida como “flipped classroom”, que implica que los estudiantes realicen estudios previos en casa, como ver vídeos o leer textos, hacer búsquedas en IA y en el aula a través de actividades prácticas y colaborativas bajo la supervisión del docente.
Estas como otras estrategias de enseñanza pueden ayudarnos a los docentes a sacarle provecho a la inteligencia artificial que invisible o visiblemente impregna la mayoría de los softwares actuales. La IA podría ser parte de la biblioteca escolar ahora en formato virtual siendo una aliada más del quehacer docente.
En definitiva, la IA podría ser ocasión para favorecer en los alumnos el pensamiento crítico que tanto anhelamos en la escuela y los medios para el desarrollo de competencias y habilidades intelectuales y sociales de la vida cotidiana. Además, puede ser un asistente virtual para el profesor, por ejemplo, para que lo ayude en el uso correcto de las prácticas del lenguaje y la ortografía, en cuestiones idiomáticas, etc. Lo mismo del alumno, un asistente virtual que aprenda junto a él y a quien deba enseñar y corregirlo con la retroalimentación y la programación simple que exige por parte del usuario de la IA.

Podemos, en suma, como dice el principio rector de algunas artes marciales como el aikido y el judo, utilizar la enorme fuerza de la AI en nuestro favor.
* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.

