ACV y estrés: el dato clave para la lograr una pronta rehabilitación
El ACV es "la segunda o tercera causa de muerte a nivel mundial y es la primera causa de discapacidad en mayores de 18 años"
Las extensas jornadas laborales, la inestabilidad económica, las relaciones personales tóxicas, una mala alimentación y falta de ejercicio, entre otras exigencias diarias, pueden generar estrés y disparar reacciones psicológicas y físicas en nuestro cuerpo.
“Cuando el cerebro percibe una amenaza, envía una señal para liberar cortisol, que es una hormona que eleva el ritmo cardíaco e incrementa la presión arterial. Esta última es la principal causa de accidente cerebrovascular (ACV). Por ello, el estrés es considerado una causa asociada”, afirmó el especialista en rehabilitación neurológica y director de Rehab Center, Lisandro Olmos.
Se sabe que el ataque cerebrovascular ocurre cuando "se obstruye o se rompe una arteria que va al cerebro". Al detenerse el flujo de la sangre hacia un área del cerebro que sufre la falta de oxígeno y glucosa se genera un daño irreversible. Un ACV puede provocar daño cerebral duradero, discapacidad a largo plazo e, incluso, la muerte, advierten los médicos.
Factores de riesgo
Al respecto, Olmos comentó que “un estudio publicado en The Lancet identificó los diez factores de riesgo asociados con el 90 por ciento de las causas de ACV. El estrés relacionado al trabajo puede promover muchos de ellos.
Según la Clínica Mayo, los factores de riesgo relacionados con el estilo de vida son: el sobrepeso u obesidad; la inactividad física; beber alcohol en exceso; y el uso de drogas ilegales como la cocaína y la metanfetamina. Entre los factores de riesgo médicos, se enumera: la hipertensión arterial; fumar cigarrillos o la exposición al humo de segunda mano; colesterol alto; diabetes; apnea obstructiva del sueño; enfermedades cardiovasculares (como insuficiencia cardíaca, defectos cardíacos, infección cardíaca o ritmo cardíaco irregular, como fibrilación auricular); antecedentes personales o familiares de accidente cerebrovascular, ataque cardíaco o accidente isquémico transitorio; y hasta complicaciones por la infección por COVID-19.
Entre otros factores asociados con un riesgo más alto de accidente cerebrovascular, se incluyen la edad (afecta a personas mayores de 55 años); la etnia (las personas afroamericanas e hispanas corren un riesgo más alto); el género (se dan más casos en hombres que en mujeres); y las hormonas (el uso de píldoras anticonceptivas o terapias hormonales que incluyen estrógeno, aumentan el riesgo).
En el año 2021 la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicaron un estudio que concluyó que trabajar 55 horas o más a la semana aumenta en un 35% el riesgo de presentar un accidente cerebrovascular y en un 17% el riesgo de fallecer con respecto a una jornada laboral de 35 a 40 horas a la semana.
Para la Organización Mundial del ACV, hoy en día uno de cada seis accidentes cerebrovasculares están relacionados con la salud mental. La depresión y el estrés están relacionados con un riesgo casi dos veces mayor de sufrir un accidente cerebrovascular especialmente en adultos de mediana edad y mayores.
Sus síntomas
“Los síntomas del ACV son múltiples y una de las razones por las cuales ha disminuido la mortalidad en más de un 30% en los 20 últimos años tiene que ver con la detección precoz y con la conciencia sobre la necesidad de una consulta urgente ante los primeros signos”, afirmó el doctor Olmos.
Según datos de la Sociedad Americana de ACV, al menos un 60 por ciento de aquellos que han sufrido un accidente cerebrovascular tienen secuelas que afectan su calidad de vida y requieren rehabilitación. En este sentido Olmos detalló que “desde que ocurre el ACV hasta los primeros tres a seis meses, el cerebro tiene una inmensa capacidad de desarrollar estrategias de reparación, estrategias de reorganización de circuitos neuronales que han sido dañados bajo un término que globalmente se denomina neuroplasticidad. La neuroplasticidad es máxima tan pronto como el paciente tiene el ACV”.
A medida que pasa el tiempo estas capacidades van perdiendo su potencialidad y, si bien están presentes, lo hacen en menor medida. Por tal razón, reconocer rápido los síntomas de un ACV implica tener una ventana de oportunidad para lograr una mejor resolución, tratamiento y expectativa de recuperación.
Para el especialista, “las primeras seis horas son críticas. Cuanto más precoz es el reconocimiento, mayores alternativas de tratamiento inmediato existen. Las estrategias de rehabilitación neurológica deben ser integrales y contemplar lo motor, lo sensitivo, el lenguaje y lo cognitivo; pero siempre acompañadas de estrategias de tecnologías que nos permiten hacer
que los programas de rehabilitación sean mucho más intensivos y que puedan ofrecer soluciones que hoy la rehabilitación convencional hoy no está pudiendo ofrecer”.
Por eso, ante los primeros síntomas del ACV es necesario concurrir rápidamente al médico. Los mismos son:
- Adormecimiento, hormigueo o alteración en la sensibilidad de modo repentino en la cara, brazos o piernas, especialmente de un lado del cuerpo.
- Trastorno súbito del lenguaje, dificultad para hablar o para entender la comunicación oral.
- Alteraciones visuales para ver con uno o los dos ojos.
- Problemas bruscos para caminar, mareos, pérdida de equilibrio o coordinación.
- Dolor de cabeza intenso sin causa conocida que aparece rápidamente.
Un informe presentado en la Cámara de Diputados en junio de este año sostiene que en nuestro país se producen alrededor de 120.000 accidentes cerebrovasculares anuales, Ello significa que, cada cuatro minutos, un argentino sufre esta grave enfermedad puede ser altamente discapacitante e incluso puede provocar la muerte. En tal sentido, Olmos concluyó que la prevención, siempre es la mejor acción que todos tienen al alcance.
