11-S: el espeluznante relato de una médica argentina que participó del rescate de sobrevivientes
Aquella mañana soleada del 11 de septiembre de 2001 quedó para siempre guardada en la memoria de todo el mundo. El impacto de dos aviones jumbo en cada uno de las Torres Gemelas, cada avión repleto de pasajeros, y en los pisos de los edificios gigantescos repleto de trabajadores, como un día totalmente normal.
La doctora Alejandra Sciappa es argentina y estaba trabajando en un laboratorio en Nueva York, había estudiado en la Universidad de La Plata, había hecho distintas investigaciones sobre el Alzheimer y cuando los dos aviones impactaron en las Torres Gemelas e inmediatamente le pidió permiso a su jefe y se alistó como voluntaria en la Cruz Roja.
- ¿Qué recordás de aquella mañana de septiembre de 2001?
- Un día como cualquier otro que cambió la historia del mundo y también cambió mi propia historia para marcarla de diferentes maneras y me ha llevado también en estos 22 años a un aprendizaje increíble y me siento privilegiada por haber podido estar así y poder ayudar. Te cuento que en ese momento yo estudiaba un postdoctorado en Colombia en genética de Alzheimer y sí, efectivamente cuando vi todo lo que sucedía y justo me llama mi madre al laboratorio y cuando está hablando conmigo, me dice que no había Torres Gemelas en Nueva York y eso me era no poder creerlo que eso estaba sucediendo
Crucé desde el laboratorio a un lugar cercano donde se veía por televisión y vi la caída de las Torres en vivo, y ahí sentí que tenía que postularme de voluntaria para ir a ayudar, que iban a necesitar médicos y para mí no hubo otra acción, en realidad no sabía qué es lo que iba a hacer ni cómo lo iba a hacer, pero como sentirse llamado. Esa determinación de ir y fui al American Red Cross y me mandaron a la madrugada del 12 directamente a lo que era el Ground Zero, así que luego estuve tres días de rescatista en, exactamente en el punto que ven desde donde cayeron las Torres y donde uno pasaba una calle y la ciudad de Nueva York era un horror, era algo totalmente desconocido para mí.
Muchas de las imágenes las vieron en la televisión, todo destruido, el humo, los bomberos, los policías, miles de voluntarios tratando de ser útiles buscando sobrevivientes, que en ese momento era lo más preciado, encontrar un sobreviviente. Lamentablemente desde el momento que llegué hasta irme, estuve tres días, yo estuve hasta el viernes y no se encontró un sobreviviente. Tuvimos que hacer diferentes tareas, que se iban presentando y nos íbamos organizando ahí casi en el momento.
Hacíamos mucho trabajo con los ojos, con los traumatismos, con las dificultades respiratorias que había y yo después estuve en ayudando desde lo psicológico porque muchos de los rescatistas sacaban o movían escombros y la verdad que nadie estaba preparado para ver lo que veía, entonces muchos entraban en crisis. Como un estrés postraumático, era traumático en el momento.
Podíamos decidir quiénes seguían trabajando y a quiénes los sacaban del área, eso fue el primer día, porque uno se pone en un modo de adaptación y de adrenalina en el que tampoco se ve el propio riesgo en el que uno se encuentra, porque mientras estábamos ahí, seguía cayendo parte del edificio, explotaba alguna cosa, se prendía fuego algo, era todo como muy inestable. Pero durante tres días, una de las cosas que nos sucede, uno pasa por muchos estados de ánimo. Desde llegar pensando que sos como un dios a salvar a todos, después darse cuenta, y es como una aniquilación del ego en el cual uno se siente completamente inútil por creer que lo que está haciendo es nada y que no es suficiente, nunca es suficiente.
- Hablás de un estrés postraumático, ¿hay imágenes que te han quedado en la retina que no pudiste olvidar?
- Te quedan muchas cosas en la cabeza, te diría en los primeros meses por ahí, pero no me quedaron secuelas a largo plazo, porque pude revertir rápido el aprendizaje. El duelo, si, dos cosas puntuales, una me costaba creer que, igual porque tuve una intoxicación con monóxido, posterior a eso, y luego era como que mi propia muerte.
Fue un cúmulo de cosas, no podía proyectar más de un año, me parecía que todo tenía que ser rápido, como que no iba a tener tiempo. Cuando uno entiende que la vida es finita, que no es eterna, al principio te limita un poco y después te hace valorar y vivir cada día de una manera mucho más intensa. Por eso te hablo siempre de aprendizaje y de una experiencia traumática, por ejemplo, una de las cosas que me quedaron bien grabadas, fueron las vidas humanas que no pudimos rescatar debajo de los escombros, que sabíamos que estaban, creo que eso fue lo peor de las Torres.
Sí guardo una imagen, pero no es traumática puntual, , que me pasó a los dos días cuando salí, que yo jugaba softball en el Central Park, y la arena del piso era amarilla, un polvo amarillo, y justo ese día, me puse las mismas zapatillas que había llevado a las torres gemelas, porque eran las que tenía, y cuando pisé eso y me vi las zapatillas que tenían polvo gris de las torres, se me puso gris todo el piso, fue increíble. algo se ve que se transformó en mí, tenía que bachear, y me tiraron pelotas y le pegaba, o sea, para mí le pegaba con toda la potencia, con una impotencia sería, y le pegué como tres, cuatro pelotas hasta que me caí sentada y me puse a llorar, el grupo de amigos de softball, ahí nos abrazamos todos llorando porque teníamos amigos que habían perdido amigos, gente que conocía gente que se salvó, gente que había visto cosas cuando cayeron las torres, o sea, estábamos todos muy conectados en Nueva York con la historia de las torres gemelas porque todos teníamos como una historia que contar. La contención de la gente era muy interesante, te diría, en un New York antes no te miraba. Entonces empezamos a mirarnos y a contarnos y a entendernos.
- ¿Pudiste volver al lugar donde estaban las Torres Gemelas?
- Sí, yo volví varias veces a Nueva York, la primera vez que volví fue a los dos meses, y me acuerdo que me puse los rollers y fui, volví en octubre de ese años y no podía creer que había caminado todo eso porque yo me volví caminando del mismo lugar y fue un impacto, estaba la búsqueda de las víctimas, todo.
- ¿Cómo lo recordaste hoy a 22 años?
- Estuve en la AMIA junto con la Embajada de Estados Unidos y el embajador Mark Stanley, que se conmemoraban las víctimas de los atentados y se hizo como una exposición de fotos de las Torres Gemelas, habló gente de la AMIA, habló un familiar de una de las víctimas argentinas en Estados Unidos, se prendió una vela en conmemoración.
Me invitaron a participar de ese evento y bueno para mí siempre es conmovedor el día porque en Estados Unidos siempre dicen que nunca lo olvidaran y es un día muy especial, un montón de sentimientos, de recuerdos, de rezar por las víctimas, de mirar, reflexionarlo sobre lo vivido, sobre lo aprendido, sobre lo que se genera cada año que pasa posterior a un evento único que cambió la historia del mundo y también cambió mi vida porque con ese único acto de decidir ir a ayudar sin saber muy bien qué era lo que iba a hacer ni cómo lo iba a hacer, uno aprende que un hecho puede expandirse y puede transformar a uno mismo y a las vidas que toca.
Eso lo vas aprendiendo cuando miras para atrás con el paso del tiempo, aprender de uno mismo de lo que es capaz y que desconoce que puede hacer, aprender de la compasión, aprender de las miradas con desconocidos y sentir el mismo dolor y aprender a través del tiempo mantener vivas las memorias de esas almas y de esas historias que no serán contadas, un poco podría decirte esto y contarte.
Mi hija que también me acompañó y para mí es muy importante porque ella es parte de mi historia y hemos viajado a EEUU juntas a cumplir promesas porque yo siempre dije que cuando yo conocía las Torres porque estuve parada arriba, sobre esos escombros y cuando vi que era el proyecto de la torre fría prometí que iba con Catalina a subir, a pararme en la torre nuevamente en lo alto y a partir de ahí creo en el concepto de que no importa qué tan destruidos estemos siempre podemos encontrar un cimiento para reconstruirnos, para qué, un sentido a la vida, así que bueno agradecida que cada año pasa algo diferente que me lleva a seguir cumpliendo sueños y que tienen que ver con esas semillas que sin querer uno plantó hace tantos años y está bueno también dejarse asombrar en la vida por esas cosas buenas que suceden que calman el alma y bueno te dan ganas de seguir haciendo cosas.