Apatía y baja participación electoral: ¿la democracia está en crisis?
En las últimas elecciones que se realizaron en varias provincias argentinas, uno de los datos que más sobresale es la baja participación de los electores en las urnas respecto a años anteriores. El promedio de participación de las últimas 18 elecciones provinciales ronda el 70%, incluidos distritos en los que hubo PASO como Mendoza (66%) o la Ciudad de Córdoba donde fue de solo a votar el 59,29% del padrón.
Todo hace presuponer que la participación en las PASO el próximo 13 de agosto seguirá en la misma tendencia, ya que desde que en el 2011 se instituyeron las Primarias, el promedio de participación electoral viene cayendo estrepitosamente al menos que la elección del 2019.
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MDZ consultó con el sociólogo y politólogo Pablo Villarreal, sobre los motivos por los cuales se viene dando este fenómeno en una coyuntura tan especial como lo son los 40 años de democracia que se cumplirán el 10 de diciembre. Villareal es integrante del equipo del Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (LEDA), dirigido por Ezequiel Ipar, y es una iniciativa conjunta entre el Grupo de Estudios Críticos sobre Ideologías y Democracia (GECID) y la dirección Lectura Mundi de la UNSAM, para investigar el comportamiento electoral y político en Argentina, utilizando herramientas como encuestas y grupos focales. En la entrevista, el especialista señaló que la coyuntura electoral está mostrando una crisis del sistema democrático.
“Las PASO se implementaron en 2011, que fue cuando tuvo mayor cantidad de participación. En ese caso fue del 78% por ciento. De allí en más, ese porcentaje fue bajando. Volvió a tener un pico en el 2019, que subió al 76,4%, pero en el 2021, se fue 66%. Es decir, la caída fue brutal. Después, en las generales del 2021, vuelve a crecer al 71,6%”, precisó.
“En este aspecto hay que señalar que tanto las Primarias como las Legislativas, generan en el electorado la sensación de que “no definen cosas tan importantes” como una elección presidencial. Entonces parece hasta entendible que el comportamiento electoral fluctúe. En general, la participación en las PASO es menor que en las generales, y lo mismo ocurre con las legislativas de medio término”, aclaró.
Y especificó: “Durante la pandemia, parecía algo normal que en las legislativas del 2021 se diera una participación del 66% porque se estaba en el marco de una emergencia sanitaria. Pero hoy vemos que se está convirtiendo en algo persistente, y en parte, esto ocurre por razones más profundas, de índole políticas, sociológicas o económicas”.
- ¿Cuáles son esos factores que hacen que los electores no quieran concurrir a votar?
- En los últimos años lo que se ha visto es como una doble grieta. Por un lado, el hartazgo de la gente por la grieta entre dos grupos políticos pluralizados y por el otro, la que se genera entre el pueblo argentino y los políticos en general. Esto ubica a los políticos en una situación de alto descreimiento, con una imagen muy dañada. Se vive como una sensación de antipolítica y de una resistencia al Estado o a todo lo que tenga que ver con lo estatal. Y es esto lo que tiene sus consecuencias en la participación electoral.
Según veo, no es menor que este fenómeno se haya dado en el contexto posterior a la pandemia. Es allí cuando empieza a crecer esa situación de descreimiento en el Estado y las políticas del Estado que llevaron al confinamiento para contener la emerencia sanitaria. El encierro, la falta de libertad, de poder salir a trabajar, generaron este tipo de reacción que hoy en día vemos como una cierta apatía.
- ¿Cómo afectó ese hartazgo en el comportamiento de los espacios políticos y los candidatos que surgen para estas PASO?
- En cuanto a las razones políticas, lo que se observa en la oferta electoral política, es que conviven dentro de los mismos espacios, figuras más extremistas. Por ejemplo, Milei es quien surge como el ejemplo más extremista de todos y no es casual. Las encuestas señalan que otros espacios “antigrieta” como el Peronismo Federal que representa Juan Scharetti con “Hacemos por nuestro país” tenga mucha menos intención de voto que los libertarios. Quizás en otro momento de la historia, la respuesta a la grieta hubiera sido una búsqueda más centrista. Pero hoy, no. La respuesta a la grieta es una búsqueda por los extremos, lo cual obviamente favorece mucho a Javier Millei.
Pero esto también se está observando dentro de los propios frentes pluralistas. Por ejemplo, Juan Grabois, que tiene un discurso mucho más a la izquierda que el de Sergio Massa, en el frente “Unidos por la patria”. Y, por el otro lado, Patricia Bullrich, se posiciona muy a la derecha con respecto a Horacio Rodríguez Larreta en Juntos por el Cambio. Entonces vemos que se mantiene esa persistencia a la grieta, pero la respuesta ya no es centrista, sino extremista.
Después, en lo que respecta a las razones sociológicas, creo que la pospandemia mostró una falta de legitimidad del sistema democrático y de sus principales instituciones. Lo que normalmente se menciona como una “crisis de la Democracia”. Y esto es algo que ocurre a nivel global sin dudas, pero en Argentina tienen sus ribetes propios. Creo que se podrían asociar a las limitaciones y a las deudas que tiene ese pacto democrático que surgió en 1983.
Esta crisis es dinámica y tiene algunos síntomas del malestar que se expresa en esta antipolítica. Por ejemplo, el impacto al intento de magnicidio de Cristina Fernández en septiembre del año pasado, uno puede tomarlo como el peor de los síntomas de esa crisis. Y, a nivel global, hay ejemplos como la toma de Capitolio en Washington o del Palacio de Planalto en Brasilia. Todo esto, no sólo demuestra un descontento con la política, sino una desconfianza con la democracia y el sistema electoral en general.
- El otro factor que mencionaba son las razones económicas, que son evidentes en cuanto al índice de inflación y la escalada que viene teniendo el dólar blue...
- Sin duda, la situación de crisis económica extendida que ya que lleva más de diez años, reaparece con el problema estructural de la falta de divisas para mantener una economía y que se manifiesta claramente en un proceso inflacionario que no se puede contener. Un segundo elemento clave en esto es la deuda que tenemos con el FMI que restringe la capacidad del Estado para apuntalar la economía y para darle prioridad a otros elementos que no sean sus obligaciones como deudor. Esto profundiza la crisis económica y el malestar de la gente.
Y el tercer punto que aparece es este clima de antipolítica es el recelo contra todas las instituciones de la Democracia. Por eso, los discursos a favor de una libertad extrema, empiezan a hacer mella.
Por ejemplo, hicimos un estudio en el que medimos la confianza en el Poder Ejecutivo y nos encontramos de que es de apenas el 23,3% contra un 53,8% de desconfianza. Lo mismo ocurre con el Poder Judicial: 20,1% de confianza contra un 50% de desconfianza. Y en el Poder Legislativo, los resultados son un 20% de confianza contra un 40,6% de desconfianza. Esos números son aún mayores cuando los encuestados son jóvenes.
Pero otro dato que es mucho más alarmante, es que medimos el nivel de acuerdo con un Golpe de Estado según diversas razones. Ante una catástrofe económica, la adhesión a un Golpe fue del 19,9% de los encuestados que estaban muy o algo de acuerdo. Pero en situación de excesiva corrupción, ese porcentaje llegaba al 20,4%. Para mí, estos factores también explican el comportamiento electoral que venimos viendo.
- Este clima antipolítico ¿también se manifiesta con la apatía de la gente de no salir a las calles a protestar como hizo en el 2001?
- Creo que eso quizás tenga que ver con las modificaciones que tiene que tuvo el espacio público de participación democrática a lo largo de los años. Pasamos de un espacio público más tradicional a un espacio público digital. Entonces hay una una elevada participación o manifestación en lo que son las redes sociales y una menor concurrencia al espacio público.
Lo que sucede con las redes sociales es que se han convertido en lugares donde se expanden discursos antidemocráticos, discursos de odio, y posiciones que de alguna manera son poco tolerantes. Desde LEDA tenemos hecho todo un análisis al respecto. Allí claramente se ve que los sujetos sociales que reciben más discurso de odio son los políticos en general, en especial en los últimos dos años, seguido por las mujeres, en especial aquellas que se muestran en sintonía con la agenda de género.
- ¿Cómo ve que es la participación de los jóvenes en el proceso de participación democrática, en especial cuando para los adolescentes de entre 16 y 18 años es opcional ir a votar?
- Me parece que ahí hay dos lecturas posibles. En los grupos focales en los que nosotros hicimos consultas, había jóvenes que no sabían ni siquiera cómo era el acto de votación, cómo cortar una boleta, qué diferencia había entre las PASO y las elecciones generales. Es decir, un absoluto desconocimiento de la práctica ciudadana del voto que los llevaba a tener una mirada descreída de su participación.
Pero por el otro lado, también hay otro grupo de jóvenes que son los que mayormente acompañan a Milei porque se en más identificados con su estética y narrativa rebelde y deshinibida. Porque este es el sector más afectados por la situación de crisis y que tienen una vida económica más precarizada. A los jóvenes les cuesta muchísimo entrar en el mercado laboral, mantener un trabajo, y acceder a un salario que les permita una vida digna. Es decir, en este descontento generalizado, los jóvenes son los más golpeados y sienten que el Estado les debe “algo” o que los “dejó afuera”.
Tampoco están fuera de esta situación que venimos describiendo en la que la gente demanda “algo nuevo”, fuera de la política tradicional. Porque un sujeto que está cansado de la política, que está harto, elige entre dos caminos: no votar o elegir a alguien totalmente por fuera de la política tradicional: la figura del outsider.