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La importancia del diagnóstico en una enfermedad incurable que padece 1 de cada 10 niños

Se estima que el asma afecta a más del 10% de la población infantil. Muchas veces el diagnóstico tardío perjudica al tratamiento.
Más del 10% de la población infantil padece asma, una enfermedad incurable para la cuál hay buenos tratamientos en caso de que sea diagnosticada en forma temprana. Foto: Shutterstock
Más del 10% de la población infantil padece asma, una enfermedad incurable para la cuál hay buenos tratamientos en caso de que sea diagnosticada en forma temprana. Foto: Shutterstock

Aunque el asma es una enfermedad de las vías respiratorias que puede aparecer a cualquier edad, es mucho más frecuente en niños y en personas con antecedentes personales o familiares de alergia.. Y se estima que más del 10% de la población pediátrica padece esta enfermedad.

El hecho de que tenga distintas manifestaciones, con síntomas que incluso pueden variar en el mismo paciente, hace que el diagnóstico muchas veces resulte impreciso o tardío. Lo más común es que los síntomas tengan que ver con el sistema respiratorio provocando disnea (dificultad para respirar), sensación de pecho cerrado u oprimido y silbidos (sibilancias) en el pecho.

Según el doctor Jorge Máspero, médico especialista en Alergia e Inmunología Clínica, Director Médico de Fundación CIDEA, ocurre con el asma algo similar a lo que pasa con la mayoría de las enfermedades crónicas. "No se cura, pero sí puede obtenerse un óptimo control, lo cual es clave para llevar buena calidad de vida", explica Máspero y sigue: "Las personas con asma pueden llevar una vida normal, incluso en los casos más severos, por lo que siempre va a ser importante contar con un adecuado diagnóstico, que considere también el origen del asma, los factores desencadenantes y la gravedad del cuadro, además de la adherencia al tratamiento determinado por el profesional de la salud tratante". 

Hay factores que resultan clave para comprender si se está ante un cuadro de asma y determinar cómo se presenta en cada paciente, para prevenir complicaciones y controlar mejor la enfermedad.

Síntomas y gravedad de los episodios de asma

El especialista debe establecer el modo en que se presentan los síntomas en cada paciente haciendo foco no sólo en el inicio de los mismos sino también en su desarrollo, duración, intensidad, variación horaria y patrón (constante o estacional); frecuencia, asistencia a la guardia, hospitalizaciones, necesidad y respuesta a la medicación.

"Uno de los grandes objetivos del manejo del asma, sobre todo en los casos graves, es la prevención de exacerbaciones, que son los cuadros que requieren atención médica, muchas veces de urgencia", detalla la doctora Verónica Giubergia, médica pediatra neumonóloga del Hospital Garrahan para explicar la importancia del reconocimiento precoz de los síntomas ya que esto permitirá intervenciones terapéuticas tempranas y evitar así crisis que podrían derivar en internación.

Giubergia explicita que "el diagnóstico de asma es fundamentalmente clínico y se confirma mediante una espirometría y una prueba broncodilatadora. En niños pequeños (preescolares) el diagnóstico es más complejo, porque es más dificultoso realizar pruebas de función pulmonar, como la espirometría. Sin embargo, en niños a partir de los 6 años tiende a lograrse de la misma manera que con los adultos".

Es frecuente que los niños con arma lleguen a la vida adulta sin diagnóstico, aunque muchas veces los síntomas sugestivos de asma se inician durante los primeros años de la vida. Cerca de 4 de cada 10 niños que presentan sibilancias al respirar ante infecciones respiratorias se les diagnostica finalmente asma en los años subsiguientes.

Es fundamental no sólo llegar al diagnóstico en forma precoz sino también determinar la gravedad de la presentación de asma en cada paciente. El seguimiento a largo plazo de niños que entre los 7 y 10 años presentaban asma parece confirmar que la gravedad de su cuadro se mantiene con el tiempo: quienes desarrollan asma grave en sus primeros años escolares tienden a tener asma grave también en la adultez.

"El asma grave, por definición, es aquella que no logra ser controlada a pesar de la adherencia a la terapia adecuada en dosis máximas o que -aun si se logra controlarla- empeora cuando se disminuye el tratamiento de dosis elevadas; afecta a entre un 5 y un 10% de los casos", sostiene Máspero.

Factores desencadenantes o agravantes del asma

Es fundamental saber si el paciente desarrolla episodios de asma a partir de infecciones respiratorias, exposición a alérgenos del ambiente (ácaros, epitelios de animales, esporas de hongos o pólenes) o a contaminantes del ambiente (humo del tabaco u otros polutantes), relación con cambios de ambiente (viajes, otra residencia), factores emocionales (llanto, risa), alimentos y aditivos, fármacos (aspirina), reflujo gastroesofágico y factores como aire frío, ejercicio o cambios de clima.

También es relevante si la vivienda es urbana o rural, casa o departamento; localización geográfica y calefacción. Descripción del dormitorio (tipo de colchón, almohada, alfombras, peluches, libros). Animales domésticos (gato, perro, etc.). Tabaquismo familiar (número de fumadores, frecuencia, si lo hacen en ambientes cerrados).

Según Máspero, "hay diversos agentes etiológicos, como alérgenos de interior, ácaros, epitelios animales, hongos o pólenes, que influyen en las exacerbaciones. Hay que evaluar la sensibilización alérgica del paciente y las influencias ambientales, que en muchos casos son modificables, lo que debe ser consensuado con un especialista".

El asma es una patología que puede generar dificultades en el paciente como ausentismo escolar, reticencia a la participación en juegos y deportes, trastornos del sueño, del desarrollo, del crecimiento y la conducta y también impactar en la familia con alteración de rutinas, pérdidas de horas de trabajo y costos económicos. Por eso los especialistas enfatizan la importancia de entender si en los períodos sin crisis el paciente genera igualmente síntomas o no.

"Es necesario atender el impacto en la vida de un niño cuando no puede correr o jugar con sus compañeros; cuánto afecta al niño y a toda su familia no descansar por la noche por los síntomas y por el temor a que la dificultad para respirar empeore y deban asistir a Emergencias. Por eso es tan necesario buscar caminos para lograr el mejor control de la enfermedad, para sobrellevar su impacto en los distintos órdenes de la vida", indica Giubergia. 

Los pediatras insisten en que es clave el involucramiento de la familia y del propio paciente en el conocimiento sobre la enfermedad, su cronicidad, el establecimiento y seguimiento de un plan para el control del asma, junto con el profesional de salud, que incluya además la adecuada administración de los medicamentos, y pautas concretas sobre cómo actuar ante una crisis. Según Giubergia, "aquellos niños que no logren controlar su enfermedad con los tratamientos habituales, estarán en riesgo de presentar mayor número de crisis, pueden requerir internaciones y reiterados cursos de corticoides sistémicos, cuya sumatoria podría generar riesgos para la salud a largo plazo". 

Si bien el asma es una enfermedad incurable, las novedades en cuanto al tratamiento son esperanzadoras para los paciente. Cada vez hay más y mejores opciones terapéuticas que contribuyen a mejorar la salud y la calidad de vida de los pacientes y de su familia.

Un ejemplo es el tratamiento con dupilumab (presente en nuestro país desde 2019) que se recomienda para niños de 6 a 11 años como tratamiento de mantenimiento complementario para el asma severa causada por inflamación de tipo 2, cuando no se logra controlar con el tratamiento estándar. Diversos estudios demostraron que en un año de tratamiento se pudo reducir un 65% las exacerbaciones en niños de 6 a 11 años con asma moderada a severa no controlada y produjo una mejora rápida, sostenida y clínicamente significativa de la función pulmonar desde los 15 días de tratamiento.

"Para una población que tenía opciones terapéuticas limitadas, es un avance significativo disponer de tratamientos innovadores, que logren controlar la fisiopatología del asma grave de manera más eficaz, pero también con un mejor perfil de seguridad. Es A223 n xuna buena noticia que la ciencia siga avanzando y podamos contar en el país con innovaciones terapéuticas de este tipo", concluyó Máspero.