Los altos precios empujan a los trabajadores a evitar el almuerzo
Tras el acuerdo alcanzado entre sectores gremiales y el Gobierno de la Nación en julio, el salario mínimo vital y móvil alcanzó los $118.000, aún lejos de romper el umbral de indigencia. Parte de esa suma salarial se destinan a los constantes gastos cotidianos que deben hacer los trabajadores y que sufren un incremento mensual que atenta contra su bolsillo.
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La constante inflación es una de las mayores tragedias para los trabajadores que día a día se las rebuscan en medio de una economía sumergida en una de las peores crisis de las que se tienen memoria. En ese escenario, los argentinos que salen a ganarse el pan cada día suelen tener un "costo extra" que es el almuerzo en plena jornada laboral.
Hace días un informe realizado por la agencia Shoppapp arrojó que seis de cada diez argentinos no dedican un tiempo al almuerzo los siete días de la semana. Aunque el primero de los aspectos que explican como barrera para almorzar es "el tiempo", el segundo ítem marcado es que "comer afuera es caro".
Esto se explica con, además de la experiencia de cada uno de los argentinos cotidianamente, los precios que se pueden ver en pizzerías, casas de empanadas, confiterías y casas de comida rápida de los principales aglomerados. El mejor ejemplo es el microcentro de la Ciudad de Buenos Aires, donde millones de personas transitan día a día y miles de lugares se disponen a vender sus alimentos.
Uno de los más grandes íconos porteños es la pizza, aunque también se extiende por todo el país, y una porción de muzzarella con fainá, de parado, en una pizzería de la avenida Corrientes es una imagen que forma parte de la identidad de la Ciudad. Hoy, ese plato que es deleite para muchos trabajadores en el medio de la jornada laboral, cuesta entre $550 y $650 la porción de pizza, mientras que la fainá ronda los $400.
Otra opción siempre vigente para el almuerzo son las empanadas, sin hablar de aquellas que tienen gustos más "gourmet" (que ya rondan los $1.000) sino solo de aquellas más tradicionales. Una empanada de carne, pollo o jamón y queso cuesta $715 en el mismo local que vende las porciones de pizza mencionadas previamente. Otra opción más económica son los "almacén", "club" y distintos nombres de locales que venden empanadas más accesibles, pero que ya tienen precios en torno a los $250, habiendo nacido como locales que las vendían a $10 hace menos de diez años.
También muy popular es la comida por peso donde el cliente prepara su propia bandeja y se le cobra cada 100 gramos que retire de entre todas las opciones que disponga. Cada 100 gramos, estos locales están pidiendo entre unos $300 y $400, que estimando un plato promedio de 400 gramos costaría unos $1.600.
En las casas de hamburguesas los precios no son los más accesibles tampoco, sino más bien lo contrario. La hamburguesa promedio de las principales casas de comida rápida en su tamaño mediano del combo cuestan entorno a los $2.000, siendo uno de los más caros de los que se ofrecen en "cartelera", aunque también con muchas opciones más económicas para elegir.

Un plato tan común como una milanesa con papas fritas tampoco es tan accesible, sino que más bien parece un lujo entre los anteriormente mencionados, a pesar de tratarse de una comida tan tradicional. Este plato normalmente se ubica por encima de los $3.000, transformándose en "un gustito" más que en un almuerzo cotidiano.
Así, sin contar la bebida que es uno de los ítems más caros, si un trabajador come al menos una vez por semana cada uno de estos platos en el almuerzo, gastará un total de $31.800 por mes y eligiendo las opciones más económicas de las mencionadas. Esto representa un 26,94% del salario mínimo. Obviamente muchos trabajadores no compran comida todos los días por los altos precios o se conforman con un turrón o un alfajor para pasar el mediodía, pero la premisa de que "comer afuera es caro" es un motivo 100% real que empuja a los trabajadores a evitar el gasto y destinarlo a otro lado.

