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El dramático diagnóstico de un docente sobre el ausentismo en los colegios

Mientras en la campaña el tema educativo no está en debate, la realidad en muchos colegios es dramática. Un docente cuenta cómo se trabaja hoy en algunas escuelas, con bajo nivel de exigencias y alto ausentismo. "Hay días que no hay ningún alumno a la hora de inicio de la clase", señala.
El aula vacía. La imagen que tiene muchas veces el docente cuando se presenta para iniciar la clase en el turno noche. Foto: Bruno Videla
El aula vacía. La imagen que tiene muchas veces el docente cuando se presenta para iniciar la clase en el turno noche. Foto: Bruno Videla

El sistema educativo viene atravesando, desde hace décadas, una crisis profunda y, si bien el problema afecta a todos los niveles,  las escuelas con turno noche muestran la situación más delicada. Se trata de alumnos que, por distintos motivos, no pueden seguir el ritmo normal de clases. Algunos, por repetir de forma reiterada; otros, porque necesitan trabajar durante el día. Lo concreto es que viven una realidad de extrema dureza.

Bruno Videla tiene 48 años y hace más de 16 que es docente. Hoy ejerce en la escuela comercial N°28 del barrio porteño de Saavedra. Dicta clases en distintos años del secundario de la materia de Formación Ciudadana, lo que años atrás se conocía como Instrucción Cívica.

Como pocos sabe lo que sucede con esos alumnos que están casi olvidados y, por su experiencia, fue testigo del deterioro que se registra desde hace años

“La pandemia dejó al descubierto un montón de problemas de la educación que salieron a la luz. Cayó la matrícula y se relajaron las normas para que los alumnos aprueben”, explicó en diálogo con MDZ.

Según su visión, hubo un cambio profundo que hace que los estudiantes terminen el secundario sin los conocimientos necesarios. En muchos casos, con la presión de aprobar para mostrar resultados.

“Hay chicos que son capaces, pero otros que no entienden lo que se les explica. Lo normal es que reprueben, pero la necesidad de obtener resultados hace que se busque la forma de que obtengan el título. Si no los aprobás, los supervisores responsabilizan al docente” aseguró.

Bruno también terminó el secundario en turno noche y ve muchas diferencias con el momento actual. Por ejemplo, el tema de la edad. Según el docente, cuando él estudiaba, al turno noche concurrían estudiantes de más de 20 años o, incluso, por encima de los 30: “Hoy el promedio es mucho más bajo, adolescentes, de alrededor de 18 años.”

Pero también hay cambios más preocupantes. “Antes había exigencias, se tomaba lista, se dictaban otras materias. Yo tuve análisis matemático. Hoy eso es impensado. Es otra realidad. Vienen cuando quieren, a la hora que quieren y no hay presentismo. Los criterios para aprobar están por el piso. Hoy se aprueba por el sólo hecho de concurrir a clase. No se les puede pedir más”, dijo Bruno. Y remarcó: “Todo este pasa porque no hay consecuencias”.

Esa es una de las situaciones más fuertes que vive. Sus clases tienen una promedio de 30 alumnos inscriptos, comienzan a las 18:20 y, en muchas ocasiones, a la hora de inicio no hay ningún estudiante presente.

“Es habitual que vaya a la hora de comenzar la clases y no tenga ningún alumno en el aula. Estoy sólo. Recién una o dos horas después comienzan a llegar, pero a veces no son más de seis o siete alumnos” relató.

Las razones del ausentismo

Los motivos son varios: “Hay de todos. Algunos porque trabajan y no pueden llegar a las primeras horas y vienen después. Otros, porque tiene que ayudar en sus casas, cuidar a hermanitos mientras los padres trabajan. También están los que se levantan a las 5 de la tarde y no llegan a tiempo. Es difícil lograr que aprendan así. Esto desmotiva a los más capaces, porque no tienen incentivos. Como que se contagian de esa situación de desorden”, agregó.

Bruno aclara que este no es un problema exclusivo de esta escuela, sino que se repite en otros establecimientos y que ante la falta de alumnos, se cierran cursos aunque administrativamente figuren más de los que hay.

“Hay años que tienen tres cursos, pero como los alumnos no concurren, unifican los cursos de forma operativa, pero se mantienen los tres de forma oficial. Si se diera de baja un curso, se pierden horas de clase y eso afecta a los docentes por el menor ingreso”, afirmó.

El perfil de los estudiantes explica las dificultades para subir la vara e igualar para abajo. “Son los alumnos más vulnerables. Muchos no tienen una familia atrás y vienen al colegio hasta por sentirse contenidos, porque alguien los va a saludar y simplemente le preste atención. Son pibes muy golpeados. El que se cae del sistema, va al abismo”, cerró.