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Anita Weinstein: "En el momento del atentado entendí que no me voy a dejar matar"

El atentado perpetrado en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires dejó como saldo casi un centenar de víctimas fatales y más de 300 heridos. El testimonio de los sobrevivientes mantiene viva la memoria mientras que la Justicia tiene una deuda pendiente.

Este martes se cumplen 29 años del ataque terrorista a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires que aún permanece impune y dejó como saldo 85 muertos y más de 300 heridos. El atentado que tuvo lugar en el año 1994 conmocionó al mundo entero y los testimonios de las víctimas se transformaron en un legado contra el terrorismo internacional. 

Anita Weinstein es hija de dos jóvenes que escaparon del Holocausto en Polonia, el día del atentado estaba en el edificio ubicado en la calle Pasteur. Ni ella ni su madre pensaron jamás que viviría en carne propia una parte del horror que experimentaron sus padres pero el destino la colocó en el tiempo y espacio donde se desató una tragedia el 18 de julio de 1994.

"Estaba con mi asistente en una oficina del segundo piso que daba al frente de la calle Pasteur y me levanté para ir a buscar algo al fondo. Desde el frente al fondo había un largo trecho ya que el edificio era extenso. Al momento que llegué al final escuché la explosión. A partir de ese momento me convertí en una sobreviviente del atentado", dijo.

La mampostería caía, el polvo se inundaba los pasillos y oficinas que quedaron en pie. Los gritos de auxilio se ahogaban debido a la dificultad para respirar de los sobrevivientes que no entendían lo sucedido. La incertidumbre y el miedo se apoderaba de quienes esa mañana habían acudido a su trabajo como cualquier otro día, sin pensar que esa jornada marcaría un antes y un después en la historia relacionada con el terrorismo internacional.

"Encontramos una puerta que abría hacia afuera, eso nos salvó porque nos estábamos ahogando con el polvillo. Salimos y empezamos a gritar a los vecinos que estaban en la parte de atrás para que llamen a la policía pensando en que se trataba de un incendio. Nunca pensamos en una bomba, solo cuando nos dimos vuelta y vimos el edificio cayendo caímos en la realidad de lo sucedido", contó mientras recordaba a sus compañeras y sus familias. Los hijos, nietos, amigos, parejas de las personas que no estaban en esa azotea que los separaba de las ruinas de lo que hasta ese día era la AMIA.

En la estación de subte hay un reloj donde está el horario de la explosión. Foto: Julián Volpe

"Mi mamá me abrazó después del atentado y me dijo que nunca había pensado que iba a estar expuesta a una situación de odio y violencia semejante. En ese momento entendí que no me voy a dejar matar...", expresó al principio de un relato cargado de emociones y certezas, las mismas que la mantienen con la convicción de que el trabajo de divulgación es continuo y fundamental para que este tipo de hechos de violencia y discriminación no se vuelvan a repetir.

"Una imagen que siempre me perturba es cómo hizo la persona que buscó y manejó la camioneta que estaba cargada con explosivos. Qué había en la cabeza de esa persona...".

La explosión vino a reforzar ese recuerdo reciente del impacto provocado por el atentado a la Embajada de Israel ocurrido dos años antes. Si bien la situación en términos de seguridad estaba cambiando, aún no habían medidas de defensas frente a los edificios.

"El recuerdo del atentado a la Embajada, en lo personal, no era algo que me acosaba o que me impedía querer venir a trabajar. No pensaba que podía suceder otra vez", contó y agregó: "Una imagen que siempre me perturba es cómo hizo la persona que buscó y manejó la camioneta que estaba cargada con explosivos. Qué había en la cabeza de esa persona...".

Memoria y justicia

"Hablo mucho en entrevistas y con jóvenes explicándoles sobre la convivencia y la necesidad de entender los acuerdos para que todos podamos vivir en paz y cuidarnos de todo aquello que puede estar incluido en una ideología que solamente acepta ser uno pero no el otro diferente", expresó Anita con la firme convicción de que la memoria es la que posibilitará los cambios necesarios para que este tipo de hechos no se vuelvan a repetir, pero también hizo hincapié en el rol de la justicia.

El atentado dejó como saldo 85 víctimas fatales y más de 300 heridos

"La justicia tiene un deber que todavía no completó. La bomba no cayó del cielo. Hubo personas que idearon esto, que financiaron, planificaron y realizaron. El odio es el peor veneno en las relaciones humanas", manifestó Weinstein.

"Voy a seguir trabajando, colaborando. Lo hago hasta ahora como voluntaria pero sigo pensando que las historias hay que guardarlas y contarlas. Hay que dar los materiales suficientes y necesarios, nuevos o antiguos para seguir contando las formas en que la comunidad judía en sus diferentes expresiones tanto culturales, anímicas, profesionales, religiosas, se han ido desarrollando y han ido siendo parte de la Argentina completamente compenetrados con esa pertenencia", cerró.

Una vida dedicada a la divulgación

Anita Weinstein es socióloga y se recibió en la Universidad Hebrea de Jerusalén, trabajó durante casi toda su vida en AMIA y ahora se desempeña como voluntaria. Fue directora del Centro de Documentación e Información sobre judaísmo argentino.

"Fue un trabajo que amé hacer porque era la tarea de recopilar información, grabaciones, fotografías, objetos que cuentan la vida y la presencia de los judíos en la Argentina. También tuve a cargo la dirección de la Federación de Comunidades lo cual significa recorrer las comunidades judías del país para colaborar con ellos en la continuidad de lo que es la vivencia judía relacionada a la educación, actividades sociales, programas que se compartían con el gobierno de cada provincia", dijo y agregó: "Uno de mis objetivos era construir conocimientos sobre lo que significa esta presencia como comunidad minoritaria en contacto con otros inmigrantes de diferentes países. Desde la comunidad judía ya hay bisnietos o tataranietos de cuando empezaron a venir los judíos acá".

Los pedidos de justicia no cesan