La magia de las acuarelas del artista argentino Oliver Fagnani
Los sujetos de sus obras abarcan una gran variedad de paisajes de Argentina y del mundo, además de edificios y retratos. En ellas se puede ver una acabada composición basada en sólidos dibujos y en un minucioso conocimiento del uso del color, con el que logra un gran juego de luces y transparencias, tarea nada fácil por cierto.
También despliega una gran habilidad a la hora de trabajar con materiales no tradicionales, como cuando realiza retratos con corchos de botellas de vino. A lo largo del reportaje deja de manifiesto una gran alegría que amalgama: el amor a su familia, su
arte y su trabajo.
En tus obras predominan los paisajes de numerosos lugares, en especial argentinos.
Si, mis padres son del interior cercano, la familia de mamá de San Andrés de Giles y la de papá de Chivilcoy. Con ellos y mis dos hermanos, cuando éramos chicos, viajábamos todo el tiempo hacia allá, casi todos los fines de semana a ver a mis abuelos.
En general me gusta pintar todos los lugares que voy conociendo y visitando, en los cuales a veces me da el tiempo para hacer el
planteo del cuadro, no te digo del cuadro completo por supuesto, pero si un alto porcentaje del mismo. Después con fotos los termino en casa, y durante un tiempo con otras fotos más los sigo elaborando. Esto me permite hacer más acuarelas. De hecho, durante la luna de miel, pinté mucho.
Estábamos muy tranquilos paseando por Europa en el año 2001, año en que nos casamos y viajamos, antes de que estallara la crisis. En cada viaje me llevo un kit de acuarelas y siempre saco un par de obras, que son de tamaño A3 y A4 más o menos. Después en casa las termino, y además desarrollo otros paisajes del mismo viaje, cuadros más grandes donde tengo que estirar la
hoja con un bastidor, donde se requiere mucha más concentración.
¿Cómo fue tu elección por la acuarela?
Con mis dos hermanos estudiamos en el Colegio Champagnat, eso fue muy lindo, muy buen colegio. El profesor de plástica Alejandro Agostini, hoy me doy cuenta que era realmente un maestro con todas las letras, valoró muchísimo mi trabajo me hizo probar un montón de técnicas y me hizo avanzar muchísimo en ese comienzo. ¡Si yo te dijera por cual trabajo me valoró mucho!
lo acuerdo perfectamente, era tan malo que no puedo creer donde descubrió algo, pero así son los maestros.
Fui bastante autodidacta, aunque hice talleres de arte que no me gustaron nada por lo anacrónicos. No era lo que yo quería, pero de todos modos reconozco que me aportaron mucho. Luego acudí al taller que el profesor Eduardo Cervera tenía con Sergio Merayo, aprendí muchísimo y pegué un salto cualitativo en todo sentido, y fundamentalmente en la escala porque yo venía
elaborando con cuadernos, y con ellos comencé a pintar un poquito más grande.
La acuarela en general se pinta en pequeño formato, esa es la realidad. Pero yo también pinto sobre hojas de 0,50m x 0,70m y más también, por ejemplo en hojas de 1,10m x 0,80m. Aunque como te dije la técnica de la acuarela es para pintar más chico, más en detalle. Lo que me gusta de ella es que es muy directa, muy transparente y luminosa, estas cualidades no las poseen otras
técnicas. Tiene como un dejo de frescura. Por supuesto que para poder plasmar todo esto que te estoy diciendo, obviamente no se te tiene que empastar el cuadro, ¡hay que manejarla la técnica! Pero en rasgos generales eso es lo que me gusta, que sea fresca, espontánea, luminosa, y colorida también.
Además sos arquitecto…
Así es, en mi adolescencia me anoté en la UBA para estudiar arquitectura. La carrera me gustó de primera, yo ya venía dibujando lo cual me ayudó bastante para el cursado. Fue allí que conocí al profesor de historia Eduardo Cervera, que falleció el año pasado, dictaba historia de la arquitectura, sabía muchísimo. Me quedé con la técnica de la acuarela fundamentalmente porque es una técnica muy amigable, a diferencia de otras técnicas de arte en las que tenés que desplegar mucho.
Como te dije probé muchas técnicas: acrílico, óleo, pero realmente la acuarela resultaba para mi interés algo muy práctico, esto de cargar poco e incluso poder decir bueno viajo y puedo pintar en el lugar. Poder hacerlo con óleo desplegando un atril es muy difícil, pero con la acuarela lo resolví y fue muy compañera de unos viajes que hice cuando era estudiante universitario
¿Cómo surgieron las obras realizadas con corchos?
En general nosotros en casa hacemos un montón de manualidades con cualquier cosa, es muy típico eso, no solo para el colegio. De repente uno de mis hijos se pone al lado mío y empezamos trabajar con cualquier material. Siempre los corchos a mí me llamaban la atención, me parecía un despropósito tirarlos por ser un elemento que puede tener alguna utilidad, de hecho hicimos
muchos objetos utilitarios y artesanales con fragmentos, logrando planchas de corcho de uso variado. La pandemia hizo que yo tomara más vino (risas) y empezara a coleccionar más corchos.
Empecé a conseguir corchos por cualquier lado y me dije bueno con esto tengo que hacer algo, y como me gustan los desafíos me propuse hacer un retrato, el primero que hice fue de una de mis hijas y quedé un poco sorprendido por el trabajo, porque cuando uno lo va trabajando es como que vos no te das cuenta de lo que estás haciendo, pero lo miras a distancia y tiene una tridimensionalidad y una profundidad que no se puede creer.
Para el caso, yo trabajo los corchos como están, con los colores originales que les fue dando el vino, los parto al medio por el solo hecho de que no sea tan pesado el trabajo, porque son muy grandes.
Y después se nos ocurrió hacer a Messi, por supuesto por toda la movida del mundial. En esta tarea me ayudó un sobrino mío llamado Santiago, porque la logística también es complicada, una de las cosas más difíciles aparte de resolver la cuestión artística del cuadro. Son muchísimos corchos y gracias a Santiago, que me consiguió corchos por todo el barrio pidiendo durante varios meses. Y es otra forma de poder desparramar el arte, no solo a través de mis hijos sino también de mis sobrinos.
Claro, tengo entendido que tus hijos siguieron tus pasos.
En la época de la facultad, conocí a Anita Velasco Suárez que hoy es mi esposa con quien llevamos 22 años de casados y tenemos 4 hijos. La evolución de la pintura se detuvo un poco, a pesar que yo había comenzado con mucho impulso haciendo exposiciones, pero la carrera, la familia, los hijos me sacaron un poco del tema.
Pero por otro lado me permitió el poder experimentar esto de enseñarles a dibujar y pintar a mis hijos, que fue lo que pasó, y que realmente es algo que valoro muchísimo. Mi hijo mayor Lucas (@dibujos.lf) pintó muchísimo hasta que después se enganchó con el futbol. En la pandemia le resurgió todo el arte y ahora hace retratos impresionantes, muy lindos con lápiz y con grafito. Todas mis hijas son artistas en cierto sentido Milagros ya esta estudiando diseño gráfico, le siguen Luján y Trinidad.
Una parte interesante para mí y mi familia es que la pandemia, que para muchos fue un golpe bajo, una crisis, un bajón, sin embargo para mí fue buenísimo en el sentido que me obligó a cortar todo tipo de labor como arquitecto. Y lo cierto es que a la semana que dejó de sonar el teléfono y que no se podía hacer nada me dije: bueno vamos a seguir pintando. Nunca deje de pintar, lo que pasa es que pintaba algunos cuadros por año, pero la pandemia me potenció un montón. Justo me había comprado unas excelentes acuarelas profesionales.
Así que comencé a pintar muchos temas que ya tenía registrados de lugares que visito. Hice mucha obra en la pandemia y no solo
eso sino que vendí bastantes acuarelas, porque me permitió crear el Instagram @acuarelasoliver y hacer publicaciones. La gente con tiempo libre miraba todo eso, lo valoraron y por supuesto que muchos quisieron tener una obra mía.
Me quedo y coincido, al final de la conversación, con las palabras de Oliver al definir el arte y el sentido de la vida: “Un aspecto muy importante que yo le encuentro a todo esto, es que creo que la vida es un regalo, es un don. Y los dones que recibimos cada uno de nosotros, distintos dones, me parece que como mínimo amerita desarrollarlos y poder así entregarlos al resto de las personas, para generarles una satisfacción que intente reflejar un poco el alma del artista. Así como los músicos crean música, los escultores esculturas, yo me siento con la responsabilidad frente a Dios de poder desarrollar esto y generar esa satisfacción y gratitud, ¿no?...”