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El preocupante dato sobre empleo joven en Mendoza

Aunque se recuperó el nivel de empleo pre-pandemia, la crisis afecta a quienes se inician en el mundo laboral y a quienes llevan poco tiempo en él. Cuáles son los indicadores en rojo.

En el Gran Mendoza, las personas más jóvenes que ingresan al mercado del trabajo sufren mayor informalidad e inestabilidad en sus puestos. Algo que les impediría proyectar a futuro y que limita el acceso a la vivienda, por ejemplo, en los niveles socioeconómicos medios y altos. Incluso a los menores de 30 años la crisis del empleo les pega más fuerte que a los adultos, que tienen 30 años o más. La desocupación se triplicó en el primer grupo, respecto al segundo, según los últimos datos oficiales. Y también es mayor la tasa de subempleo.

Quienes inician su carrera laboral o llevan menos tiempo en ella sufren las peores condiciones laborales (sin aportes jubilatorios, obra social, comprobante de sueldo, etc.) "pero también resulta más precaria e inestable por los sectores de actividad que los/as contratan, muy determinados por la estacionalidad y vulnerables a los ciclos económicos". Así lo señala un informe del CISME, Centro de Investigación Social de Mendoza, junto con la Secretaría de Juventud de la CTA-T Mendoza. Los datos procesados parten de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos en departamentos. Un relevamiento trimestral que se realiza en todo el país y en la provincia toma solo departamentos del Gran Mendoza.   

La desocupación mide la cantidad de personas que buscan activamente un empleo.

Las personas que acceden a su primer empleo tienden a vivir un desfasaje entre su nivel de calificación, las condiciones del puesto que consiguen y sus intereses de formación. En este sentido Sabrina Ruggeri, socióloga a cargo del informe, alertó sobre el prejuicio que existe con respecto a la falta de calificación de los jóvenes para conseguir trabajo: “Por ejemplo, una empresa de gastronomía que recibe turistas extranjeros, pide que tengan disponibilidad full time y sepan dos idiomas, además de español; pero luego las condiciones de empleo no lo corresponden a esa exigencia”. De modo que es probable que la persona calificada busque otros empleos.

Por ello Ruggeri destaca la importancia de las políticas de intermediación laboral, es decir, en primer lugar comprender que “el mercado de trabajo” no es algo abstracto sino que está conformado por las empresas que demandan mano de obra, las cámaras empresariales, los trabajadores, pero también los sindicatos y el Estado."Que el Estado busque fomentar que las empresas contraten jóvenes, garantizar su inserción y el cumplimiento de los derechos laborales por parte de quienes contratan es un factor clave", sostuvo la investigadora.

Los primeros en caer y los últimos en recuperarse

“Lo que se ve, cuando estudiamos inserción laboral de jóvenes, es que las crisis económicas en general los afectan en primera instancia y en los períodos de recuperación son los últimos a quienes les llega el impacto”, explicó Ruggeri, quien además es referente del Instituto de Trabajo y Producción del área de Vinculación de la UNCuyo.

El empleo no registrado tiene mayor peso entre los jóvenes.
Aunque disminuyó con respecto a la pandemia, la subocupación sigue alta.

Aunque hubo una recuperación general del nivel de actividad y ocupación después de la pandemia, en 2021 y 2022, el grupo de trabajadores/as de 18 a 29 años presenta una tasa de desocupación casi 8 puntos porcentuales más elevada que aquellos de 30 a 65 años. "En cuanto a la informalidad laboral, la proporción de jóvenes insertos/as en puestos de trabajo no registrados supera por 20 puntos porcentuales la de los/as adultos/as. Por último, se observa que las inserciones laborales juveniles se concentran principalmente en las ramas de comercio, hotelería y gastronomía, servicios, y construcción, conocidas por su alta rotación
e inestabilidad", concluye el informe.

El informe toma datos del Gran Mendoza. En el resto de la provincia es más fuerte el sector agropecuario.

Sobre las consecuencias, la no registración e inestabilidad del empleo joven dificulta la planificación de la vida. En algunos sectores socioeconómicos limita la posibilidad de pensar en acceder a una vivienda propia y en otros grupos más vulnerables impacta más, sobre todo en quienes “organizan su vida, su consumo mes a mes, o incluso semana a semana”, explicó Ruggieri. Por otra parte, la investigadora dijo a MDZ que “no es lo mismo el impacto de la pérdida del empleo en aquellos jóvenes cuyos ingresos no forman parte de la economía del hogar que en aquellos que sí”. Del mismo modo que afecta de manera diferente si la persona tiene o no hijas e hijos a cargo.

Al ser consultada sobre si el informe de CISME explica por qué más jóvenes deciden irse a vivir al extranjero, la socióloga mendocina comentó que es solo “una lectura posible”. Ya que quienes se van del país o de la provincia es un grupo minoritario en términos estadísticos y no son representativos de los distintos sectores socioeconómicos. Habría que analizar, por ejemplo, si quienes emigran son profesionales o no, por ejemplo.