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¿Por qué se festeja el 1° de julio el Día del Historiador?

La labor del historiador es fundamental para comprender nuestro pasado. Su trabajo contribuye al desarrollo de la identidad nacional, la memoria colectiva y la reflexión crítica sobre la sociedad y la cultura.
Deán Gregorio Funes inició la tarea de historiar el revolucionado pasado patrio.
Deán Gregorio Funes inició la tarea de historiar el revolucionado pasado patrio.

Finalizando el Siglo XX, el historiador francés Jacques Le Goff acuñó una frase que día tras día renueva su vigencia: “la historia es la ciencia del cambio y de la explicación del cambio”. Le Goff fue un referente sobre los estudios “medievalistas”.

Y sobre esa edad sostenía: “La Edad Media estaba constituida por un mundo sin fronteras entre lo real y lo fantástico, entre lo natural y lo sobrenatural, entre lo terrenal y lo celestial, entre la realidad y la fantasía. Si bien los cimientos medievales de Europa subsistieron, sus héroes y leyendas fueron olvidados durante el Siglo de las Luces. El romanticismo los resucitó, contando las leyendas doradas de la Edad Media.

Hoy asistimos a un segundo renacimiento gracias a dos inventos del siglo XX: el cine y las historietas. El medioevo vuelve a estar de moda con ‘Harry Potter’, ‘La guerra de las galaxias’ y los videojuegos. En realidad, la Edad Media tiene una gran deuda con Hollywood. Y viceversa. Pensé alguna vez que provocaría un escándalo afirmando que el medioevo se había prolongado hasta la Revolución Industrial. La verdad es que ha llegado hasta nuestros días”.

Agregará Le Goff: “Se podría decir que seguimos viviendo en la Edad Media porque de ella heredamos: la ciudad, las universidades, nuestros sistemas de pensamiento, el amor por el conocimiento y la cortesía. Aunque muchas de estas cosas bien podrían decirse que están en vías de extinción. ¿Qué lejanas están las hordas salvajes, ignorantes e incultas, sumergidas en el oscurantismo? ¿Qué lejanos están los fundamentalismos cerrados, los tiranos, las pestes? Gran trabajo para los historiadores poder percibir el cambio y la continuidad”. Vigente; aunque él lo escribiera hace veinte años.

El Deán Funes, la lucha y la historia

Corrían tiempos bravos. Mayo de 1810 había azuzado un fuego latente, y en medio de esos días surgirá la figura de un cura. Era Gregorio Funes; sacerdote, pero de esos curas que son tan trascendente (o más) por su accionar político que por su tarea eclesiástica. La historiografía argentina lo inmortalizó como el Deán (párroco de la iglesia más importante de una ciudad) Funes.

Gregorio Funes era cordobés. Estudio en el histórico Colegio de Monserrat de la docta; ingresó al convento para consagrarse cura; luego se recibió de abogado en la Universidad de Córdoba (de la cual será Rector en 1807) y completó sus estudios en España.

Desde el vamos, nomás, se metió en problemas. En Córdoba se peleó con el obispo y con el rector de la universidad porque no compartía los motivos y el criterio de cómo se habían repartido las tierras de los jesuitas tras su expulsión de América, y puntualmente de su Córdoba natal. Para sacárselo de encima, el obispo lo mandó castigado a la parroquia rural de Punilla. Gregorio Funes no le hará caso, y es ahí donde emprenderá (con su rebeldía a cuesta) el viaje a España para doctorarse en la Universidad de Alcalá de Henares (1779). De allá volverá todo un “ilustrado” que empezaba a comulgar con las ideas de la independencia.

Las recopilaciones de Dean Funes.

Hará carrera en el campo religioso y también en el ámbito educativo, consagrándose rector de la universidad cordobesa y director del Monserrat. Estimulará la educación gratuita, propondrá una reforma pedagógica incorporando nuevas asignaturas y hasta donará 10.000 pesos para sostener el sueldo de profesores. Dichos aires reformistas le ocasionarán una fuerte disputa con el Gobernador cordobés (por ese entonces) Rafael de Sobremonte, a la postre virrey en Buenos Aires.

Partirá a Buenos Aires donde formará parte del círculo ideológico de Castelli, Belgrano, Rodríguez Peña, French, entre otros. Se convertirá en periodista y ferviente difusor de las nuevas ideas emancipadoras.

Una vez instalada la Primera Junta de Gobierno en Buenos Aires llevará la notica a Córdoba sobre la formación del primer gobierno patrio y enfrentará a los opositores como Liniers. Integrará la Junta Grande y participará activamente para concentrar el poder en menos manos, dando paso al Primer Triunvirato (Sarratea, Chiclana y Paso).

En paralelo, los triunviros nombrarán una Junta Conservadora que presidirá, precisamente, el Deán Funes con la tarea de controlar el gobierno y hacer las veces de poder legislativo. Pero su temperamento lo llevará a enfrentarse con Bernardino Rivadavia (el poderoso secretario del primer triunvirato) costándole la cárcel y la disolución de la Junta Conservadora. Puesto en libertad regresará a Córdoba para concentrarse en la escritura de historias y en sus vivencias como testigo protagónico de los sucesos trascendentes del momento.

El 1 de julio de 1812

En 2002 el Congreso Nacional sancionará la Ley 25.666 estableciendo el 1 de Julio como Día del Historiador. Dicha fecha recuerda la decisión del Primer Triunvirato que por decreto del 1 de julio de 1812 promovía recrear la “historia filosófica de nuestra feliz revolución, para perpetuar la memoria de los héroes y las virtudes de los hijos de la América del Sud, y a la época gloriosa de nuestra independencia civil”. (textual Decreto 1/7/1812).

En un primer momento la labor recayó en el Fray Julián Perdriel, quien no pudo asumir la responsabilidad. Inmediatamente fue encargada la tarea de recopilación al Deán Gregorio Funes, iniciando la tarea de historiar el revolucionado pasado patrio.

El historiar es un oficio, disciplina, práctica y vocación que acompañó al hombre desde siempre y en todas sus manifestaciones sociales, pues la ciencia histórica es imprescindible por si la memoria nos falla, como sucede naturalmente con bastante frecuencia, pues “somos lo que hacemos, pero también lo que verdaderamente recordamos”.