La advertencia de pediatras sobre el riesgo de aumento de una enfermedad mortal
Con la llegada de la época invernal, los niños permanecen más tiempo en lugares cerrados y pueden estar más expuestos a contraer enfermedades no sólo respiratorias, sino otras más graves como la meningitis, que tiene una alta tasa de mortalidad y que puede dejar secuelas irreversibles. Es por eso que se hace necesario tomar medidas de prevención y, sobre todo, alertar sobre la importancia de mantener buenas coberturas de vacunación, que de acuerdo al Ministerio de Salud de la Nación disminuyó en 2022 y en consecuencia los casos se duplicaron.
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Tal como señalan la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (PAHO), la meningitis es provocada principalmente por cuatro bacterias. El estreptococo del grupo B (Streptococcus agalactiae) suele ser la que más afecta a los recién nacidos, mientras que los lactantes y niños más pequeños son propensos a contagiarse de los otros tres tipos: el meningococo (Neisseria meningitidis), el neumococo (Streptococcus pneumoniae) y el Haemophilus influenzae tipo B. Si bien la población pediátrica constituye el principal grupo de riesgo, los adolescentes y adultos también pueden contraer la enfermedad.
La enfermedad produce la inflamación de las meninges, es decir, de las finas membranas que recubren el cerebro y la médula espinal. Sus primeros síntomas pueden ser similares a los de una gripe, pero luego pueden aparecer manifestaciones propias de la afección, como cefalea intensa, vómitos constantes, rigidez de los músculos del cuello, alteraciones del estado mental y fotofobia, que es la sensibilidad excesiva a la luz. El Ministerio de Salud de la Nación agrega que los lactantes suelen presentar irritabilidad, fiebre, falta de apetito, llanto intenso, un sueño más prolongado que el normal e inflamación en la fontanela, que es la región blanda de su cabeza.
Lo que convierte a la meningitis en un grave problema de salud es que sus síntomas se confunden fácilmente con los de otras patologías comunes, pero pueden evolucionar rápidamente a una situación crítica en un lapso de 24 a 48 horas. De hecho, la mortalidad puede ser de uno de cada diez pacientes, mientras que uno de cada cinco podría quedar con secuelas permanentes, que van desde la pérdida de la audición y daños cerebrales hasta la amputación de miembros.
“La enfermedad producida por el meningococo, el neumococo y el Haemophilus influenzae no es fácilmente reconocible en sus inicios y aún con tratamiento antibiótico puede dejar secuelas y provocar muertes”, explica Enrique Casanueva, jefe emérito de Infectología Infantil del Hospital Universitario Austral y docente de la Facultad de ciencias Biomédicas de la Universidad Austral (MN 55133).
Como indica la Agencia Nacional de Salud Pública de los Estados Unidos, mientras que el estreptococo del grupo B lo transmite la madre a su bebé al momento del parto, las otras bacterias se contagian a través de las secreciones de la nariz o de la garganta, como toser, estornudar, escupir o besar, ya sea por contacto estrecho como por compartir un espacio cerrado por un tiempo prolongado. De ahí que los chicos, al pasar más horas bajo techo y compartir objetos que se llevan a la boca, son vulnerables a contraer la enfermedad.
De acuerdo con el Boletín Epidemiológico Nacional, tras la pandemia de coronavirus, bajó la tasa de vacunación en la Argentina y, en consecuencia, los casos se incrementaron, lo cual demuestra que la inmunización es efectiva.
“Es muy importante que los niños y los adultos con factores de riesgo estén vacunados y con todas las dosis de acuerdo a la edad y condición clínica. Las dosis se deben completar aunque haya pasado la edad establecida por calendario. Siempre estamos a tiempo de prevenir la meningitis con vacunas que son seguras y efectivas”, afirma Casanueva.

