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¿Qué salud queremos los argentinos?

Hoy, ningún partido político hace una propuesta sanitaria concreta para mejorar las condiciones de los Argentinos. En pleno año electoral es bueno que nos preguntemos qué podemos hacer para mejorar nuestro complicado panorama sanitario.

En 1904, durante el gobierno de Julio Argentino Roca, su ministro del interior Joaquín V. González, le pidió al médico y abogado catalán Juan Bialet Massé un informe sobre la salud en la Argentina, especialmente de las clases obreras. Bialet Massé viajó a lo largo y ancho del país y le entregó al presidente un detallado y crudo informe del estado sanitario del país. Pablo Storni hizo lo mismo en la Capital Federal.

Los resultados eran alarmantes. “No se han ocultado las llagas”, dijo sin vueltas Bialet Massé, “es preciso presentarlas con desnudez para aplicarle el remedio más conveniente”.

La consecuencia directa de este informe fue la Ley Nacional de Trabajo (sí, la primera ley de trabajo surgió del gobierno del general Roca, tan vilipendiado por algunos sector progresistas) donde, además de las restricciones horarias y la imposición del descanso dominical, se impusieron medidas de seguridad e higiene en las fábricas.

Como se lo había propuesto, Bialet Massé desnudó a la Argentina, y mostró al paludismo endémico en el Noroeste, al bocio y cretinismo en el Norte y a la tuberculosis y al alcoholismo en todo el país.

En su reporte, Bialet Massé apenas nombra las enfermedades venéreas, que según algunas estadísticas de principio de siglo, en países europeos de donde provenían nuestros inmigrantes, comprometían a uno de cada tres hombres.

Tomando en cuenta estos factores, más la posibilidad de un enfrentamiento armando con Chile, fue que el ministro de Guerra del presidente Roca, el general Pablo Ricchieri, presentó el proyecto de Ley 4031 donde se reclutaba a los varones argentinos de 20 años para su instrucción militar, la defensa del país y “la alfabetización”. También fue una oportunidad para medir en la población el impacto de las enfermedades que enumeraba Bialet, detectarlas y tratarlas.

Con los años “la colimba”, que nació como un valor homogeneizador de la sociedad ( en su momento fue conocida como la Ley de igualdad)  se fue desvirtuando por muchas razones, como sostuvo el general Martín Balza: los golpes de Estado, los enfrentamientos internos entre facciones de las Fuerzas Armadas que ocasionaron la muerte de jóvenes convocados a defender a la patria y no vocaciones espurreas de algunos oficiales,  el uso de soldados para tareas ajenas al servicio y el fracaso de Malvinas. Hoy día podríamos agregar la sofisticación de la guerra moderna hace poco viable la actividad de estos jóvenes bisoños en un enfrentamiento tan tecnológico. Cada día es más necesaria la profesionalización del combatiente.

Al dar por finalizado el ciclo el servicio militar obligatorio se perdió la oportunidad para realizar exámenes médicos masivos y ofrecer cierta educación sanitaria que hoy debería incluir tanto a varones como mujeres. Dado el significativo deterioro de la salud de la población, es indispensable retomar la práctica de exámenes masivos obligatorios en jóvenes entre 18/20 años .

Enfermedades venéreas

En estos últimos años se ha detectado un aumento alarmante de enfermedades venéreas, especialmente la sífilis que muchos creían erradicada. Nada más lejano. En diciembre del 2022, el 39 Boletín Epidemiológico registró un aumento del 44% con respecto al inicio de la pandemia. Actualmente el índice llega a 26.5 cada 100.000 personas entre los 15 y los 25 años. En el 2019 el pico había llegado a 56,1 cada cien mil en el mismo grupo etario pero la pandemia marcó una baja en la trasmisión.

Como es una afección que se contagia en el embarazo, también han subido los casos de sífilis congénita al 1.3 por cada mil nacidos vivos.

La gonorrea, la uretritis de distintos orígenes y los papilomas también están en aumento al igual que el HIV, que de ser una enfermedad mortal ha pasado a ser una afección crónica. Esta “banalización de la enfermedad” ha creado un relajo de las costumbres en el uso de profilácticos y un aumento de la promiscuidad.

Estas afecciones no son gratuitas, la sífilis, la “gran imitadora”, trae secuelas graves de por vida que incluyen a la demencia en sus estadios finales. Complicaciones que eran raras de ver hasta hace pocos años, hoy han reaparecido. La uveítis sifilítica (proceso inflamatorio del ojo que puede llevar a la ceguera) vuelve a barajarse como diagnóstico.

Cómo la sífilis es una enfermedad que no duele y/o evoluciona con los años y cuyos periodos iniciales son transitorios (chancro, rash cutáneo, etc.) sospechamos que los contagios son mucho más frecuentes y aunque es una enfermedad de denuncia obligatorio, este requisito no se cumple. Se estima que cada día en el mundo un millón de personas adquiere una enfermedad de trasmisión sexual. En el 2016 había en el mundo un millón de mujeres con luces y más 350000 casos de niños con sífilis congénita.

Más allá del diagnóstico

En medicina no solo es necesario diagnosticar sino proponer un tratamiento y en este caso es recuperar una de la virtudes que tenía el servicio militar: el examen médico.

Como decíamos antes, NO se busca la instrucción militar ni nada por el estilo, de hecho podría llamarse a esta propuesta servicio cívico que está destinado al examen masivo de los jóvenes (y especialmente de ese grupo que se llama los NiNi, que no estudian ni trabajan), en búsqueda de enfermedades, especialmente las de trasmisión sexual, además de un examen clínico, una batería de exámenes de laboratorio, radiografía de tórax, detección de adicciones, etc. etc. ... Pero el tema no se agota allí, se pueden impartir instrucciones de higiene, cuidado personal y sexual  .

También es una oportunidad para conocer el grado de analfabetismo e instrucción de los jóvenes. En el año 2010 se estimaba que el 2% era analfabeto, pero se sospecha que esos guarismos han crecido y hoy en día hay un analfabetismo funcional que es tan grave como el otro.

Es fundamental saber cuál es el uso de drogas y el nivel dependencia de los jóvenes, no con intención de sancionarlos sino de asistirlos en su desintoxicación.

Y si podemos avanzar un paso más sería oportuno enseñarle algún oficio a quienes no lo tienen.

Financiamiento

Algunos preguntarán ¿de dónde sacaremos los fondos para hacer este estudio? La salud de los jóvenes es una inversión y no un gasto.

Estimaciones de distintas organizaciones de salud calculan que Argentina pierde al año 1.000 millones de dólares por problemas visuales, que hay por lo menos  136.000 personas con Sida (casi 7 de cada 10 personas conocen su diagnóstico y se atiende en el sistema público). Argentina tiene una erogación de 400.000 millones de pesos por discapacidad.

Podríamos seguir dando números, datos y cifras que marquen el deterioro sanitario de la población, quejarnos y llorar ... pero es el momento de hacer algo o en su defecto, seguir siendo parte del problema por ineptitud, por desinterés o desidia...

La salud de los jóvenes es la mejor inversión de un país ... y no podemos desentendernos del tema.

 * Omar López Mato es médico oftalmólogo MN 59216 e historiador