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La historia de Atalaya y las ¿mejores? medialunas ruteras

Fundado en 1942, en Chascomús, Atalaya sufrió modificaciones en su modelo de negocios, pero 81 años después sigue siendo el parador preferido de la Ruta 2.
El Parador Atalaya cumplió 81 años. Foto: Instagram Atalaya
El Parador Atalaya cumplió 81 años. Foto: Instagram Atalaya

No hay mejor marketing para una compañía que el "boca a boca" y si una marca sabe de eso es Atalaya. El reconocido parador de Chascomús fundado en 1942 supo ganar fama por sus medialunas y aunque no está confirmado que sean las más ricas del país están tan instaladas como producto que son un clásico entre los turistas que van o vuelven de la Costa Atlántica. 

El Parador Atalaya surgió como una empresa familiar dedicada a la elaboración artesanal de productos y ese fue el rasgo que las distintas generaciones que estuvieron a cargo de la gerencia intentaron sostener como parte estructural de la identidad de la marca. La fórmula parece haber sido un éxito porque el lugar se convirtió en la cita obligada de descanso y punto de encuentro de muchas familias y turistas que deciden hacer un alto ahí para tomar un café, comer algo rico y continuar el viaje. 

El paso del tiempo -con la construcción de la Autovía 2 en los 90s- torció el rumbo de la empresa que pasó de tener un parador a dos, enfrentados y que, actualmente, se expande por todo el país a través de franquicias que buscan ofrecerle a los clientes la experiencia rutera, el valor de los autóctono como símbolo de pertenencia, pero cada vez más cerca de la casa de más argentinos. Por esto, Atalaya se instaló en Zárate, Canning, Mar del Tuyú, La Plata y sus dueños continúan firmando contratos para ocupar más territorio. 

Atalaya está a manos de la tercera generación de los Castoldi, quienes le compraron el fondo de comercio a los españoles fundadores, Ángel y Odilio García cuando decidieron dejar el negocio para irse a Mar del Plata. Los nuevos propietarios, a través de los años, arriesgaron aggiornarse y, en ese sentido, aplicaron modificaciones que resultaron violentas para los más conservadores, pero exitosas para el modelo de negocios. Se le dijo adiós al menú con puchero, jamones y pescados y se habilitó la distribución de medialunas congeladas a más puntos de la Argentina. Además, se apostó fuertemente a la elaboración de dulces, conitos y alfajores.

Las consecuencias de esto fueron más ventas y más críticas. En redes sociales y, a través de conversaciones, los clientes insisten en que algo se modificó en las medialunas de Atalaya, que ya no son las mejores, que cambiaron la calidad. En una entrevista a la periodista Julieta Tarrés en el programa Derribando Mitos, Juan Castoldi, director de la empresa, explicó que desde su punto de vista esto no es así, que siguen usando la misma materia prima, pero que lo que se modifica es la emoción detrás de la experiencia.

"Tiene que ver con el recuerdo, quizá pasaste cinco años antes con alguien que ya no está o en tus primeras vacaciones y cuando probaste las medialunas estabas emocionado. Eso hizo que el sabor parezca diferente, pero mantenemos la receta original", señaló y explicó que el secreto del producto está en la calidad de la manteca, en la incorporación de una pizca de sal y en la búsqueda con el parecido a un croissant. 

Es cierto que cuarenta años atrás viajar de Buenos Aires a Mar del Plata, por ejemplo, o a la inversa llevaba más de siete horas. Los autos no tenían la ingeniería que tienen actualmente y era frecuente que se rompieran o, sencillamente, había que ir a menor velocidad. Además, las estadías de vacaciones eran más largas, de quince o veinte días, incluso un mes. Todo esto hacía que la parada rutera fuera un hito al que se le dedicaba tiempo y atención y en el que lo que sucediera tenía otro valor en la memoria. 

Pese a la sensación de que la calidad de Atalaya bajó o que ya no es lo mismo, son 2 millones de personas las que frenan anualmente en el parador y, entre todas las sucursales, reciben hasta 25 mil personas por día en temporada alta. En 2022 se vendieron 11 millones de medialunas, según datos de Castoldi.