ver más

La estigmatización de los científicos religiosos en el ámbito laboral

Nuestro país a través de la historia mantiene una tradición católica, pero también una corriente laica que ha configurado aspectos importantes en la vida y la convivencia de ambas perspectivas no suele ser muy amable. Arturo Fitz Herbert es investigador de la Universidad Austral y opina en MDZ.

Argentina ha consolidado una educación pública laica que sigue gozando de gran aceptación social. Sin embargo, la laicidad en la educación pública nacional se aplica de manera asimétrica: mientras que aquellos que manifiestan creencias religiosas reciben sanciones sociales, en las universidades y centros de investigación es frecuente y aceptado denigrar a la religión. Esta es una de las evidencias que surgen de un estudio cualitativo basado en 22 entrevistas y 2 grupos focales con científicos argentinos religiosos y no religiosos. Esta investigación, que forma parte del proyecto internacional Science and Religion: Exploring the Spectrum II, mostró que los científicos religiosos ocultan a sus colegas sus creencias para evitar ser estigmatizados.

Un entrevistado recordó que un profesor le advirtió que no podía ser científico si era religioso. En los grupos focales se expresó que esta era una afirmación frecuente en las instituciones públicas, y que producía en los jóvenes la idea de que el mundo científico no es compatible con la religión. Una científica agnóstica dijo: “No es un ámbito donde uno exprese sus creencias religiosas abiertamente; hasta creo, y no lo celebro, que habría un rechazo”.

Paradójicamente, al ocultar sus creencias los científicos religiosos colaboran con el sostenimiento del prejuicio. Las percepciones negativas sobre la religión son expresadas abiertamente, y al no ser refutadas, se reproduce el estereotipo de que todos los científicos son ateos. Probablemente, las expresiones peyorativas hacia la religión no serían tan frecuentes si más científicos religiosos manifestaran sus creencias.

Catedral de Notre Dame.

El siguiente es un caso ilustrativo: al incendiarse la catedral de Notre Dame, una científica dijo: “Se lo merecían”. Al ver la reacción de su colega, preguntó si era católica y luego se disculpó. De haber sabido que era creyente, hubiera tenido mayor consideración hacia su compañera. La estigmatización de los religiosos no es un fenómeno exclusivo de la ciencia local. La bióloga Elizabeth
Barnes y la socióloga Rebecca Catto han documentado situaciones similares en los Estados Unidos y en Canadá. Desde la psicología social, Kimberly Rios explica que los prejuicios negativos alejan a muchos religiosos de las carreras científicas.

El origen en común de la estigmatización es la narrativa del conflicto, que postula la existencia de un conflicto inherente entre ciencia y religión. Historiadores como Peter Harrison han mostrado que estas ideas fueron promovidas en el siglo XIX por investigadores ingleses que quisieron separar a las materias de ciencias naturales del control del clero. En la actualidad, estas ideas están siendo desmanteladas desde varias disciplinas. Sin embargo, su popularidad las mantiene vigentes.

Peter Harrison es un historiador australiano.

Es importante que la comunidad científica tome conciencia de los estereotipos y prejuicios negativos hacia la religión, ya que estos obstaculizan la diversidad de pensamiento y la libre expresión de creencias. Ciencia y religión no son sistemas de conocimiento incompatibles, sino que abordan diferentes aspectos de la experiencia humana. La ciencia busca entender y explicar el mundo a través de la evidencia empírica, mientras que la religión proporciona un marco de significado y trascendencia. Ambos campos pueden coexistir y enriquecerse mutuamente, promoviendo un diálogo constructivo y respetuoso.

Arturo Fitz Herbert

* Arturo Fitz Herbert, Profesor e investigador de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral.