Rincón literario

La bandera, el hogar y la casa, entre eternas quejas argentinas

La cercanía de las fechas patrias moviliza ese sentimiento que está presente en todos los hogares argentinos y fue visible para el mundo entero luego del triunfo de la Selección Argentina en Qatar.

Pablo Gómez domingo, 7 de mayo de 2023 · 11:02 hs
La bandera, el hogar y la casa, entre eternas quejas argentinas
La bandera es nuestro símbolo patrio de referencia Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

-¿Dónde está la bandera? –pregunto, y mis palabras rebotan por las paredes y el techo de la casa.

En uno de esos rebotes, el eco de mi reclamo parece golpear desde arriba a la cabeza del resto de los miembros de mi familia, que ante ese contacto la hunden, por lo que se observa algo así como un grupo de hombros subiendo, que alguien que no comprenda esto del rebote de las palabras podría llegar a interpretar como una respuesta del tipo de “y yo que sé en dónde está la bandera”.

Porque la verdad es que se viene la semana de mayo, que recuerda a aquellos sucesos de 1810 en los que arrancó el primer boceto de este país, y que se yo, este año se me dio por poner la bandera, como aquel veinticuatro de marzo de pandemia en el que la colgamos al lado de un pañuelo blanco, en represalia contra el planeta que no nos dejaba ir a la marcha del Día de la Memoria.

Pero sigo buscando entre los cajones esos del armario que usamos poco, y la albiceleste no aparece. Mientras levanto hasta el último par de medias agujereado del fondo del cuarto cajón, ya estoy resoplando a cada paso, en ese formato de “qué barbaridad” que heredé de mi finado padre y que tan útil es para uno, aunque seguramente es molesto para los demás, pero bueno, la bandera no aparece…

Ahora busco en la caja de la estantería de la piecita de guardar cosas que ya no se usan pero que algún día voy a tirar, aunque no hoy, sino después; y mientras revuelvo entre remeras viejas, pienso en lo mucho que me cuesta usar la palabra “Patria”. Es que, los que tenemos ya más que algunos años, recordamos a los militares que, mientras mataban gente y hundían al país económicamente, se la pasaban con la palabra “patria” en la boca, como si fuera de ellos, y así es como finalmente nos mal acostumbraron a que fuera: nos dejaron las palabras “Nación” y “País”, pero la verdad es que “Patria” es otra cosa. Cierta vez, filosofando tontamente con otra persona sobre estos temas, pasó una señora de aspecto muy humilde, y desde su supuesta ignorancia de saberes formales nos tiró al piso con toda la filosofía y la altura académica que pretendíamos imponerle a la charla:

-La Nación es como la casa de uno –dijo para empezar, antes de rematar la frase con la verdad más verdadera –pero la Patria es el hogar…

Ahí la tenés. Esa es la verdad, y no las salamerías que pretendíamos elucubrar citando a tal o cual histórico sabedor de cosas serias. La Patria es el Hogar. Pero la bandera no aparece…

-¡Pero cómo puede ser que no pueda encontrar nada en esta casa cuando lo necesito! –mis palabras me retumban a mí mismo, porque ya nadie me aguanta con este lío de buscar la enseña que Belgrano nos legó. Aunque no entiendo por qué solamente nos acordamos de este prócer cuando hablamos del símbolo que creó a orillas del Paraná, si antes de eso ya había tenido activa participación en aquella semana de mayo que ahora pretendemos celebrar; además, y como si eso no hubiera sido suficiente, nos legó también al menos medio país, reconquistando el territorio nacional desde Tucumán al norte a puro sable y fusil. Y digo “al menos” porque, si Belgrano con su ejército no frenaban a los realistas, que venían bajando desde el norte hacia la Capital, capaz que reconquistaban todas las provincias que estaban siendo parte de la naciente revolución; pero, en fin, esa en una historia que no existió, gracias a las virtudes militares de don Manuel, así es que mejor no ahondemos en estas elucubraciones.

Y en esas quejas andaba cuando, desde la habitación del fondo, y con el lienzo azul-celeste y blanco en las manos, emerge mi hijo (el menor), que mientras me la entrega me recuerda:

-Pa, la sacaste vos para ponerla en el techo del auto cuando salimos campeones en Quatar… ¿te acordás?

No, no me acordaba. Pero, en definitiva, la culpa era mía.

Así que finalmente, y con el símbolo patrio entre las manos, encaramos todos juntos para la reja que da a la calle, y allí lo colgamos, sin prisa pero sin pausa, para recordar una vez más a todas las personas que dieron su vida para que hoy podamos estar acá, en esta Argentina que nos cobija, quejándonos de cosas menores, en el mes que dio inicio a nuestro país, a nuestra Nación… en el mes del cumpleaños de nuestro Hogar.

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