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Avanzada narco en el Conurbano: "El vecino vende droga y todo el barrio lo sabe"

Los vecinos denuncian un fuerte aumento de la inseguridad y la delincuencia en Lomas del Mirador. Temen que el barrio se convierta en campo de batalla narco. Jonathan vive ahí desde hace más de 25 años y cuenta cómo cambió el lugar donde los tiroteos y persecuciones son postales rutinarias.

"Mi abuela vivió casi toda su vida en Lomas del Mirador, ella tiene 85 años, o sea que imaginate, ella nació y vivió ahí sus primeros 20 años en el barrio", cuenta Jonathan Valderrey. Tiene 33 años y conoce cada rincón del barrio en el que vive desde que tenía 6 años. Sus amigos también viven ahí, el lugar a donde fue a la escuela y muy cerca de la Universidad de La Matanza, en San Justo, a donde se formó como periodista y operador técnico de radio.

Según Jonathan, lo único que mejoró desde que él vive ahí son algunos detalles de la urbanización. "Algunas calles que no tenían luz, ahora tienen. Y algunas que antes se inundaban, ya no. Pero son muy pocas", dice. Y sigue: "Con respecto a la educación, la escuela primaria a la que fui era una gran escuela -es la misma a la que fue mi abuela- y ahora pasas y parece una cárcel: enrejada, pintarrajeada, horrible". Acota que en otras instituciones pasa lo mismo. 

"La gente vive encerrada", sentencia con preocupación. "Hay muchas casas en venta, casas de gente que vivió durante añares y con todo este tema, la ponen en venta, la pueden alquilar, se van y obviamente hay cámaras de seguridad por todos lados, las luces esas que captan el movimiento para que se encienden".

En el último tiempo hubo una escalada de violencia en el barrio. Eso llamó la atención de los medios que tienen móviles instalados en el centro de Lomas del Mirador, a donde los vecinos se manifiestan de espaladas. Le dan la espalda a los narcos y evidencian la realidad de un Estado que les da la espalda a los ciudadanos.

Jonathan continúa con su relato: "La seguridad siempre fue para peor. Al lado de donde vive mi abuela, a pocas cuadras de mi casa, el vecino vende drogas. Y todo el barrio lo sabe. Antes repartía con auto, ahora reparte con moto", dice y, en el mismo tono de denuncia agrega: "En la esquina hay un supuesto bar en el que siempre hay muy poca gente pero cada vez que pasás está remodelando con cámara de seguridad, televisores de última generación, etc. Y eso, ¿Cómo lo mantenés si no va mucha gente a comer? Es obvio que se mantiene por otra cosa, o sea, la droga".

"No es que haya batallas narco", aclara Jonathan. "En Lomas del Mirador o 'La Loma', como le decimos nosotros se vende droga pero no es una batalla narco. Eso lo podés ver en Ciudad Oculta o dentro de la Santos Vega. Pero en el resto de la ciudad ves más delincuentes que salen por influencia del alcohol o las drogas. Pero por suerte la batalla narco no llegó". 

Más de 20 años de decadencia y un Estado ausente

Los vecinos del barrio marcan como un hito el 2001. La secuencia de corralito, cacerolazos y helicóptero marcó un quiebre en Lomas del Mirador y, según Jonathan, la localidad "se fue a pique" desde entonces. "Antes el barrio era hermoso. Obviamente siempre tuvo esa cosa de que de un lado de la avenida Mosconi era la zona más linda y del otro la zona más fea, y que cruzando la Ruta 3 la cosa se ponía fea de verdad. Pero lo feo se transformó en horrible y lo horrible se transformó en 'no entres porque no salís vivo'", reflexiona. 

Marca otro quiebre más cercano: la pandemia: mucha gente decidió irse y hay cada vez más casas en venta, edificios vacíos en los que "siempre se juntan los borrachos y los drogados a chupar y a fumar". Reconoce que eso no es nuevo sino que lo vio desde que era pequeño. 

"En el barrio todos saben quién vende droga", repite. "Los vecinos lo saben, se quejan y hay un montón de marchas. La delincuencia, los robos y otras cuestiones así ocurren desde hace años en Lomas del Mirador. Y no es sólo por la droga sino también por el alcoholismo, por la connivencia con la policía. Es más, en este bar del que hablaba antes -al que va poca gente pero siempre tienen dinero para arreglos- siempre ves un montón de patrulleros. O sea, todos saben que en el lugar venden droga y ves a los policías comiendo ahí", acusa. 

Va aun más allá con su denuncia. "No logran desactivarlo porque es su negocio", dice Jonathan y sigue: "A mí me han parado por pisar barro un día lluvioso y limpiarme en un pasto de una vereda. Pero parar a los que vos ves que están fumando porque sentís olor... Nada. No se quieren meter porque tienen miedo, porque reciben un sobrecito o porque es un familiar porque hay muchos policías que son de ahí del barrio".

Tras 20 años de decadencia, los vecinos esperan un cambio rotundo. "Quieren vivir tranquilos", espeta Jonathan y sigue: "Jugar en la vereda, ir tranquilos a comprar, ir a la plaza y poder sentarte a tomar mate... Cosas que ya no suceden. El año pasado fui a San Luis  y sorprendió ver a la gente con las ventanas abiertas o paseando a cualquier hora. Me recordó a mi infancia. Hoy eso no existe acá. A veces me junto con amigos y cuando nos despedimos nos decimos: 'Avisá que llegaste bien'. Los vecinos queremos eso: tranquilidad". 

Esperan que la policía trabaje para garantizar la seguridad y reclaman que el intendente, Fernando Espinoza, y el gobernador Kicillof, "den la cara". "Nunca vimos a nadie del gobierno ni a un comisario ni a un intendente ni al gobernador. Nadie vino a ver qué se puede hacer con esto. Acá es invivible y no sólo por el narco sino porque te roban para comer o influenciados por el alcohol o la droga".   

La delincuencia como rutina: "Se escuchan tiros constantemente"

"He presenciado mientras caminaba por la calle y desde mi balcón, la escena de patrulleros persiguiendo chorros", cuenta Jonathan. Se detiene en uno de esos episodios para graficar cómo se vive en Lomas del Mirador, a donde "se escuchan tiros constantemente, de día y de noche". 

La persecución que cuenta comenzó en la intersección de la avenida Diaz Vélez y la calle Europa y terminó unas cuadras, en el cruce entre Europa y Las Heras. "El vehículo de los chorros, de los delincuentes, al intentar dar una vuelta justo en la intersección de esas dos calles, vuelca y termina estampado en la vereda, pero durante toda la persecución, que fueron entre 8 y 9 cuadras, tanto los chorros como los patrulleros pudieron haber atropellado a un montón de gente. De milagro no salió nadie herido. Como esa hay varias", afirma.

Durante la persecución, que fue de un kilómetro, podría haber habido un accidente fatal. 

Hace un paréntesis para comentar las malas condiciones en las que debe trabajar la policía. "Los patrulleros están muy mal cuidados, están hechos bolsa. Estoy a una cuadra de una comisaría y los ves ahí oxidándose". Desesperado por la inseguridad del barrio relata otro hecho de inseguridad. Esta vez, el intento de fuga de unos delincuentes que prendieron un colchón en la comisaría y acabaron asfixiados.

"La delincuencia es atroz. Hay tanto persecuciones con armas y tiros, como las típicas a manotazos", sentencia. Y recuerda como algo absurdo un robo del que fue víctima su mamá: un par de motochorros le robaron una bolsa de la que llevaba la carne picada que había comprado para cocinar.

Así es un día en Lomas del Mirador, el distrito más caliente de La Matanza

"Puede ser totalmente tranquilo o una caos total", sentencia Jonathan. Él se levanta de madrugada para ir a trabajar, sale de su casa poco antes de las 5 de la mañana y camina unas cuadras hasta la parada del colectivo. "Por suerte nunca me pasó nada... Calculo que a esa hora están todos los chorros durmiendo", dice riéndose de su buena suerte antes de comentar que hay zonas en las que no se puede transitar en ningún horario sin correr el riesgo de ser víctima de la inseguridad.

Su estrategia es "salir vestido como un croto", confiesa y explica en qué consiste el look: "zapatillas rotas, ropa gastada, cosa de dar lástima y que no me afanen". Revela, además, que salen con sus amigos por Mataderos y Liniers pero que nunca caminan por su barrio.

Lomas del Mirador es un lugar al que llegan las ambulancias y por donde circula la policía. Incluso hay personal de gendarmería en las avenidas. "Más que nada es para marcar presencia, porque la verdad nunca detuvieron a ningún chorro ni a ningún narco. Sólo están para molestar a gente como yo que va a trabajar y pararlos por 15 o 20 minutos simplemente para pedir el documento", comenta. 

En dos ocasiones Jonathan fue testigo de allanamientos. "Uno en una concesionaria de autos que está también sobre la avenida Mosconi y otro en un domicilio entre San Justo, Ramos Mejía y Lomas del Mirador. Ahí me hicieron entrar a la casa de un narco que estaba lleno de plata, de merca, de cocaína, de armas", recuerda y añade: "En ningún momento los policías se dignaron a resguardar mi identidad sino que me tapaba yo. A ellos no les importaba".