Camarero, póngame otra vacuna, por favor
Cuando era pequeño, el primer acercamiento que tuve con la literatura fue a través de una novela llamada ¨Las aventuras de Tom Sawyer¨. Esta obra fue escrita por Mark Twain, y así como era reconocido por sus cuentos, también lo fue por sus frases. En una de ellas, afirmaba que “es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados (It is easier to fool people than to convince them that they have been fooled) ¨. En época de fake news, es difícil no rememorar esa premisa. Existe un mito urbano que aunque parezca actual ya tiene varios años, y está relacionado con los riesgos de la vacunación.
Las vacunas, ¿son seguras?
Según la Organización Mundial de la Salud, la resistencia a la vacunación es una de las 10 principales amenazas actuales de salud en el mundo. En estos momentos, 1 de cada 5 niños y niñas del mundo, aún no recibe las inmunizaciones básicas. Como consecuencia, este año, más de 1 millón y medio de ellos morirán por enfermedades que podrían prevenirse con vacunas que ya existen. Esta reticencia a la vacunación tiene múltiples factores responsables: la desinformación, algunas creencias religiosas, las barreras geográficas y económicas, el rol de líderes políticos y personajes influyentes, entre otros. Pero nobleza obliga, comenzaremos con un mea culpa, ya que la noticia falsa que más reforzó a los grupos opositores a la vacunación provino del ámbito científico.
Vivimos en una sociedad que valora de sobre manera el éxito. La vorágine productiva y la ambición humana ha llevado a muchas personas de la ciencia, y fuera de esta, a inventar o mentir con tal de obtener ese rédito social, económico o académico que promete eso que definimos como éxito. Pero si hay algo que diferencia al ámbito científico de otros, es que el refrán ¨ la mentira tiene patas cortas ¨ se cumple a rajatabla y es cuestión de tiempo para que la verdad se descubra. Que la ciencia se base en la confirmación de un método mediante demostraciones de sus enunciados y correcciones de sus pares, permite que tarde o temprano, aquellos que eligen el camino de la mentira sean descubiertos. Cuando un grupo de investigadores publica sus resultados, los métodos y materiales que usaron quedan expuestos y a disposición de toda la comunidad científica. A partir de esa información, esos experimentos pueden ser reproducidos por otros grupos de investigación en cualquier parte del mundo, y tendrán la chance de corroborar o desmentir los datos publicados.
Todo empezó en el año 1998, cuando la prestigiosa revista británica The Lancet publicó un trabajo que afirmaba existir una relación directa entre la colocación de la vacuna triple vírica en niños (que cubre contra Sarampión, Rubeola y Parotiditis) con la aparición de enfermedades intestinales y trastornos del espectro autista (TEA). El investigador principal del trabajo era el entonces médico Andrew Wakefield. Ante semejante noticia, la comunidad científica se vio revolucionada. Imaginen que uno de sus miembros garantizaba haber encontrado el origen de un trastorno del que poco se entendía y que padecen muchas personas en todo el mundo.
Siendo muy escuetos, los TEA son un grupo de alteraciones del desarrollo neurológico de las personas, que afectan generalmente sus habilidades comunicativas y de interacción social. Se denomina espectro por la gran variedad de síntomas, habilidades y discapacidades que pueden manifestarse en estas personas. Luego de esta noticia, otros grupos que trabajaban en el tema comenzaron a estudiar en detalle los resultados expuestos por Wakefield. Fue entonces cuando al descubrir diversas irregularidades en sus postulados, los métodos estadísticos utilizados y no poder reproducir sus resultados, un conjunto de investigadores lo denunció. Sumado a esto, un periodista británico descubrió que este fraudulento investigador tenía un conflicto de intereses con sus resultados. Es decir, había manipulado los resultados para beneficiarse posteriormente, ya que planeaba crear una empresa para lucrar con esta enfermedad. Finalmente en 2010 el Comité Médico de Gran Bretaña lo halló culpable luego de investigar más de 30 causas en su contra.
En la sentencia final, fue declarado culpable por haber faltado a su deber como médico y haber actuado de manera deshonesta e irresponsable, por lo cuál fue retirado del registro de médicos, se le prohibió ejercer la medicina y la revista científica The Lancet retiró su trabajo por contener información falsa. Lamentablemente, esto no terminó ahí. Muchas personas, y cada vez más, han creído en esta falsa información, lo que ha llevado a un descenso en los índices mundiales de vacunación. Como consecuencia han aumentado los casos de enfermedades graves y muertes de personas.
¿Qué cambió en la vida humana el desarrollo de las vacunas?
Pocos hitos en la historia humana modificaron tanto la esperanza de vida de nuestra especie como han sido las medidas sanitarias (potabilización del agua, colocación de redes cloacales y técnicas básicas de higiene), el descubrimiento de los antibióticos y el desarrollo de las vacunas. Estas medidas y desarrollos han logrado duplicar la esperanza de vida de los humanos al momento de nacer en tan solo 100 años de historia. Actualmente, se estima que la vacunación impide de 2 a 3 millones de muertes anuales en el mundo. Las vacunas básicas distribuidas globalmente, han disminuido en un 99% los casos de las enfermedades para las cuáles fueron desarrolladas. Además, la vacunación es una medida de bajo costo cuando se tiene en cuenta la cantidad de enfermedades, consecuencias y muertes que previene. Es por ello, que además de ser considerada una excelente medida de salud, es una gran herramienta para brindar equidad y derechos de acceso a la salud para toda la población mundial. Pero si formas parte de aquellos que consideran lo contrario, espero que Mark Twain no tenga razón y te convenzas que fuiste engañado.
Autor: Agustín Lujan. Médico. Doctor en Ciencias Biológicas -PROBIOL- UNCuyo. Miembro del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, España.