Entrevista

El tiktoker autista que derriba prejuicios con videos testimoniales

Agustín Barovero De Luca, actor, docente y autista "en el orden que más te guste", como se define en sus redes sociales, dialogó con MDZ sobre sus videos virales.

Federico Bruno
Federico Bruno viernes, 12 de mayo de 2023 · 13:10 hs
El tiktoker autista que derriba prejuicios con videos testimoniales
Agustín tiene 37 años, vive en Mar del Plata y recibió su diagnóstico durante la pandemia de coronavirus Foto: Gentileza

El video más popular del tiktoker autista, Agustín Barovero De Luca, lo muestra en el parque de su casa, distendido, contando que es una persona de 37 años con una vida social intensa, que a pesar de su diagnóstico estudió teatro y letras, juega al fútbol, cocina para sus amigos, le gusta acampar y recorrer en bicicleta "toda Mar del Plata" a diario, y que todo eso lo constituye como un ejemplo. "Soy la prueba de que se puede", dice, y en un giro de cámara, con las luces apagadas, cambia su tono de voz y cuenta que no todo lo que dijo es totalmente cierto.

En esa publicación, que ya cuenta con cientos de miles de interacciones, admite que es "el resultado azaroso de un camino muy afortunado lleno de privilegios" para dar paso a una diatriba de cómo pudo sortear "un montón de obstáculos que otros no pudieron" esencialmente por ser una persona delgada, de clase media, alfabetizada, haber nacido en una familia sin violencia o abuso de sustancias y por su condición de "varón blanco cis". A pesar de las singularidades que enumera, logró cautivar a un público masivo a través de testimonios impactantes.

"Hablo de mí, desde mi vivencia. No hablo por nadie más. Cada persona es distinta. Así fue mi vida y solo eso", explica en uno de sus intercambios con los internautas. 

A pesar de la templanza en trasmitir sus mensajes y la solidez en sus conceptos, Agustín recibió su diagnóstico hace menos de dos años. Sin embargo cuenta sus viviencias con una gran versatilidad, que es el resultado de muchos años de formación teatral, donde reconoce al director Antonio Mónaco como su gran formador. Aquellas clases fueron "el laboratorio para explorar lo que en la vida 'civil' no podía, pero sí en un espacio seguro y controlado", recuerda, sobre la conexión con sus emociones más profundas.

"Desde una perspectiva médica se piensa el autismo como un trastorno del neurodesarrollo que se 'tiene'; no obstante, es más aceptado últimamente pensar en una condición propia de lo que se 'es'. El paradigma médico patologizante trata toda desviación de una norma como un trastorno y eso tiene, podría pensarse, algo de peyorativo. El paradigma de la neurodiversidad plantea que todas las personas somos neurobiológicamente diversas: si no hay dos pelirrojos iguales, no hay dos orejas, dos pupilas o dos huellas digitales idénticas, ¿por qué deberíamos pretender una línea de corte entre lo 'normal' y lo 'trastornado'? Desde ese lugar entonces se dice que el autismo es una condición más, que es indivisible de la persona: no se 'tiene' porque no es algo que se pueda dejar de tener. Forma parte de lo que cada autista es, de cómo está cableado su cerebro", manifestó el tiktoker, en diálogo con MDZ.

"Por otro lado, semánticamente está la carga de la falencia o la enfermedad: 'tengo gripe', 'tengo hipotiroidismo'. Y a eso -decir 'persona con autismo'- se suma la mirada que patologiza al autismo que quiere desprender a la persona de su condición. El término 'persona con autismo' pone a la persona adelante como si el autismo fuera algo que postergar. Y no, está en en todo lo que soy. Es una forma más de ser y estar en el mundo, tan válida como todas. No borra mi identidad ni me limita. Sobre todo porque después del diagnóstico, la gente me sigue llamando por mi nombre y no por la etiqueta", agregó. 

Consultado por si tuvo limitaciones en el aprendizaje o a la hora de cumplir obligaciones con su trabajo, destacó que "hacer teatro me ayudó a interactuar y conectarme de otro modo con mi entorno, mientras que la carrera de Letras fue enormemente formativa (y hoy acceso al mercado laboral) y a la vez una dificultad muy grande". Y recordó que "adaptarme a las rutinas y modos de la universidad pública fue muy difícil. Si me abrumaban la sobrecarga de información y los cambios, la carrera en ese sentido fue un desafío enorme que no sobrellevé bien. Por otro lado, como persona con TDAH (déficit de atención e hiperactividad), leer era otra complicación. Mi cabeza no carecía de ideas: sobraban, y aparecían constantemente, por ejemplo cuando leía, cuatro o cinco veces por página. Eso sumado al tedio de aburrirme con lo que no me genera interés (también rasgo propio del autismo), fue un desafío enorme. Eso último habla de otra característica de la condición: lo que nos gusta, nos apasiona y podemos movilizar enormes cantidades de energía y trabajo; lo que nos aburre... nos abruma y desinteresa por completo".

Otra de las publicaciones recientes llamada "Rutina, pizza y autismo" cuenta una historia familiar, donde había una costumbre que fue alterada por un comportamiento de una amiga de su hermana y eso lo apenó de diversas maneras que pudo entender mucho más tarde. "Más de veinte años (y un diagnóstico) después, entiendo muchas de mis reacciones y vivencias. Esas estructuras están todavía en mí, pero gestiono mucho mejor (o eso creo) las situaciones que me resultan invasivas, irrespetuosas o violentas", graficó en el posteo.

"Si no hablo de algo real, no sirve. Me ha pasado de emocionarme viendo, meses después, un video mío. Por narcisista que suene me sorprendo que cosas que llegué a decir porque el momento de escritura es introspectivo e íntimo. Entonces, es un guión pero, más allá de la memorización y mecanización de la grabación, trato de darme espacio a recuperar eso que sentí, de donde vino lo que dije. Generalmente está ahí, cerca, pero también estoy pendiente de la cámara, las luces, el micrófono, cuánta batería queda, si se me arrugó la remera, si me fui de plano... A veces sale más, otras menos", contó sobre los procesos que se plasman en "una pequeña performance".

 A pesar de que hay distintas personas en Argentina que se dedican a divulgar estas temáticas en redes sociales, "hay muchísimas otras cuentas que lo hacen" -reconoce Agustín-, el camino de la concientización es largo y trabajoso. "Hago esto porque siento que tengo que devolver algo. Inicié el camino a investigar sobre autismo entre 2017 y 2018, y pude dar con mi evaluación y diagnóstico con una psicóloga especializada, a raíz de escuchar a una adulta autista contando su vivencia. Y mi vida dio un vuelco inesperado, soy una persona que maneja un nivel de felicidad que jamás sospechó después de una vida entera de no entender nada. Si eso me movió, yo podía hacer lo mismo por alguien más. Recibo un montón de comentarios a diario y es hermoso pero alarmante porque habla de que falta mucho por divulgar", ponderó el docente marplatense de escuelas secundarias.

La pandemia de coronavirus también fue la prueba inicial de las realización de los videos, primero compartido al listado de "mejores amigos" de su Instagram, que lo animaron a que los hiciera públicos. "A seis meses de haber sido diagnosticado hice un largo video en historias para mejores amigos y tuve una respuesta abrumadora. De ahí, mucha gente me dijo que debía hacer algo porque comuniqué muy bien eso y podía ayudar a otros. Seis meses después, en noviembre del año pasado y luego de muchas vueltas, subí públicamente el primer video", celebró, en un elogio a las redes de contención, algo que suele citar habitualmente en sus manifestaciones públicas. 

"Durante el aislamiento se puso en pausa lo que había sospechado respecto a mi diagnóstico, e impuso otras prioridades. Tuve la suerte de tener trabajo y no me costó el aislamiento porque estaba habituado a trabajar con dispositivos. Fue, como autista, también un alivio grande no tener que lidiar con la sobreestimulación sensorial e informativa que implicaba ir todos los días a una escuela. Hoy por suerte sé qué necesidades tengo y gestiono mejor esa energía", concluyó. 
 

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