Museo del Holocausto: una película de terror que lamentablemente fue real
El Museo del Holocausto o la Shoá se encuentra en el corazón de Buenos Aires, a metros de la avenida Santa Fe. En este centro de la colectividad judía, abierto de domingos a jueves, se invita a un momento de recogimiento y memoria de los horrores perpetrados por el nazismo y sus víctimas.
El silencio, aunque parezca contradictorio, es estridente. No como en cualquier museo, en este el silencio significa mucho más que un respeto por la visita de otros concurrentes que leen los cartelitos junto a cada objeto exhibido. La entrada invita al recogimiento cuando unos rostros ajenos miran al visitante, haciéndose personales con cada uno de los que llega.
El andar comienza con una recorrida que muestra como una figura violenta ganó el clamor popular en menos de una década. Miles se manifestaban en favor de aquel que intentó romper la democracia alemana en 1923, cuando Adolf Hitler lideró el "Punch". Al mismo tiempo, se reflejan las palabras de pensadores y políticos tanto nazis como contrarios al régimen. El camino continúa hasta entrada la Segunda Guerra Mundial y culmina su primera parte en una pared que refleja los bloqueos del Gueto de Varsovia con un cartel claro: “Área restringida por epidemia. Circule sin detenerse”, en la lengua local y alemán.
El camino, a cada paso, se vuelve más tenebroso. Es digno de una película de terror, pero lejos está de ser una película: fue real el horror perpetrado por los líderes de aquella Alemania. En la siguiente planta, se presenta lo que fue “La Solución Final” y hiela la sangre pensar que unas pocas personas decidieron por la vida de millones, sometiéndolas a un sufrimiento sin igual y a un trato que no se alcanza a tener ni con los animales. No los abandonaron en un campo de concentración, sino que a tal punto fue que los nazis estuvieron presentes allí, que se ocuparon cada día de que la existencia de los recluidos fuera un suplicio.
Además de los tantos objetos rescatados de los campos de concentración, también hay mensajes de muchos que sobrevivieron y pudieron contar el horror vivido en ese lugar. Otro punto de inflexión en el camino es un sector donde se intenta posicionar a los visitantes en lo que eran los interminables viajes en tren de los judíos hacia los campos de concentración. Si tan difícil de transitar es aquella parte del museo, imposible imaginar la sensación de esos hombres, mujeres y niños hacinados en el frío inclemente de Europa.
La siguiente planta, el recuerdo de la captura y enjuiciamiento de Adolf Eichmann y un recuento del accionar argentino ante las atrocidades del nazismo en Europa. Al otro lado, no falta el recuerdo a "Los rescatadores y los justos de las naciones". Allí, un ala entera del museo dedicada a quienes arriesgaron y dejaron su vida para rescatar a personas que sufrían de los atropellos de aquella dictadura genocida de Alemania.
A la salida, antes de encontrarse con un portal que emula las vías que ingresan a Auschwitz-Birkenau, el museo invita a un momento de recogimiento y dejar una piedra en memoria y respeto a los que sufrieron ese infierno. La piedra, según la tradición judía, representa lo imperecedero, lo perdurable.
El Museo del Holocausto, invita a la memoria, al recuerdo, a la conciencia y lo importante de destruir los discursos de odio cuando aún son germinales. Una invitación en silencio a conocer lo que nunca debe volver a pasar entre los hombres. El mismo, se ubica en Montevideo 919, CABA, y se encuentra abierto al público de lunes a jueves de 11 a 19 y los domingos de 14 a 19 horas.