Las impactantes cruces de Darwin y un duelo que le debemos a los héroes de Malvinas
Ya son 41 años de la Guerra de Malvinas, de aquel 2 de abril de 1982 en el que las tropas argentinas tomaron el control de las Islas dando inicio al conflicto bélico que concluyó poco más de dos meses después. Allí murieron 649 soldados argentinos quienes, con el tiempo, fueron reconocidos como Héroes.
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La historia vuelve a ser contada una y otra vez, porque los argentinos necesitamos reconocernos en la verdad de los hechos, que muchas veces se contradicen con lo que nos contaron.
Por eso se nos estremece el corazón con las imágenes de las cruces originales del cementerio de Darwin, esas que rezaban “Soldado solo conocido por Dios”. Una muestra que nos pegó una cachetada, nos abrió los ojos y nos permitió realizar un duelo que teníamos pendiente.
La historia de las cruces comienza en 1991, cuando se realizó el primer viaje por parte de los familiares de los Héroes Caídos en Malvinas al cementerio de Darwin, como propuesta de la Federación de Veteranos de Guerra de la República Argentina.
“Fue un viaje traumático porque hubo muchas restricciones simbólicas. Por ejemplo, el avión en el que se viajó tuvo que pintarse de blanco porque decía Aerolíneas Argentinas, no se podía viajar con ningún tipo de símbolo. Pero lo importante es que viajaron 350 familias por primera vez en la post guerra”, relató César Trejo, Veterano de Malvinas, en diálogo con MDZ.
César se desempeñó como soldado de Infantería 3 de La Tablada. Estuvo en la comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e islas del Atlántico Sur y fue parte del equipo que hizo posible la construcción del cementerio nuevo. Actualmente, es director del Observatorio Malvinas de la Universidad de Lanús.
“Desde el ’96 hasta el 2000 logramos organizar 16 viajes a las Islas y todos los familiares de los Caídos que pudieron participar nos iban trayendo sus experiencias, sus sentimientos, sus comentarios. A partir de eso tuvimos la idea de proponer, en el año 1998, la posibilidad de construir un monumento en el cementerio de Darwin”, recordó.
“Primero hicimos la propuesta al entonces canciller Guido Di Tella y, como no nos respondió, desde la Federación de Veteranos de Guerra junto a los familiares de Caídos nos dirigimos directamente a quien en ese momento era el embajador británico en Argentina, en octubre del ‘98”, siguió.
Y agregó: “En enero del 99 nos contestó diciendo que había consultado a sus superiores y que era posible encarar la construcción del “memorial” en el cementerio”. En julio de 1999 se incluyó la última declaración conjunta que firmó el ex presidente Menem con los británicos incorporando la construcción del monumento.
Mientras tanto, se fue llamando a un concurso de ideas con las directivas expresadas por los familiares: “Por ejemplo, el cementerio de Darwin está emplazado en un lugar muy alejado de la Isla Soledad porque los británicos trasladaron los restos, justamente, para que no hubiera una diseminación de los cuerpos de los soldados argentinos por todas las islas porque le molestaban, incumpliendo las convenciones internacionales que dicen que hay cinco años previos de consulta con la potencia que tiene los cuerpos de los Caídos. Los británicos hicieron inconsultamente el cementerio de Darwin”.
“Se propuso construir allí un monumento que le diera más identidad. Las familias dijeron que era un lugar muy frío, ventoso. Ahí se pensó en los dos muros curvos que abrazan y protegen. Los familiares también propusieron que hubiera una imagen de la virgen”, detalló César. “Había algunos nombres de las tumbas que no estaban, nosotros pusimos los nombres no solo de los que yacen en el cementerio de Darwin sino todos los nombres, los 649 que oficialmente las leyes indicaron como Héroes de Malvinas”.
Finalmente, en octubre del 2005 se inauguró el nuevo cementerio de Darwin. Viajaron dos contingentes desde Argentina, cada uno con 200 familias.
La historia de las cruces originales
Las viejas cruces de pino (las nuevas son de lapacho) que habían clavado los propios británicos, más todas las remodelaciones fueron puestas en unos contenedores, así como los recuerdos que las familias llevaban (placas, fotografías, vírgenes, santos, rosarios, flores artificiales): “Cuando terminamos la remodelación nos dijeron que tenían tres contenedores y nos preguntaron si los queríamos. Obviamente les dijimos que sí”, relató César.
“Nos dijeron que las iban a exportar y nos negamos. Nada que venga de Malvinas está fuera de la patria y, por lo tanto, no hay que exportar nada. Para eludir esa trampa migratoria que los británicos nunca descuidan, les pedimos que lo enviaran vía Uruguay en un buque”. Hasta allí viajó Trejo para buscar las cruces en persona: “Finalmente no tuvimos que firmar nada por generosidad de las autoridades uruguayas”.
Los contenedores tenían, entre otras cosas, las 240 cruces que venían con la marca de la tierra de haber estado sepultadas más de 20 años. “Las guardamos durante un tiempo en un depósito del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, abajo del Obelisco, y eran custodiadas de manera sagrada. Estuvieron como un año, hasta que Julio Cardoso, dramaturgo, poeta, escritor, cineasta, que condujo el Observatorio Malvinas de la Universidad de Lanús precediéndome (falleció en 2017) nos dio una idea”.
“Nos dijo, ‘no puede ser que las cruces estén guardadas en un depósito, esto lo tiene que conocer el pueblo argentino’”. Y así fue.

Por un acuerdo entre la Comisión de Familiares y la Universidad de Lanús, las cruces fueron trasladadas a la UNLa. Allí fue cuando intervino Daniel López, actual director de Patrimonio de la Universidad.
“Se diseñó un dispositivo itinerante y también una muestra de las cruces que tuvo una gira por distintos países de América Latina y el encargado de custodiarlas y exhibirlas fue justamente Daniel, que lo hizo en México, Cuba, así como en otras provincias, de manera brillante”, relató Trejo.
Daniel López recibió las 240 cruces de pino; algunas tenían una chapita que decía “Soldado solo conocido por Dios” en inglés; otras tenían el nombre del soldado, otras tenían dos o tres nombres. Todas las cruces eran blancas, con tierra de Malvinas abajo.
“Lo primero fue superar la impresión y tratar de entender cómo manejarnos con todo ese material. Lo conozco a Julio Cardoso, que era el director del Observatorio Malvinas en ese momento. Julio pensó un formato, que las cruces cuelguen del cielo. Compramos soga azul y atamos los brazos de las cruces e hicimos un montaje”, relató Daniel.

“Estaba por inaugurarse el cementerio nuevo de Malvinas que hicimos los argentinos y decidimos con la Universidad, el Observatorio y la Comisión de Familiares, montar las cruces en la Plaza de Mayo, porque antes de salir los familiares hacia Malvinas iban a tener una misa en la Catedral”, recordó en diálogo con MDZ.
Y añadió: “Montamos todas las cruces en unos andamios gigantes enfrente de la Catedral y terminó la misa, salieron los familiares y estaban las cruces lloviendo desde el cielo. Ahí empezó el montaje”.

El viaje de las cruces
Después del primer montaje, las cruces fueron exhibidas dentro de la Universidad de Lanús para el primer Congreso sobre Malvinas que se realizó en el país. A partir de allí “las montamos en varios lugares más pequeños y después partimos para Córdoba. Estuvieron un mes expuestas en El Paseo del Buen Pastor”, contó Daniel.

“Más tarde, la embajadora Patricia Vaca Narvaja nos pidió el montaje para llevar a México. Llevamos las cruces y algunas gráficas contando sobre la guerra, pidiendo crimen de guerra a Margaret Tatcher por el hundimiento del General Belgrano y el reclamo de la recuperación de Malvinas, que son argentinas, las heredamos de la corona española cuando nos independizamos. Hasta 1833 hubo gobernadores argentinos en las Malvinas”, expresó.
“Vamos contando, haciendo nuestros reclamos en el mundo y también mostrando que siempre recordamos a los Héroes”.
Las cruces estuvieron más de un mes en Coyoacán, México; dos torres con 160 cruces. “Es muy interesante y muy duro estar lejos de tu patria llevando adelante una actividad tan relacionada con tu patria”, reflexionó Daniel.

“Después la embajadora argentina en Cuba Juliana Marino nos dijo que llevemos las cruces. Armamos en un lugar muy pequeño en La Habana vieja con 80 cruces, con un andamio y fue un privilegio porque Juliana nos conectó con el historiador Eusebio Leal, un tipo muy sabio. Ahí ya en Cuba era como que estábamos en casa, pero estábamos tan al norte que sentía que me faltaba ir a Londres a hacer este reclamo con las cruces. Fue muy interesante porque había embajadores de todo el mundo, Leal dijo unas palabras muy sentidas. Tuvo una fuerza diferente, a la gente no hubo que explicarle nada, en Cuba decían ‘que devuelvan las Malvinas’”, recordó.

“Lo que te preguntan todos es a cuánto están las Malvinas de Inglaterra - están como a 11 mil kilómetros – y a cuánto están de Argentina. Y de Argentina están a 500 kilómetros”, remarcó Daniel.
Al regresar, las cruces tuvieron otro destino impactante: Ushuaia. “Hicimos un dispositivo que se eleva a 6 metros de altura y colgamos todas las cruces y estuvimos detrás del monumento principal de la plaza Héroes de Malvinas, que es una figura de las Malvinas que- justamente - está mirando a las Islas. Fue impresionante”.


“También tuvimos un museo y teatro itinerante, que era un camión que se armaba en distintos lugares, estuvimos en la puerta del Teatro Colón, en el Hipódromo de La Plata, en la Universidad de Lanús. En todos lados nos pasó que al momento de tener que desmontar la exposición había que desmontar altares que habían sido montados popularmente. Llegabas al otro día y habían llevado flores”, contó sobre lo especial que resultó la inesperada muestra.

“Exponiéndolas ayudamos al pueblo argentino a que haga el duelo, nunca se había hecho. El montaje de las cruces generó un lugar especial para la reflexión, con mucho respeto”, sostuvo Daniel.
En tanto César analizó: “Lo que provocó siempre es un enorme respeto, realmente esas cruces llevan las presencias físicas de los Héroes de Malvinas. Siempre ha sido conmovedora la reacción de la gente”.
Qué pasó con las cruces
César detalló que “a partir del relevo en la Comisión de Familiares, los padres estaban muy grandes y querían que se continuara esta actividad a través de las nuevas generaciones. Desafortunadamente ese relevo no fue el mejor y vino gente que hoy ha politizado la organización, por ejemplo la actual presidenta de la Comisión, María Fernanda Araujo, terminó siendo candidata de un partido político”.
“Rompieron el acuerdo de trabajo que tenían con la UNLa y las cruces se restituyeron a la Comisión. Se llevaron todo y las guardaron, nunca más las exhibieron. Creo que están en una unidad militar en este momento”, cerró.
Una guerra que se trató de esconder, de olvidar
“Los ingleses no son caballeros, ojo. Son piratas”, dice Daniel. “En Buenos Aires no lo podían creer cuando vieron las cruces y dimos el debate. Mucha ternura, mucho respeto. El montaje fue muy positivo y en esa época empezó a cambiar el paradigma de la cuestión Malvinas y de los Héroes”.
Las cruces también estuvieron varios años en la Universidad: “Un tiempo vivieron en un vagón de tren que tenemos que se llama ‘Malvinas’ y todos los días del año algún grupo de estudiantes me venía a buscar para abrir el vagón para ver las cruces. Se volvió un lugar de peregrinaje. Todavía viene gente que quiere ver las cruces”, cuenta.
Y cierra: “Nuestro trabajo cultural, que es desde el corazón, desde recordar a quienes dieron su vida, eso empieza a cambiar todo para que podamos reescribir la historia”.

“Las Malvinas las vamos a recuperar desde el continente generando conciencia. Hay un territorio que tiene 18cc, no es tanto el espacio que ocupa: es el cerebro de cada uno de nosotros y es ahí donde se libra la batalla, en el cerebro y el corazón de cada uno. Todos somos hoy combatientes de nuestra soberanía, esto es una tarea colectiva. Y el pueblo está comprometido con el objetivo”, sostiene César, ilusionado.


