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La recomendación de la ONU que Argentina debe acatar por el abandono a la infancia

Desde la organización internacional alertan sobre la obligación de los Estados a garantizar los derechos básicos de los niños y niñas para evitar que se vulneren sus derechos. La pobreza extrema es el patrón común que une a miles de realidades en el país. La advertencia de organizaciones civiles.
Miles de niños y niñas viven en situación de calle en Argentina. Foto: EFE
Miles de niños y niñas viven en situación de calle en Argentina. Foto: EFE

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia de Unicef, a nivel mundial considera que hay al menos 110 millones de niños y niñas que se encuentran en situación de abandono; de ellos unos 40 millones viven en América Latina. Lejos de estar ajena a esta problemática, Argentina en particular tiene una deuda con la infancia  que se evidencia con solo recorrer las calles. Tanto en zonas urbanas como en los barrios, la vulnerabilidad se hace evidente con historias en las que el abandono, el hambre y la falta de oportunidades son un patrón compartido.

Desde las entidades y asociaciones que trabajan en pos de revertir los riesgos que representa esta problemática, buscan alertar a la sociedad y también a los estados (tanto Nacional como los provinciales) para que se avance en mecanismos adecuados para aplicar procesos sociales positivos, que colaboren a cambiar realidades.

El miércoles 12 de abril se conmemoró el Día Mundial de la Infancia y la Adolescencia en Situación de Calle. En ese marco, una de las organizaciones sin fines de lucro que en la región busca poner énfasis en incidir en las políticas públicas de los gobiernos es la Red Internacional Latinoamericana por la Defensa de la Infancia. Resaltan desde esa organización civil que la carencia de datos y estadísticas relativas a la cantidad de niños y niñas que permanecen en la calle la mayor parte del tiempo es un desafío a resolver en Argentina.

Pero además, indican que es prioritario avanzar en un cambio de mirada en relación al concepto de "niños y niñas en situación de calle". Destaca Leandro Becerra, fundador de la Asociación Generando Puentes -que interviene con proyectos sociales en los barrios más vulnerables de Mendoza- que en general se cree que un niño o niña en esa situación de vulnerabilidad extrema (asociada al deterioro de la calidad de vida de las familias más empobrecidas) es aquél que no tiene un techo material bajo el cual cobijarse. Lo cierto es que, cambiar la perspectiva en este sentido, implica alejarse de cualquier reduccionismo.

"En realidad, la infancia que está en situación de calle es mucho mayor en cantidad a lo que se alcanza a visualizar. Miles de niños y niñas pasan muchas horas en las calles, no solamente de zonas urbanas, sino en sus propios barrios debido a que no tienen las condiciones necesarias para llevar una vida acorde a sus derechos básicos fundamentales", advierte Becerra al reflexionar sobre esta compleja problemática.

A través de experiencias concretas en las barriadas, los voluntarios de esta entidad buscan aportan cambios desde el acompañamiento a las familias, el apoyo escolar y el aprovechamiento de espacios para incentivar el deporte y las actividades que colaboren a evitar riesgos. Pero la "marea" de situaciones complejas es mucho más arrasadora a la capacidad de respuesta de las entidades.

La pobreza extrema genera situaciones de calle vinculadas a la vulneración de derechos básicos.

Un paso clave para comenzar a visibilizar que la calle no es un sitio para ninguna persona consiste, en hacer hincapié en la recomendación N°21 que realizó el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a la que el Estado argentino ha adherido. Los lineamientos entregados por el organismo internacional a los Estados parte brinda una orientación sobre cómo se debe proteger la infancia más vulnerable. "La situación de pobreza extrema que se vive en los barrios es uno de los factores preponderantes para dar cuenta de las múltiples carencias que viven miles de niños y niñas en el país. En el caso de los refugiados migrantes, la realidad es aún más grave porque es justamente la infancia la que termina siendo la franja más débil y también la más vulnerada en sus derechos básicos", expresa Becerra.

Pobreza y derechos vulnerados

En Argentina, dos de cada tres niños y niñas son pobres o están privados de sus derechos básicos, según el último informe dado a conocer en febrero de 2023 por Unicef Argentina. En total, son cerca de 8,8 millones las niñas y niños que viven con carencias monetarias o de algunos de los derechos fundamentales considerados en la Encuesta Permanente de Hogares. De ese total (al menos 3,7 millones) vive en hogares con ingresos insuficientes y al mismo tiempo tienen al menos un derecho básico vulnerado.

Al presentar el informe más reciente -en febrero de 2023- desde Unicef Argentina destacaron la necesidad de proteger las partidas presupuestarias destinadas a niñez y adolescencia, de manera de reforzar y priorizar las políticas públicas que colaboren a mitigar la pobreza extrema en la infancia.

“El presupuesto es un factor clave en la reducción de la pobreza de chicos y chicas. Es fundamental priorizar las políticas públicas y, particularmente, los programas de protección de derechos que han demostrado ser una herramienta potente para mitigar la pobreza y sobre todo, la pobreza extrema”, ha expresado sobre el tema Luisa Brumana, representante de la organización internacional en el país en el escrito a través del cual quedó plasmada este obligación del Estado argentino.

Según un informe realizado por Unicef, en el cual se toma en cuenta la base del Presupuesto Abierto y otras fuentes de información pública, el dinero destinado a la infancia en 2023 presenta contracciones de entre un 13,3% y un 22,2%, según el índice inflacionario que se considere. 

En lo concreto, la realidad indica que estos ajustes, a medida que las necesidades extremas se profundizan, se complejizan las posibilidades mínimas que requieren los niños y niñas para su desarrollo pleno. Ir a la escuela, acceder a una calidad de vida saludable, contar con agua potable o con las condiciones de saneamiento adecuadas, son tan solo una parte. La calle, la necesidad de salir a trabajar solos o con acompañados de sus padres -que al mismo tiempo atraviesan situaciones marcadas por la exclusión a la falta de oportunidades reales- son parte del día a día de miles de niños y niñas. 

Desde los comedores y merenderos que buscan paliar la crisis, ya han advertido que la pobreza que se vive en el país está profundizando aún más las brechas: miles de niños pasan hambre y ni siquiera llegan a cubrir sus necesidades alimentarias adecuadas para desarrollar sus capacidades cognitivas.

La exposición a conductas de riesgo también genera preocupación. "Los chicos están expuestos al consumo de drogas y también son utilizados para vender. No hay controles adecuados que frenen esta vulneración que están viviendo. Todo ese combo lleva a que terminen dejando la escuela y las oportunidades se les cierran cada vez más porque no pueden ver un futuro si su presente es vulnerado por todos los frentes. Hay mucho abandono por parte del Estado y la pobreza extrema sigue haciendo estragos", alerta la mamá de un joven que desde niño se inició en el consumo problemático. 

"Hay un vínculo muy fuerte entre la pobreza extrema y estas situaciones de calle. También se produce una ruptura de los vínculos familiares y eso repercute de manera notable en la infancia", detalla Becerra y detalla que es fundamental visibilizar otros derechos que están siendo vulnerados a miles de niños y niñas, tales como el derecho al juego y a un hábitat digno.