El héroe anónimo de Malvinas que inspiró a propios y ajenos
El viento era suave, y la luna arrojaba algo de luz sobre la negra noche del 11 al 12 de junio de 1982, al sudeste de Puerto Argentino. Ian Inskip, oficial a cargo de la navegación del destructor británico HMS Glamorgan, había concluido esa noche con su misión de bombardear desde el mar a las tropas argentinas. Había puesto proa hacia el este, buscando volver junto al resto de la flota, y llegar antes del amanecer para evitar los ataques mortales de la Fuerza Aérea Argentina. Se encontraba inmerso en su rutina de operaciones cuando notó en el radar la molesta presencia de un “blip” que se movía con una rapidez fuera de lo común, y directamente hacia su buque.
Sin pensarlo ordenó a los gritos virar violentamente, a fin de mostrar a esa amenaza la menor superficie posible, en este caso la popa. A los pocos segundos el “blip” fue identificado como un misil Exocet, y al acercarse a una milla de distancia le dispararon un misil Sea Cat, en un último intento por neutralizarlo, pero este falló.
con su identificación D19)
A las 2:37 am del 12 de junio, el misil MM-38 Exocet lanzado desde tierra ingresó por la cubierta de babor en diagonal al eje del destructor HMS Glamorgan, llegando hasta el hangar en donde se encontraba su helicóptero Wessex y explotó. La detonación generó un infierno de fuego y acero que destrozó el helicóptero y llegó al comedor y la cocina. Murieron 13 hombres y otros 14 resultaron heridos. El HMS Glamorgan se incendió, y llegó a escorarse 11 grados, pero pudieron apagar las llamas y recuperar el
control del buque, aunque por sus averías quedó fuera de combate, que era el objetivo principal.
En la costa, los operadores de la ITB (Instalación de Tiro Berreta), luego de ver como el misil se alejaba pegado al mar en la oscuridad de la noche, observaron un pequeño fogonazo (el misil Sea Cat) y un segundo después, un gran resplandor y el ruido de una explosión. Las comunicaciones de las unidades argentinas en los alrededores se saturaron reportando la novedad, ya que no estaban al tanto de la operación, que era secreta. El ITB había alcanzado el blanco. Luego del 1ro de mayo, fecha en que comenzaron las hostilidades, fragatas y destructores británicos se acercaban a las inmediaciones de Puerto Argentino y Darwin para efectuar durante horas, bombardeos con sus cañones navales.
Luego de sus primeras experiencias con los aviones de la Fuerza Aérea Argentina, decidieron que era mejor idea hacerlo solo por las noches, cuando nuestros Dagger y Skyhawk no podían alcanzarlos. Estos bombardeos provocaban algunas bajas, pero sobre todo, alteraban el sueño de las tropas y los perturbaban constantemente. En el continente, los altos mandos buscaban frenéticamente alguna manera de repeler estos ataques, y el Contraalmirante Walter Allara de la Armada, pensaba que la solución podía ser disparar misiles Exocet desde la costa, como si se tratara de una batería costera.
Para esto citó al Capitán de Fragata (Ingeniero) Julio Pérez a quien le confió su idea de desmontar todo el sistema de disparo del MM-38 Exocet de un buque (El Exocet tiene su versión AM-39 que se dispara desde un avión o un helicóptero, y las versiones MM-38 y MM-40 que se disparan desde la cubierta de un barco de guerra). El Capitán Peréz le explicó que eso tomaría alrededor de 45 días, tiempo que no tenían, pero se comprometió a buscar una solución.
Exocet embarcados. Este era su emplazamiento original a bordo de un buque)
El Capitán Perez convocó a los jóvenes técnicos Antonio Shugt y José Luis Torelli, y contó con el apoyo del Jefe del Arsenal Puerto Belgrano, Capitán de Navío Julio Degrange. Pérez contaba con una vasta experiencia en misiles adquirida en Italia y localmente, y en Francia con los misiles Exocet en particular. Había instalado junto a Shugt y Torelli en varios buques de la Armada su sistema de lanzamiento. La tarea que tenían por delante consistía en desarrollar, en absoluto secreto, un sistema capaz de “engañar” al misil para que funcione como si estuviera embarcado, pero sin la infraestructura de a bordo.
El Capitán de Fragata Pérez y su equipo trabajaron día y noche en secreto en el taller de misiles de Puerto Belgrano, y en dos semanas lograron lo impensado. Crearon unas “cajas”, que eran unas computadoras caseras que replicaban el intercambio de datos entre el sistema de lanzamiento y el misil. Hicieron 15 lanzamientos simulados con resultados satisfactorios, pero ahora que este paso estaba resuelto, debían lograr contar con una plataforma de lanzamiento confiable y un generador de corriente eléctrica.
El Capitán de Fragata Benjamín Dávila, al mando de los Talleres Generales del Arsenal de Puerto Belgrano, se ocupó de armar el vehículo lanzador utilizando unos viejos chatones de metal sobre los que se montaron 2 lanzadores de MM-38. Para el generador de energía eléctrica se utilizó un viejo generador Siemens con tecnología de los años 30, que había utilizado la Infantería de Marina en aquellos años para alimentar sus reflectores antiaéreos. El lanzador de Exocet terrestre era una realidad. Decidieron bautizarlo ITB (Instalación de Tiro Berreta), una ironía con humor a ITS (Instalación de Tiro Standard) que era el nombre de la instalación embarcada.

de MM 38 Exocet)
La Fuerza Aérea proveyó 2 aviones Hércules para cruzar semejantes armatostes: La plataforma de lanzamiento, el generador eléctrico y 2 misiles MM-38 en sus contenedores. El Capitán Pérez viajó con su ITB para operarla en Malvinas. El puente aéreo entre el continente y Malvinas se hacía volando a ras del mar para no ser detectados. Cuando estaban llegando se les informó que debían volver, ya que el aeropuerto estaba bajo ataque enemigo. Recién en el tercer intento pudieron aterrizar y descargar la ITB y sus misiles, que quedaron debidamente escondidos en un galpón. El Teniente de Fragata de Infantería de Marina Edgardo Rodríguez, y Mario Abadal los recibieron y ayudaron con la logística.

intercambio de información con el misil, y el generador eléctrico)
El Teniente de Fragata de Infantería de Marina (retirado) Carlos Ríes Centeno era en ese momento productor del programa televisivo “La aventura del hombre”, y estaba en Malvinas filmando, pero se sumaría al grupo para operar junto al Sargento Eduardo Sanchez del Ejército, un radar portátil RASIT que usarían para detectar buques enemigos. Pérez debió hacer una serie de tablas de conversión de datos para compatibilizar la información que brindaba el radar RASIT, al formato necesario para cargar en la ITB.
El único lugar desde donde se podía operar la ITB era sobre el asfalto del camino que une Puerto Argentino con el aeropuerto, ya que, en cualquier otro lugar, la turba haría que la ITB se hundiera por su peso, que se medía en toneladas. Como se sospechaba que los kelpers pasaban información a los británicos, desde el 1 de junio, día tras día, la ITB se sacaba de los galpones de ocultamiento luego de las 18h (ya era de noche) y se armaba con ayuda de una pequeña grúa para montar los misiles. Para las 21h ya estaba armada, y si no se lograba enganchar a un buque enemigo, a las 4h de la mañana, comenzaba el operativo para desarmarla y ocultarla hasta la próxima noche.
El 6 de junio a la 1h de la mañana, el radar RASIT enganchó un buque, lo que disparó todo el procedimiento de disparo. Se cargaron los datos, verificaron el generador y se dio la señal de fuego. La tapa del lanzador se abrió, pero el misil no salió. Ante la decepción, intentaron replicar el procedimiento con el segundo misil. El invento de Pérez y su equipo era tan rudimentario y casero, que debían esperar 20 minutos entre un lanzamiento y otro para que se descarguen los condensadores del circuito y pudieran cargar nuevamente los datos. La ansiedad pudo más y dispararon.
Esta vez el misil salió, envolviendo de fuego su lanzador y se pegó al ras del agua, pero su rumbo no fue correcto y se perdió en la inmensidad del mar. Habían lanzado por primera vez en la historia desde tierra un MM-38, pero la ansiedad les jugó una mala pasada y ahora se habían quedado sin misiles. Tuvieron que esperar unos días a que la venerable Chancha (C-130 Hércules) cruzara un nuevo par de MM-38. Finalmente, la noche del 11 al 12 de junio, el radar RASIT volvió a captar a un buque en el límite de su alcance, por lo que el procedimiento se puso en marcha nuevamente, y en medio de la adrenalina y las corridas para que todo funcione, el Exocet tronó desde su lanzadera y partió hacia el blanco, al ras de las olas. El HMS Glamorgan sería la víctima de su furia, ya no volvería a hostigar con su cañón a las tropas argentinas.

posición del HMS Glamorgan a las 2 am del 12 de junio, y la trayectoria del misil)
Dos días después llegaría el fin de los combates (14 de junio) y la ITB quedaría como testimonio para que los británicos encontraran respuesta a sus interrogantes sobre cómo había sido posible que uno de sus buques fuera alcanzado por un Exocet en el medio de la noche, no habiendo naves de guerra argentinas en la zona, ni aviones o helicópteros con capacidad de operación nocturna volando.

hangar y cubiertas, con sus arreglos provisorios que le permitieron retornar a puerto).
luego del impacto, ya con el incendio apagado)
Pocos años después los británicos desarrollaron una batería costera móvil lanzadora de Exocet llamada Excalibur, y se dice que tienen una instalada en Gibraltar. Ya sabemos de dónde sacaron la idea.

detrás con fotos de la ITB)
Julio Marcelo Pérez alcanzó el grado de Contraalmirante, y fue condecorado por la Armada Argentina y el Congreso de la Nación. Se desempeñó como docente en varias universidades y fue Agregado Naval de la Embajada Argentina en Francia, en donde fue condecorado por el gobierno francés con la “Ordre National du Mérite” con el grado de Comandante. Falleció en Buenos Aires el 28 de junio de 2014 con 78 años.
* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.


