Cumplirá 103 años y encontrar a su familia se convirtió en su motivación
Ricardo Benjamin Lucero, o Tachi para algunos, cumplirá 103 años el próximo 18 de marzo. Nacido en 1920 en la localidad de Maipú, en Mendoza, fue protagonista de una historia de superación que lo convirtió en el ejemplo de muchas personas. Amado por su familia y sus vecinos, supo enfrentar las adversidades e imponerse tras cada golpe. Esta es la historia de vida de un abuelo por adopción.
Don Lucero tuvo una infancia difícil, ya que de pequeño quedó huérfano, aunque supo salir adelante. Se crio entre las localidades de Gutiérrez, en Maipú, y Villanueva, en Guaymallén, donde pudo sentir por primera vez el amor de una familia. Allí fue que Carlos Balzarini y Gabriela Bellotti lo acogieron como uno más de sus hijos, brindándole cariño, contención y educación.
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En su etapa de adolescencia, Ricardo enfrentó una encrucijada cuando su madre biológica reapareció, pero él mismo tomó valor, y debido al dolor latente en él producto de ese sufrimiento que le ocasionó en su infancia, optó por no aceptarla en su vida. De su familia biológica sólo supo que tenía un hermano mayor a quien nunca pudo conocer, uno de sus mayores arrepentimientos hasta el día de hoy.
Don Lucero, quien aprendió a leer y escribir aún habiendo completado únicamente hasta el cuarto grado de la primaria, sufrió muchos golpes a lo largo de su vida, pero siempre se levantó y siguió adelante sin quejas. Tuvo diferentes trabajos en los que resaltaron siempre su prolijidad y responsabilidad. Se desempeñó como albañil, maestranza en varios lugares (incluyendo el edificio donde se ubicaba una reconocida radio de Mendoza, en calle San Martín y General Paz), en una mueblería y en las cosechas de uva con Roberto Guatelli, una persona que sería fundamental en su vida.
Con el tiempo, compartieron varios trabajos y momentos juntos, lo que les permitió forjar una gran amistad. Además, mientras se desempeñaba en la mueblería, en la que trabajó hasta jubilarse, conoció en la década del ´70 a Olga Bollati, a quien le tomó gran cariño y se convirtió en su hija del corazón.
A sus 60 años, Don Lucero vivió un giro inesperado y experimentó uno de los momentos más significativos de su vida. En ese entonces, se enfermó gravemente de bronquitis y su amigo Guatelli, al notar que no concurrió a trabajar, decidió ir a visitarlo a la pensión en donde alquilaba una pequeña habitación. Al encontrarlo solo, muy enfermo y sin nadie que lo cuidara, Roberto decidió llevarlo a su casa para poder atenderlo y, desde ese momento, Ricardo se convirtió en un miembro más de la familia, alcanzando, según él mismo, uno de sus mayores logros personales: convertirse en padre y abuelo sin haberlo buscado.
Don Lucero nunca manejó un automóvil, situación que no le impidió llegar a donde fuera en su bicicleta, la que montó hasta sus 80 años, o en colectivo para llegar a algún cumpleaños que se presentara o simplemente visitar a su familia, su mayor pilar en la vida. Sabe vivir sin estrés, sin hacerse problemas por la vida y viviendo de la forma más simple posible, disfrutando de su familia, sus nietos y bisnietos, a quienes ama haber podido conocer y compartir momentos felices.
Amante del teatro y del cine, nunca desperdició la ocasión para poder asistir a una función para disfrutar de alguna película o acompañando a sus nietas, y disfrutar de alguna porción de pizza en los clásicos bodegones del centro mendocino o un café con leche y dos medialunas.
En 2022 sufrió otro duro golpe en su vida con la pérdida de su amada hija del corazón, Olga, pero cuentan sus familiares que él se mantiene firme en su living con su mate hirviendo, el cual toma con mucha azúcar, y pasa el tiempo frente al televisor o chusmeando por la venta para conocer qué sucede en el vecindario, ya que es muy amado por sus vecinos.
El tiempo fortaleció a Tachi y le permitió forjar un gran corazón. Cuentan sus nietas que la gente siempre le comentaba a sus padres lo generosos que fueron con él, pero la respuesta que brindaban siempre era la contraria: fue la familia quien tuvo la suerte de tenerlo en sus vidas.
Para él, la clave de su longevidad es, además de una buena genética, no tener mayores responsabilidades de las que uno mismo pueda manejar, no hacerse problemas por situaciones de la vida y vivirla de la forma más sencilla posible. A las generaciones más jóvenes, les recomienda disfrutar de los pocos momentos de felicidad que otorga cada día, proyectar a largo plazo (sin importar la edad que uno tenga) y compartir mucho tiempo con la familia.