Caso Báez Sosa: la impunidad y la violencia como matriz cultural
El día lunes se conoció la condena que recibirán los 8 jóvenes acusados del asesinato de Fernando Báez Sosa. Cinco de ellos, fueron condenados a prisión perpetua, los tres restantes a 15 años de prisión. Este hecho conmovió a la sociedad argentina y generó una máxima repercusión en los medios de comunicación. Diana Cohen Agrest, filósofa argentina, y fundadora de la Asociación Civil Usina de Justicia, analizó cómo repercutió el caso en la sociedad argentina y lo que nos deja como enseñanza.
“Tenemos que aprender todos, sin distinción de estamentos sociales, ni de grupos, ni de edades, que la violencia no funciona como práctica cotidiana. Estos chicos ejercían violencia desde antes, nosotros también lo hacemos sin darnos cuenta. En la Argentina vivimos con violencia, la generación que nosotros criamos nos ven crispados. Qué se puede esperar de este modelo que estamos dando a nuestros hijos cuando muchas veces nos desentendemos de lo que pasa”, aseguró Cohen Agrest.
La especialista remarcó que luego del “salvaje crimen” se inició una cadena donde hubo solidaridad por parte de la gente, “y se llegó a un fallo justo, hay niveles de responsabilidad, si a todos los hubieran castigado de la misma manera, se hubiera diluido la atribución de responsabilidad a cada uno de los actos individuales”.
“Tenemos que enseñarle a los jóvenes que cada uno es responsable de sus actos. Nosotros no podemos dejarnos llevar por los impulsos. Lamentablemente en los últimos años en la Argentina, cuando se instala la democracia,se instaló esta impunidad, cualquiera podía hacer cualquier cosa y quedar impune. Esto lo trajo el juez Zaffaroni. Esto se aplica para varias áreas”, argumentó.
¿Cómo podemos modificar esta conducta? La clave, para la especialista, es la cadena de valores que se inició con este juicio. “Todos debemos tomar conciencia y comprometernos. Yo creo que este caso golpeo tanto porque tanto los asesinos como Fernando podrían ser nuestros hijos. Uno siempre piensa que el que delinque es el otro, y nos imaginamos al delincuente con una cara, o con una actitud sigilosa, no es así. Nos damos cuenta que cualquiera de nosotros puede ser un potencial violento que nos quite la vida, incluso nuestros hijos, y eso nos preocupa”, aseguró.
Finalmente, la especialista afirmó que lo “más duro” viene ahora para la familia de Fernando. "Una vez finalizado el juicio, estos padres vuelven a la casa y se dan cuenta que todo sigue igual. Que tuvieron ese momento donde pudieron reconocer su calidad de víctimas. Lo cotidiano y todo lo que aparece en los diarios, con el tema de la justicia, no es nada más que una puesta en escena totalmente ajena. Empieza un largo camino de ausencia”, cerró.

