Las "mil y una" estrategias de los mendocinos para enviar a sus hijos a la escuela
En la puerta de una casa de ropa de Mendoza, una mamá observa los precios a la vista detrás de la vidriera. Necesita comprar remeras, pantalones, medias y buzos para sus hijos, que en breve retornarán a la escuela. "Si le compro a uno, el otro se queda con la mitad de las cosas y si les compro a los dos todo nuevo, tendré que pagar con tarjeta en tres cuotas y se me hace mucho dinero para fin de mes", relata la mujer. Evita ingresar al local por el momento, pese a que las clases están próximas a comenzar este 27 de febrero en la provincia. Asegura que en estos días se pondrá en campaña para ver la posibilidad de remedar, desmanchar y coser las prendas del año anterior y que además buscará precios más accesibles en otros lugares.
Su desazón en relación con los precios de la indumentaria escolar como así también aquellos que incluyen la canasta escolar, es un tema repetido entre las charlas que mantienen padres y madres luego de las reuniones presenciales y también a través de los grupos de WhatsApp. En la voz de las familias que envían a sus hijos a colegios privados hay incertidumbre e inclusive, ya hay quienes decidieron desde fines del año pasado comenzar a buscar un lugar en la escuela pública porque los ingresos no alcanzan a cubrir el valor de las cuotas que aumentarán desde marzo. Entre los sectores más pobres, aquellos golpeados al extremo por la actual crisis económica, aseguran que los niños y niñas ni siquiera tienen un cuaderno o un lápiz para poder iniciar.
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Estirar el dinero y no llegar con lo justo
Y es que hoy, cuando una mochila supera los 20 mil pesos (con un promedio de 30 mil), un cuaderno tapa dura cuesta más de mil o un par de zapatillas escolares supera los 14 mil pesos, muchos se preguntan cómo harán para solventar todos esos gastos prioritarios. Todo indica que en un país donde la inflación y la pobreza marcan el pulso de la vida diaria, las estrategias para achicar esos costos están a la orden del día. Natalia, por ejemplo, comparte que este año, en lugar de comprar el short para gimnasia de su hija (que asiste a un colegio privado subvencionado por el Estado en un alto porcentaje) lo que hará es cortar el pantalón de gimnasia del año anterior.
"Los zapatos le quedan un poco grandes porque eran de su hermana, pero son los que va a usar. Y con los útiles, lo que hemos hecho es hacer compras en un mayorista con un grupo de madres. Y lo que no lleguemos a comprar, lo vamos a ir sumando en las próximas semanas", asegura la mujer.
Una campaña para volver a la escuela
En una Argentina donde la pobreza muestra su peor cara, el pago con tarjeta de crédito y en cuotas es uno de los medios de pago más usados. Pero en muchos casos, la imposibilidad de llegar a fin de mes y cubrir necesidades básicas, ha llevado a una gran cantidad de familias a ir a los comedores a pedir no solo comida, sino también útiles escolares básicos.
"Lo que más necesitan los niños del barrio son mochilas y zapatillas. Hay mucha pobreza y los precios están imposibles de costear para la mayoría de las familias en el barrio", cuenta Paola González, a cargo del merendero "Yo sí te Creo", ubicado en el barrio San Martín de Ciudad. Por estos días, desde esta entidad que colabora con cientos de familias, se encuentran en la realización de una campaña para llevar algo de tranquilidad a los niños y niñas y permitir que puedan iniciar las clases en breve.
Remedar y reutilizar para paliar la crisis
Coser prendas que quedaron rotas por el uso el año anterior, remendar, usar elementos que quedaron del año anterior, apelar a ropa prestada o de los hermanos más grandes, figuran entre los recursos más mencionados por los mendocinos a la hora de abaratar costos de indumentaria escolar. Tampoco faltan quienes aseguran haber recorrido gran parte de las casas de ropa ubicadas en el centro en busca de los precios más bajos en segundas y terceras marcas.
Romina Peralta (34) cuenta por ejemplo, que en su caso este año aprovechará el ofrecimiento que llegó desde el establecimiento privado de sus hijos para enviarlos con remeras blancas lisas y con pantalones sin el logo del establecimiento. "El uniforme me sale mucho más caro y la verdad es que no puedo costear ese otro gasto. Ya con el pago de las cuotas y la compra de los útiles estamos desbordados con el tema del dinero", aseguró la mujer en la puerta de una casa de ropa escolar ubicada en calle Córdoba de Ciudad. Natalia M. (42), que tiene cuatro niños en edad escolar, confió que en su caso los pequeños volverán a usar la ropa escolar de años anteriores y se la pasarán entre hermanos. "Nos queda comprarle al más grande y vamos a llevar varios calzados al zapatero para que los arregle, La verdad que los precios están por las nubes", comentó la mujer que es docente en tres escuelas de la provincia.
El cambio necesario para muchos
En el caso de algunas familias que envían a sus hijos a una escuela privada, la decisión de inscribir a sus hijos en la escuela estatal estuvo presente desde mediados de 2022 inclusive. "Busqué banco en cuatro escuelas distintas y no se daba, hasta que ayer me confirmaron que voy a poder anotar a mi hijo en una de esas cuatro escuelas", aseguró esperanzada Emilia Gómez, mamá de tres niños y empleada administrativa. La mujer añadió que en el marco de la actual crisis económica era realmente inviable seguir enviando a sus hijos al colegio donde estaban asistiendo, ubicado en pleno corazón de la ciudad de Mendoza.
Su realidad no está aislada del contexto. En las charlas cotidianas entre padres, abundan los mensajes de despedida a raíz de estos cambios, que a la vez implica una readaptación del niño o niña en una nueva estructura educativa. Desde la Dirección General de Escuelas (DGE) aseguran que al menos hasta 2022 no ha habido una variación entre la matrícula de escuelas privadas a las estatales.
Así, mientras que en 2021 las escuelas de gestión pública (de los niveles primario y secundario) recibieron a un total de 298 mil 618 estudiantes, las privadas presentaron una matrícula total de 75.078 alumnos. En tanto que al año siguiente, esas cantidades fueron de 305 mil 933 y 76 mil estudiantes respectivamente.