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¿Reducir la repitencia en el secundario? Cada vez nos pedimos menos

El artista Juan Barros comparte en MDZ una de sus ilustraciones acompañada de buenas reflexiones que nos dejan pensando.
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No tenemos lo que teníamos: el riesgo. ¿Asumido o no? ¿Puedo saber -o no- qué riesgo corro ahora? Educar no es negar el riesgo, es convertirlo en motivación. El riesgo nos desafía a ser más capaces de sí mismos –y del otro y para el otro-. Así nos transformamos en una respuesta –y es parte de la solución-.¿Cada vez esperamos menos del otro acaso porque esperamos menos de nosotros mismos? ¿Pedimos menos para no dar más? ¿Te aprobás? O esperás que te aprueben… Rendí contando no más los de mi vida universitaria no menos de cien exámenes.

¡Y así fui conociéndome cada vez más capaz de mí!

Empecé la escuela primaria aún en duelo por la muerte de mi abuelo paterno y, en el transcurso de mi primer grado, mueren mis abuelos maternos. A la vez, se me diagnosticaba una gran miopía que explicó por qué -aún ubicado en el primer lugar frente al pizarrón- se me dificultaba leer. Y en una escuela estatal de la provincia de Buenos Aires.

La voz del Estado apareció a través de la directora y de la psicopedagoga de la escuela indicando que, como yo vivía un duelo y miopía, no había expectativas de que al menos pasara de primer grado. Hoy soy licenciado y profesor en Psicología. La escolarización evidenció mi experiencia en la construcción de la voluntad y el sentido como decisivas motivaciones. No sé si se nace o se hace motivacional uno. ¡Sé que lo soy! Por pacientar.

¡Nunca repetí! Por concientizar lo que significaría a través del acompañamiento de mis padres –el gran sostén de mi altura-.
La voluntad fue mi credo. No era el más apto. Y como respuesta de mis padres fui motivado a esperar más de mí
cursando la secundaria en el colegio Marín de San Isidro. Entonces mis evaluaciones más severas las hacían a través del
bulliying… ¡Nada de mí era aprobado! Y repetía mi modo de ser, atascado en el modo de ser del otro.

Luego en la UBA cursé Derecho hasta que la pérdida de la vista a través de los años hizo que dejara la carrera. Ya no sabía seguir
corriendo, tropezaba una vez más conmigo. Y la decepción del otro –una estafa terrible- nos dejó en la calle. Nos amparamos en una casilla del Dock Sud. Pero también ya alguien había creído en mí, en nosotros, en que "como somos" es más que "como estamos". Y al credo que es la voluntad sumamos otros credos. Aprendí la autonomía que me da la guía del bastón blanco y la
escritura y lectura en sistema braille.

Y emprendí lo que necesitaba, dimensionar más mi modo de ser para lograr el mejor valor en el modo de ser con el otro. Cursé Psicología en la Universidad Católica Argentina. Lúdicamente descubrí pintar, esculpir, dibujar y, en definitiva, descubrirme creador de la mirada. Para volver a ver.

 Hace más de 15 años colaboro como psicólogo en un colegio secundario reanudando miradas, inspirando la restauración de la mirada. Si confiáramos en nosotros mismos como Dios confía en nosotros…

¡A peldañar! Así inspiro trascender al esculpir estas escaleras en madera… “La escalera de la Vida” (madera 2006)
Nada te vence antes de vos. Creer en el camino lo abre

Juan Barros es artista plástico, poeta y psicólogo. Perdió la vista a una temprana edad, pero eso no le impidió desarrollarse en el mundo del arte.