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Un piquete con protocolo que no inclinó la balanza para ningún lado

Luego de una fuerte tensión en la previa, las manifestaciones de Unidad Piquetera ejercieron su derecho a la protesta sin entorpecer la vida de gran parte de la Ciudad de Buenos Aires.
Protesta Manifestantes sobre la vereda, en coincidencia con las disposiciones de Seguridad Foto: Juan Mateo Aberastain / MDZ
Protesta Manifestantes sobre la vereda, en coincidencia con las disposiciones de Seguridad Foto: Juan Mateo Aberastain / MDZ

El piquete organizado por distintas facciones de izquierda llegó a su cometido de "tomar la calle" frente al Gobierno que tuvo su debut en el protocolo "antipiquetes". Esto no tiene porqué ser una victoria solo de las organizaciones sociales, sino también de Javier Milei  y Patricia Bullrich que pudieron poner límite a las zonas afectadas por el piquete y garantizar el derecho a la protesta. Básicamente, no pudieron inclinar la balanza para ningún lado, aunque alguno se adjudique la victoria a posteriori.

La "toma" de la calle por los manifestantes que siguen la línea de Eduardo Belliboni, Myriam Bregman y Nicolás del Caño, entre otros, fue efectiva más que nada a metros de la Plaza de Mayo. Al mismo tiempo, ya en la antigua "Plaza Mayor", la presencia policial amedrentaba a los manifestantes que solo gritaban algunos insultos entre la multitud, pero siempre arriba de la vereda.

Este último punto no es menor, ya que referentes de varias agrupaciones fueron los primeros en correr por Avenida de Mayo cuando sonó una sirena a un par de cuadras y, minutos más tarde le decían a sus militantes: "Subamos a la Plaza que ahí es más seguro". Las fuerzas porteñas y federales se mantuvieron en alerta, con infantería presente pero sin mayores enfrentamientos y con los militantes repitiendo improperios, evitándose un conflicto directo. Vale aclarar también que la manifestación no estuvo a la altura de las de otras oportunidades y que ocuparon poco menos que la mitad de la Plaza de Mayo, lejos de los 50 mil que anunció Eduardo Belliboni que se manifestarían.

A la altura de Perú-Florida, los militantes fueron "liberados" de la vereda a la que estaban ceñidos desde la zona de la Avenida 9 de Julio y explotaron los cantos festivos, aunque quizás esto estuviera planeado desde un principio por las fuerzas, ya que no hubo un enfrentamiento que justifique la retirada. La pulseada en este caso la ganó Patricia Bullrich y compañía, que lograron disminuir las afecciones por el piquete y, al mismo, garantizar el derecho a la protesta.

El derecho a la protesta es un punto clave para el Gobierno de Javier Milei que asumió con la idea de "dentro de la ley todo, fuera de la ley nada". Haberlo garantizado tira por tierra el discurso de "la dictadura" de Milei, dejando eso en el plano idílico ya que la protesta estuvo y la opresión no.

Una mixtura socialista con infiltrados peronistas

Nada tiene que ver el peronismo con el socialismo, a punto tal que el socialismo es una pata fundamental del "gorilismo". Allí es donde los discursos se cruzan y muestran una lejana conexión con la realidad, pero, sobre todo, con la pureza ideológica que ostentan los movimientos cercanos al marxismo científico.

Enfrentamientos entre militantes socialistas y peronistas presentes en la marcha. Foto: Captura de video.

"¡Gorilas, también peleamos por ustedes!", repetían algunas luces del pensamiento que estaban en el piquete. Ninguno con identificación partidaria al socialismo pero si muy activos, mientras otros murmuraban por lo bajo: "Estos no son nuestros". Sería interesante ver dónde estuvieron cuando la masa socialista apuntó a la CTA y la CGT, históricas agrupaciones sindicales de signo peronista.

Los niños no marchan, trabajan

A diferencia de muchas otras manifestaciones de la izquierda, los niños no tuvieron una gran presencia. Esto puede responder a las disposiciones de los gobiernos de la Nación y la Ciudad de Buenos Aires o a desactivar los dichos de Gabriel Solano con Alejandro Fantino, donde dejó entrever una idea de "escudo" en los más chicos.

Niño vendiendo sánguches en el piquete convocado por la izquierda. Foto: Gonzalo Barrera.

La baja presencia de los chicos en un clima violento como al que invita una marcha o piquete es algo a celebrar, pero se vuelve negativo ante la realidad de que algunos de los presentes trabajan. Venden sanguches, ofrecen chipá o bebidas entre la multitud con la mercadería al hombro. Esto atenta directamente contra los derechos del niño, ya que si no son usados de "escudos" o para cobrar más, también es terriblemente dañino para su crecimiento una obligación laboral.

Anacronismo en la protesta

En cada marcha de las agrupaciones de izquierda, los referentes leen un comunicado ante la asamblea popular como hicieran los revolucionarios de antaño durante el crecimiento del socialismo a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Lo cual era óptimo para la época, donde las masas se dirigían a las plazas en busca de una revolución y con poco acceso a la información y a la prensa masiva, algo que quedó muy ajeno a la actualidad.

Esto último por los cambios de paradigma que trajo la comunicación masiva y el acceso a la tecnología resulta anacrónico, fuera de tiempo. Con las vías de información masiva y la militancia rentada, lamentablemente presente en grupos de cualquier color político, el mensaje parece ajeno a la manifestación, desconectado y hasta forzado.